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VIAJE A EGIPTO – AGOSTO DE 2008

 

El 9 de agosto de 2008 un grupo de amigos y compañeros, vinculados al mundo del Tai Chi, llegamos a El Cairo, dispuestos a conocer la civilización más escrupulosamente religiosa de la historia de la humanidad.

Allí nos esperaba un lujoso y confortable autobús y en él empezamos a disfrutar de la hospitalidad del país, ya que nos recibieron con una rosa y un bombón.

El domingo, día 10, nos dispusimos a conocer una capital que cuenta con 18 millones de habitantes y es la ciudad más grande de África: El Cairo. Está situada a 25 Km. de la antigua Menfis, capital del Imperio Antiguo de Egipto, y alberga en su seno 5000 años de historia de diferentes civilizaciones: faraónica, cristiana e islámica.

El Cairo se fundó en el año 969. Su nombre significa “la victoriosa”, y a partir de esa fecha se convirtió en capital de Egipto y centro del Islam. El viejo Cairo es un museo de monumentos históricos y religiosos. En él pudimos visitar la bellísima sinagoga de Ben Ezra y las iglesias coptas. El arte copto es el arte de los cristianos de Egipto anteriores al Islam. Entre ellas debemos destacar la iglesia de San Sergio, que data del siglo IV d. C., y fue construida con planta basilical sobre la cripta en la que se refugió la Sagrada Familia. Nosotros tuvimos la fortuna de visitar varias iglesias coptas, bajo una atmósfera cargada de incienso y religiosidad, pero debido a la celebración litúrgica del domingo, no pudimos visitar el legendario lugar del descanso de la Virgen con el Niño en la huída a Egipto, que tan magníficamente pintaron los primitivos flamencos.

A continuación nos trasladamos a la zona islámica, donde el esplendor arquitectónico se plasma en casas, madrassas (escuelas), fortalezas y especialmente en mezquitas.

Subimos a la ciudadela de Saladino, construida entre 1176 y 1182 d. C. La fortaleza de la ciudadela nos ofrece una magnífica vista panorámica de El Cairo y en ella se encuentra la impresionante mezquita de alabastro de Mohamed Alí.

Fue construida en 1830 y consta de dos zonas: un patio con una bella fuente para las abluciones y la mezquita, que se construyó siguiendo el modelo de Santa Sofía, en Estambul. Tiene planta cuadrada y una cúpula central de 21 m de diámetro y 52 m de altura, que descansa sobre 4 enormes pilares. Su iluminación está formada por numerosas lámparas de cristal que cuelgan de cadenas.

Desde aquí nos trasladamos al Khan el Khalili, un mercado o bazar oriental que tuvo sus orígenes en el siglo XIV. Cuenta con edificios, arcos, callejones y portales de gran valor arquitectónico, que le convierten en un museo popular del mundo islámico. En la actualidad posee un gran número de tiendas en las que se pueden comprar: joyas, perfumes, especias, ropa, etc., tras la imprescindible fórmula del regateo, en la que los egipcios son grandes expertos.

Después de comer en un bonito barco atracado en el Nilo, fuimos a visitar el Museo de El Cairo, que alberga la colección de arte egipcio más importante del mundo.

El arqueólogo francés Auguste Mariette fundó este museo, que se inauguró el 18 de octubre de 1863, siendo el primero de Oriente Medio. El principal problema del museo es que carece de aire acondicionado, por lo que el calor resulta agobiante.

El Museo Egipcio de El Cairo cuenta con piezas de incalculable valor como:

– La paleta de Narmer, que simboliza la unión de la corona, roja como el papiro, del Bajo Egipto, y la tiara, blanca como la flor de loto, del Alto Egipto, en el año 2950 a. C.

– En la sala central del museo podemos contemplar el colosal grupo sedente de Amenofis III y su esposa Tiye, que tiene más de 10 metros de altura.

– Una de las obras más destacadas es la estatua sedente del faraón Kefrén, realizada en una bellísima diorita negra. En la parte posterior de la cabeza de Kefrén se encuentra Horus, el halcón protector del faraón.

