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VIAJE A TURQUIA – ABRIL 2009

VIAJE A TURQUIA – ABRIL 2009

El día 5 de abril de 2009, un grupo de 44 amigos y compañeros, enamorados de la Historia del Arte, iniciamos nuestro viaje a Turquía.

Llegamos a Estambul en torno a las cuatro y media de la tarde.

Durante nuestro traslado al hotel tuvimos el primer contacto con esa hermosa ciudad y sus murallas bizantinas. Pero nuestros rostros se iluminaron al ver la Mezquita Azul y culminaron su asombro al contemplar Santa Sofía. Finalmente, llegamos al Hotel Prince, ubicado a 5 minutos de este enclave privilegiado de la ciudad, lo que nos animó a dar un agradable paseo nocturno.

Estambul es la única ciudad del mundo que se asienta sobre dos continentes: Europa y Asia. Su estratégica situación geográfica ha marcado la historia de la ciudad que fue bautizada como Bizancio, posteriormente pasó a llamarse Constantinopla, la ciudad del emperador Constantino y, finalmente, con la conquista de la ciudad por los turcos, en el año 1453, pasó a denominarse Estambul.

El lunes 6 visitamos el Palacio de Topkapi, que fue construido entre los años 1460-1478, por el Sultán Mehmet el Conquistador, como residencia de la dinastía otomana. En el patio exterior, llamado de Procesión, está ubicada Santa Irene. Este primer patio conecta con el segundo, que recibe el nombre de Plaza de Justicia, a través de la Puerta de la Salutación. En él se realizaban las ceremonias del trono y los funerales. Detrás de los pórticos, que miran al Mar de Mármara, estaban las cocinas del palacio y los edificios de servicio.

Pudimos admirar el Harén, cuya construcción comenzó en el año 1578 y continúo hasta mediados del S. XIX, ya que cada nuevo sultán iba añadiendo edificios. El Harén tiene aproximadamente 400 habitaciones. La misión de los eunucos negros era cerrar las puertas del Harén, guardar la sección y no recibir a nadie desde fuera. El Eunuco principal era el administrador del Harén. Una sucesión de patios y puertas darán acceso a la sección de la Reina Madre, al Baño del Sultán y al dormitorio de la Baskadinefendi, madre del heredero al trono. A la salida de la Cámara Real del Sultán se abre el patio de las Favoritas, cuyas ventanas están ornamentadas con vidrieras del siglo XVII. El Harén, al ser un dominio privado del Sultán y estar cerrado a cualquier acceso exterior ha generado centenares de leyendas.

En la sección de Reliquias Sagradas se puede ver: la piedra que tiene la huella del pie de Mahoma, el báculo de Moisés y más de 20 espadas pertenecientes a Mahoma, David, Omar, etc., debiendo mencionar la famosa daga de Topkapi, que ha inspirado al mundo del cine. El Tesoro de Topkapi se encuentra clasificado en 4 secciones y en él pudimos admirar las esmeraldas más hermosas que podíamos imaginar.

Seguidamente tuvimos el privilegio de visitar Santa Irene (siglo VI), convertida en almacén de municiones y armas del Imperio Otomano y actualmente utilizada como sala de conciertos. Está ubicada en el patio exterior del Palacio de Topkapi y es la segunda iglesia más grande de la ciudad tras Santa Sofía. Justiniano hizo construir este templo en el año 532. El edificio que hoy se contempla fue construido tras el terremoto del año 738. Su aspecto exterior está en la línea de las construcciones de la época de Justiniano. Su cúpula central tiene 15 m de diámetro y 35 m de altura.

A continuación visitamos la impactante Cisterna, que según fuentes históricas fue construida por Constantino y ampliada por Justiniano. El agua que contiene proviene del centro de distribución de agua de Egrikapi, utilizando como medio los acueductos de Bozdogan y Malova. La cisterna tiene 140 x 70 metros. En su interior hay 12 hileras de columnas, cada una conformada por 28 columnas de 5 m de altura. Estas 336 columnas, ubicadas a 4 metros de distancia entre si, tienen mayoritariamente capiteles corintios. La cubierta es abovedada. Sabemos que en el S. XVI ya nadaban peces en esta Cisterna y en la actualidad siguen haciéndolo. También hay que mencionar la impresionante cabeza de medusa tallada en piedra.