– La escultura de madera conocida como “el alcalde del pueblo”, representa un sacerdote lector y fue hallada en una mastaba de Sakkara.

– La escultura del escriba sentado (Sakkara) fue realizada en piedra caliza pintada, pero sus ojos incrustados le confieren un aspecto muy real.

– La escultura de granito de la reina Hatshepsut, representada como un faraón, con atuendos masculinos y barba postiza nos hace comprender la fortaleza de la primera mujer que gobernó un país en la historia.

– El grupo sedente del príncipe Rahotep y su esposa Nofret (1,20×1,18 m), es uno de los más bellos y reales del museo. Está realizado en caliza policromada y aparece el hombre con la piel más oscura que la mujer, lo que es muy habitual en el arte egipcio. Pero lo más impactante de estas esculturas son sus ojos incrustados, ya que las pupilas transparentes les proporcionan un semblante tremendamente humano.

– No podemos olvidar las estatuas-cubo, enriquecidas con jeroglíficos.

– De la época de Akhenatón hay una bella cabeza de Nefertiti labrada en cuarcita, que nos hace evocar con nostalgia el bello busto de Nefertiti que algunos hemos tenido la fortuna de admirar en el Museo de Berlín.

– También hay diversas esculturas de Akhenatón que nos permiten conocer aquel periodo tan particular de la historia, el arte y la religión egipcia, en la que el país se convirtió en monoteísta bajo el dominio del Dios Atón.

– Finalmente, no podemos olvidar los tesoros de la tumba de Tutankhamón, entre los que podemos destacar: el tercer sarcófago antropomorfo de oro macizo, bastones de mando del faraón, diversas joyas y especialmente la máscara funeraria de Tutankhamón, tallada en oro y piedras preciosas con un pesado nemes de franjas azules y doradas con los símbolos reales en la frente e incrustaciones de lapislázuli, turquesas y cornalinas.

– Mención especial merece el trono de Tutankhamón, realizado en madera chapada en oro con piedras semipreciosas, en el que el faraón es ungido con bálsamo por su esposa Ankhesenamón.

Tras una jornada tan cargada de historia y emociones, pudimos contemplar las pirámides mientras disfrutábamos de la piscina del Hotel Le Meridien Pyramids.

El día 11 fuimos a visitar las grandes pirámides de Gizeh, única maravilla del mundo antiguo que ha llegado hasta nosotros. Esta necrópolis se extiende en una baja meseta y ocupa 2000 metros cuadrados de superficie. Las pirámides están dispuestas diagonalmente, con un emplazamiento de noreste a sudoeste, de modo que ninguna cubre el sol a las demás. Subimos unos pocos metros de la pirámide de Keops, que en sus orígenes tenía 146 metros y hoy tiene 137 y decidimos hacer una tabla de 24 movimientos de Tai Chi Xin Yi a la sombra de la gran pirámide. Visitamos el Museo de la Barca Solar y seguidamente entramos en la pirámide de Kefrén, bajando por un angosto pasillo que nos obligaba a ir agachados. A continuación bajamos caminando por la avenida que comunica la pirámide de Kefrén con el templo funerario y con la gran esfinge, gigantesco león con rostro humano, que tiene 21 metros de altura y 73 de largo.

El almuerzo fue en Citadel view Restaurant, en el Al-Azhar Park. Un bellísimo restaurante árabe, con magníficas vistas a la ciudadela de Saladino, donde pudimos degustar una deliciosa comida egipcia.

Por la tarde paseamos por el barrio musulmán hasta desembocar en Khan el Khalili, para seguir ejercitándonos en el difícil arte del regateo.

Tras la cena, algunos fuimos al espectáculo de luz y sonido de las pirámides, pudiendo disfrutar de esta maravilla del mundo antiguo iluminada.

El día 12 nos esperaban las necrópolis de Dashur y Sakkara, situadas en pleno desierto, lo que nos permitió a los más osados hacer un breve y divertido trayecto en camello.

En Menfis pudimos caminar en torno a la estatua colosal de Ramsés II, que originariamente tenía 13 metros de altura.

Dashur está a 2 Km. de Sakkara y comprende 5 pirámides. Las dos pirámides de Snefru, predecesor de Keops, son conocidas como la pirámide roja y la romboidal. La pirámide roja tiene 100 metros de alto y 215 de ancho y en su interior también practicamos Tai Chi Xin Yi.

Sakkara es una necrópolis de 8 Km. de longitud por uno de ancho, en la que están presentes las principales dinastías a partir de la I. Allí visitamos las mastabas de Ti y de Mereruka, decoradas con unas bellísimas escenas de caza, pesca, plantas, procesiones de mujeres con ofrendas, etc. Pero la construcción más importante es la pirámide escalonada que el arquitecto Imhotep construyó para el rey Zoser en la III dinastía, ya que superponiendo mastabas creó la primera pirámide del arte egipcio con 62,50 metros de altura. Además es la primera gran construcción terminada en piedra labrada y a partir de ella se impondrá la utilización de la piedra porque es el material eterno por naturaleza.

Esta intensa mañana terminó con una deliciosa comida a base de pescados y mariscos del país y con un merecido descanso en la piscina del hotel para seguir disfrutando del privilegio de contemplar las pirámides.

El día 13 volamos a Lúxor, visitando por la mañana su museo y por la tarde su magnífico templo, testimonio de su grandioso pasado. El templo de Lúxor, ubicado en el corazón de la ciudad, fue construido por Amenofis III, ampliado por Tutmosis III y terminado por Ramsés II. En primer lugar cuenta con una avenida de esfinges con cabeza humana y la entrada al templo estaba flanqueada por dos obeliscos, dos pilonos y las dos colosales estatuas sedentes del faraón Ramsés II. En la actualidad un obelisco sigue ubicado en su lugar y el otro decora la Plaza de la Concordia de París.

El día 14 visitamos los “Colosos de Memnón”, esculturas sedentes de Amenofis III de 18 metros de altura y construidas en arenisca, que son el último testimonio del grandioso templo que un terremoto destruyó en el año 27 a. C., según narra Estrabón, historiador y geógrafo griego. La leyenda cuenta que el terremoto agrietó los Colosos desde los hombros hasta el tronco y que desde ese momento, todas las mañanas, a la salida del sol, las estatuas empezaron a emitir gemidos y sonidos, naciendo así el mito del “Oráculo de Memnón”, que se convirtió en meta de peregrinación para griegos y romanos, como los emperadores Adriano y Septimio Severo. Este último para ganarse la voluntad de Memnón, mítico rey de Etiopía, hijo de la Aurora, mandó restaurar los colosos, que a partir de ese momento cesaron sus lamentaciones.

A continuación visitamos la aldea donde se alojaban los artistas y artesanos encargados de construir las tumbas reales del Valle de los Reyes y el hemiespeos de la Reina Hatshepsut, en Deir el-Bahari. Durante el Imperio Nuevo en Egipto se hicieron dos tipos de templos funerarios: hemiespeos y speos. Los hemiespeos tienen una parte excavada en la roca y otra parte fuera de ella. La Reina Hatshepsut marcó un hito en la historia, ya que gobernó Egipto igual que un faraón, y mandó construir este templo funerario que presenta al exterior tres grandes terrazas con rampas. En el interior, excavado en la roca, hay escenas de la reina adorando a la diosa Hathor, ya que el templo está ubicado en un valle consagrado a la diosa Hathor y dedicado a necrópolis desde la XI dinastía. Deir el-Bahari es una expresión árabe que significa “el monasterio del norte” y deriva de una antigua comunidad copta que se estableció en el templo de Hatshepsut, salvándole de su completa destrucción.