Tras la comida visitamos la bellísima e impresionante Mezquita de Sultanahmet, conocida como Mezquita Azul, cuya maravillosa arquitectura del siglo XVII ha fijado los modelos de las mezquitas clásicas otomanas. Se la denomina así por el color azul que tiene su decoración, predominando los azulejos azules, verdes y de color turquesa. El embellecimiento de la mezquita ha sido completado con trabajos de ebanistería, adornados con nácar, pedrería y epigrafía. La peculiaridad de esta mezquita está en poseer 6 minaretes.

Salimos de la Mezquita Azul por la puerta que nos dio acceso al Hipódromo, mandado construir en el siglo II d. C. por el emperador romano Septimio Severo, aunque fue Constantino el Grande quien le ensanchó y le dio su aspecto actual. Con la construcción de la Mezquita Azul el suelo del circo fue elevado, por lo que parte de los pedestales quedaron bajo tierra. Aquí podemos contemplar el obelisco egipcio, que es un monolito de los años 1500 a. C., época de Tutmosis III, que en la época de Constantino I (337-361) se trajo desde Alejandría. La columna serpentina, el obelisco de cantería y la fuente del emperador Guillermo de Alemania.

Esa tarde finalizó en el Gran Bazar, un mercado cubierto que nos resguardó de la lluvia, en el que hay más de 4000 tiendas agrupadas en zonas especializadas en diferentes productos. Entramos por la puerta número 1 y recorrimos esa galería plagada de joyerías con bellísimos diseños de gargantillas y brazaletes de oro. Allí también se pueden encontrar los anillos de la fidelidad, que cuando te los quitas del dedo se desmontan en 4, 8 ó 12 piezas y que se convirtieron en el reto de la mayoría de los componentes del autobús, ya que después de varios días de intentos fallidos tuvimos que recurrir a otra joyería para que volvieran a encajar todas las piezas de los anillos.

El martes 7 visitamos la iglesia de San Salvador in Cora, donde pudimos admirar los magníficos mosaicos y frescos bizantinos del siglo XV. Seguidamente cruzamos el puente colgante del Bósforo, que unifica Asia y Europa en el Bósforo de Estambul, para dirigirnos al palacio de Beylerbeyi en la orilla asiática. Las torres del puente se construyeron en un material de acero de alta resistencia y tienen 165 metros de altura. El punto central y la altura del mar es de 64 metros y la longitud del puente es de 1560 metros.

El palacio de Beylerbeyi se construyó para que fuera el palacete del mar. El primer piso es totalmente de mármol y el segundo es de imitación a mármol. Posee 6 grandes salones y 24 habitaciones. Es un edificio al estilo rococó europeo donde destacan: bellísimos jarrones de porcelana, grandiosos espejos, relojes, mobiliario de nogal con incrustaciones de nácar, etc.

Después ascendimos a la Colina Camlica, conocida como el lugar de los enamorados, ya que ofrece unas espectaculares vistas de Estambul, en medio de unos bellísimos jardines decorados con tulipanes y pensamientos de diferentes tonalidades, combinados con un gran sentido estético. Tengo que confesar que una de las cosas que más me han impactado de Estambul son las bellísimas zonas ajardinadas que hay por toda la ciudad, en las que los tulipanes son los grandes protagonistas.

Tras el almuerzo en un restaurante especializado en pescado, embarcamos para iniciar nuestro crucero por el Bósforo, estrecho que separa Europa de Asia y que une el Mar Negro con el Mar de Mármara. El crucero nos hizo comprender la inmensidad de Estambul, una ciudad que actualmente tiene 15 millones de habitantes y un singular atractivo para el viajero.

Al desembarcar nos dirigimos a conocer la bellísima Mezquita Yeni o Mezquita Nueva, que comenzó a construirse en el año 1597 con el estilo de la arquitectura clásica otomana. Su ubicación a orillas del mar hizo que se inundara en varias ocasiones, teniendo que extraer el agua con ayuda de bombas frecuentemente. La mezquita es cuadrada. Está cubierta con una gran cúpula central, apoyada en 4 semicúpulas y cuenta con otras 24 cúpulas de pequeño tamaño. Está ornamentada con hermosos azulejos del siglo XVII.