A última hora de la mañana llegamos a esa garganta enigmática en la que están ubicados los 22 hipogeos que forman el Valle de los Reyes. La tumba más sobria del valle, pero al mismo tiempo la más famosa por los tesoros que en ella se descubrieron es la de Tutankhamón (1354-1345 a. C.). Este sepulcro se mantuvo intacto durante casi 3000 años, hasta que en 1922 Howar Carter se convirtió en el arqueólogo más famoso con el descubrimiento de esta tumba. Las extraordinarias riquezas halladas en ella, actualmente en el Museo de El Cairo, nos dan idea de los grandes tesoros arqueológicos que se han perdido con los saqueadores de tumbas de faraones del prestigio y el poder de Amenofis III, Seti I, Ramsés II, etc.

Después de una mañana tan intensa, embarcamos para iniciar un crucero inolvidable en el Antares. La suite (40 m2) contaba con baño privado con jacuzzy, aire acondicionado, TV color de pantalla plana, albornoz, etc,. Tras el almuerzo y el descanso en la piscina, la primera noche el barco nos ofreció su cena de bienvenida amenizada por música de violines. A continuación algunos compañeros recorrieron Lúxor en calesa y otros preferimos una agradable charla en cubierta en un entorno privilegiado, ya que desde el barco se podía contemplar el templo de Lúxor cálidamente iluminado.

Tras navegar durante toda la noche, el 15 de agosto llegamos a Dendera, lugar mágico donde con gran dificultad accedimos a la cripta en la que se encuentran las enigmáticas bombillas de Dendera, sobre las que hay tantas teorías y especulaciones. También pudimos ver el famosísimo zodiaco de Dendera y las esbeltas columnas de la sala hipóstila decoradas con los bellos capiteles hathóricos. Por último, no podemos olvidar el “Mammisi” donde se pueden contemplar escenas del nacimiento y amamantamiento del divino niño Horus.

A continuación nos trasladamos a Abidos, nombre que los griegos dieron a Tinis, una de las ciudades más antiguas de la historia y sede del principal santuario dedicado a Osiris. Todo egipcio anhelaba, al menos una vez en la vida, ir en peregrinación a Abidos. Era la urbe sagrada donde todos los habitantes de las tierras del Nilo ambicionaban ser sepultados. La fachada actual del templo, de época de Seti I, se compone de doce pilares y de una pared en la que se abrían 7 puertas, 4 de las cuales fueron tapiadas por Ramsés II. Aquí encontramos la tabla real, donde Seti I, explica a su hijo Ramsés II el linaje de sus antecesores. También hay unos relieves donde los más atrevidos han creído ver un avión, un carro de combate, etc,.

Después de esta sorprendente mañana volvimos al barco, donde la norma habitual era recibirnos con toallitas calientes y una infusión. Por la tarde regresamos a Lúxor, mientras disfrutábamos de la piscina y del té con pastelitos en cubierta. Tras la cena pudimos asistir a un espectáculo de danza del vientre y de derviche. Los derviches practican una serie de ritos religiosos para alcanzar el éxtasis en la ejecución de su danza ritual. Suelen repetir una letanía religiosa que acompaña a las danzas.

El día 16 nos levantamos a las 4:15 para ver amanecer desde el globo en el que sobrevolábamos las inmediaciones de Lúxor. Desde el aire pudimos tener la visión adecuada de las terrazas del hemiespeos de Hatshepsut, pudimos contemplar la enigmática garganta que forma el Valle de los Reyes, pero, sobre todo, pudimos entender porque Herodoto decía que Egipto era el don del Nilo, ya que sin el valle que fertiliza el río, Egipto sería una continuación del desierto vecino, en el que nuestro globo aterrizó con cierta dificultad.

Tras el paseo aéreo en globo, nos sumergimos en la mística experiencia que supuso visitar durante más de 3 horas el grandioso templo de Karnak, dedicado a Amón-Ra. La inmensa zona monumental de Karnak se encuentra a unos 3 Km. al norte del templo de Lúxor. Siguiendo el diseño de los templos clásicos egipcios la entrada está precedida por una majestuosa avenida de esfinges, en esta ocasión con cabeza de carnero, animal que simboliza al dios Amón, protegiendo al faraón reproducido entre sus patas delanteras. Esta avenida de esfinges se unía a la avenida de esfinges con cabeza humana que venía desde el templo de Amón, en Lúxor. Pero lo más impactante del templo de Karnak es su majestuosa sala hipóstila, con unas dimensiones de 102 metros por 53, y sus 122 columnas papiriformes de 23 metros de altura, en la que se rodó una impactante secuencia de la película muerte en el Nilo.

La tarde se desarrolló de forma relajada, disfrutando de la piscina y del té con pasteles en cubierta. Pero lo que ninguno sospechábamos es que Isis nos tenía preparada una maravillosa sorpresa para esa noche. Después de la cena nos disfrazamos con las bonitas chilabas que habíamos comprado y mientras nos divertíamos en un agradable baile de disfraces, Eduardo nos sugirió que hiciéramos un breve descanso en cubierta. Allí asistimos a uno de los espectáculos más inolvidables que un viajero puede tener, ya que en torno a las 23 horas, desde las cálidas aguas del Nilo se podía contemplar un bello eclipse de luna, que fue la culminación perfecta para un día tan especial.

El 17 de agosto visitamos el templo de Edfú, consagrado a Horus y considerado el templo mejor conservado de todo Egipto. Su estructura es la típica de los templos ptolomaicos y se asemeja al de Dendera. Dos hermosos halcones de granito negro flanquean el acceso al templo que está constituido por dos macizos pilonos. A continuación la sala hípetra dará paso a la gran sala hipóstila. Ubicado delante del santuario está el Mammisi. El término “mammisi” deriva del idioma copto y significa lugar del parto. Con el mismo se define el lugar en que cotidianamente se renueva el nacimiento de Horus, el hijo Divino. Es un lugar sagrado para todas las mujeres que son madres o pretenden serlo.

Ese día volvimos al barco con el tiempo suficiente para disfrutar de un vigoroso masaje en el Spa antes de la comida. Continuamos nuestra travesía y a primera hora de la tarde llegamos a Kom ombo, donde encontramos un templo insólito en el que se fusionan dos edificios contiguos. El lado izquierdo está consagrado al dios-halcón Haroeris “Horus anciano”, representado por el disco alado y exterminador de los enemigos de Osiris. Con sus alas protege de todo mal, por esta razón se le representa en todas las puertas de acceso y el templo es considerado un lugar de sanación, tanto de dolencias físicas como espirituales. La parte derecha está dedicada al dios-cocodrilo Sobek. Dios de la fertilidad, al que se atribuye la creación del mundo y también un poderoso enemigo del mal.

Tras la cena disfrutamos de una agradable charla en cubierta mientras continuamos nuestra navegación hacia Asuán. Aquí acaba el Valle del Nilo y su típico y entrañable paisaje. Aquí termina Egipto y comienza Nubia. Desaparecerá de nuestra vista el vergel que bordea el río para dar paso a la inmensidad del desierto y a las aguas inmóviles y majestuosas del Lago Nasser.

En la mañana del día 18 visitamos las canteras de Asuán, de las que se extraía el granito para las construcciones del Egipto faraónico. Aquí se encuentra todavía el famoso “Obelisco inacabado”, jamás arrancado de la roca porque se quebró en varios puntos. Si se hubiera terminado, habría tenido una altura de 42 metros y un peso de 1150 toneladas.

Nuestra siguiente visita fue la presa, una gran obra de ingeniería que provee a todo Egipto de electricidad. Pero la mañana no podía concluir sin una visita cultural, así que tomamos una barca para acceder al templo de Filae. Con la construcción de la alta presa, en la década de los sesenta, los templos de Filae tuvieron que ser desmontados y reconstruidos en la vecina isla Agilika, situada a 500 metros de la de Filae.

El templo de Filae es uno de los tres monumentos religiosos ptolomaicos que mejor se conservan, junto con los de Edfú y Dendera, y que al igual que los anteriores se caracteriza por tener un muro en sus intercolumnios. Está dedicado al culto de la diosa Isis, la fiel esposa que con la fuerza de su amor reunió los miembros dispersos de su amado Osiris hasta que consiguió resucitarle. El culto a la diosa en esta isla se remonta a tiempos muy antiguos y los egipcios acudían en peregrinación a la isla sagrada para ver el santuario.

Tras la comida hicimos un paseo en faluca por el Nilo para contemplar la belleza de Asuán. Nos sorprendió como se nos acercaban unos guapísimos niños, en pequeñas barcas de fabricación casera, para cantarnos canciones en español hasta el borde de nuestra faluca a cambio de algún obsequio.

A continuación una parte del grupo fue a visitar un pueblo nubio y el resto nos perdimos por el mercado de artesanía de Asuán para hacer las últimas compras.

Nuestra vuelta al barco fue nostálgica para todos, ya que iba a ser nuestra última noche en el Antares. Habíamos pasado 5 días a bordo en los que Isis nos ofreció bellísimas puestas de sol en el Nilo, coincidentes con la salida de la luna llena. Incluso habíamos contemplado el espectáculo singular que supuso el eclipse y sabíamos que este viaje iba a ser inolvidable para todos y cada unos de nosotros, pero todavía nos aguardaba la perla del Egipto faraónico: Abu Simbel.

A unos 300 kilómetros de Asuán (30 minutos en avión) en pleno corazón de Nubia se encuentra Abu Simbel. El día 19 sobrevolamos el Lago Nasser para dirigirnos a este enigmático lugar, que durante largo tiempo permaneció sepultado bajo las arenas del desierto. El 22 de mayo de 1813 el suizo, Johann Ludwig, vio asomar entre la arena cuatro gigantescas cabezas de piedra. El 1º de agosto de 1817, el italiano Giovanni Battista Belzoni, hallaba el acceso al interior. Pero el peligro de que quedase sepultado bajo las aguas del lago Nasser, convirtió Abu Simbel en un caso de resonancia mundial. Egipto obtuvo el apoyo de la UNESCO en un proyecto de salvamento que duró desde 1964 hasta 1968. Los templos fueron trasladados más de 60 metros por encima de la colina de roca donde habían sido construidos 3000 años antes y cubiertos por una montaña artificial. El tesón y la técnica consiguieron los trabajos de desmantelación y reconstrucción más importantes de la arqueología del siglo XX.

Ante las colosales esculturas sedentes de Ramsés II, de 20 metros de altura, hicimos nuestras tablas de Tai Chi Xin Yi, de 24 y de 78 movimientos, en el momento especial que supone la puesta de sol. Todo parecía tan perfecto que no creíamos que se pudiera superar, pero aún nos aguardaba lo más impactante del viaje: el cielo plagado de estrellas de Abu Simbel.

Cuando al anochecer dio comienzo el espectáculo de luz y sonido del templo, empezamos a contemplar una de las visiones más bellas que un ser humano puede tener: un cielo mágico y enigmático que en aquel instante nos hizo comprender porque el gran Ramsés II mandó construir estos speos en Abu Simbel. La emoción nos impidió a muchos dormir aquella noche. Seguimos contemplando las estrellas desde la terraza del hotel Seti I y comprendimos que nuestro viaje a Egipto se había convertido en inolvidable para todos nosotros.

El día 20 volamos a Asuán y seguidamente de allí a El Cairo. Almorzamos en el barco Nile Maxim, anclado en el Nilo y por la tarde unos volvimos al Museo de El Cairo, otros hicieron sus últimas compras en al Khan el Khalili y otros sencillamente pasearon por la ciudad. Finalmente, a las 23:45 cogimos el avión para regresar a Madrid.

Egipto es una civilización fascinante, cargada de historia, arte y energía, pero la laboriosa organización de nuestros queridos compañeros Antonio y Nati, los extensos conocimientos de Wael, el mejor guía del país, que elegía siempre los momentos más apropiados para cada visita y el ambiente de alegría, cariño y respeto de todos los amigos y compañeros con los que hemos compartido este viaje es lo que han hecho de él el más especial de toda mi vida. Gracias a todos y espero seguir compartiendo con vosotros momentos inolvidables.

Maite.

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