Terminamos el día en el Bazar de las Especias, que forma parte del complejo de la Mezquita Nueva. Le mandó construir la madre del Sultán, Hatica Turhan, entre los años 1663 y 1664. En los primeros años tras su construcción se conocía como “El Bazar de la Reina Madre”, pero a finales del siglo XVIII comenzó a conocerse como el Bazar de las Especias o Bazar de Egipto, ya que los productos que allí se vendían se transportaban por la ruta de Egipto. Este Bazar se incendió en 1691, 1940 y 1994, sufriendo repetidas restauraciones. En la actualidad no quedan muchas tiendas de especias, pero la agradable mezcla de aromas nos hizo evocar la entrañable película: “Un toque de canela”.

Mientras la mayor parte del grupo se recreaba en el Bazar, 8 intrépidos viajeros quisimos conocer un Baño turco del siglo XVI. El gran Sultán Suleyman mandó construir al famoso arquitecto Sinan la Mezquita Suleymaniye (1550-1557) y la Sauna de Suleymaniye (Hamam). Este baño es mixto, lo que le convierte en idóneo para familias y lleva 458 años en actividad, ayudando a los clientes a conseguir la armonía y la paz interior en medio de esa experiencia inigualable que supone este histórico baño turco. Fue muy relajante disfrutar de la sauna en este contexto arquitectónico, para posteriormente pasar a la fase de exfoliación, masaje y baño de espuma. Pero, sobre todo, fue muy divertido tener que ataviarnos con la indumentaria que nos proporcionaron en ese hamam.

El miércoles 8 visitamos los Museos de Arqueología de Estambul, formados por el Museo Arqueológico, el Museo de Obras Antiguas Occidentales y el Palacete de Azulejos. Allí pudimos contemplar espectaculares sarcófagos, destacando el mundialmente conocido de Alejandro Magno. Relieves pertenecientes al desaparecido Mausoleo de Halicarnaso y fragmentos de esculturas del Altar de Zeus de Pérgamo. El Palacete de azulejos ofrece los primeros ejemplos de las cerámicas y azulejos pertenecientes a la época turca y selyúcida. Además hay cerámicas y azulejos entre los siglos XVI y XIX. Desgraciadamente una compañera del grupo se cayó en el museo y se rompió la muñeca, pero la excelente organización del viaje, que como siempre hace María Jesús, hizo que la atendieran con gran diligencia y que ambas se pudieran incorporar a las visitas programadas para la tarde.

Mientras las compañeras estaban en el hospital, el resto del grupo visitamos la joya de Estambul: Santa Sofía. La primera edificación data del siglo IV, época del emperador Constantino, pero un incendio la destruyó totalmente. El emperador Teodosio inauguró el segundo templo en el año 415, que al igual que el anterior tenía planta basilical, pero la rebelión de Nica en el año 532 convirtió nuevamente en cenizas el edificio. El emperador Justiniano emprendió la tarea de reconstruir Santa Sofía por tercera vez, mandando construir el magnífico edificio que podemos contemplar en la actualidad. Sus arquitectos fueron Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. Se comenzó en el año 532 y se concluyó en tan sólo 5 años, abriendo sus puertas al culto en el 537. Sus enormes dimensiones (73.50 x 69.50) y su gran cúpula (55.60 m de altura desde el piso), llevaron a Justiniano a pronunciar la famosa frase: “Salomón, te he vencido”. Santa Sofía (Sabiduría Sagrada) se convirtió en el templo cristiano más grande e importante de su época y hoy en día sigue siendo un hito arquitectónico. En el siglo XV el edificio se convirtió en mezquita, por lo que se le agregaron los minaretes y demás ornamentos musulmanes. Actualmente es museo, debido a la importancia de su arquitectura y sus mosaicos.

Tras la comida, todo el grupo reunido visitamos la Mezquita y la tumba de Eyüp, situadas fuera de las murallas de Estambul. La mezquita se construyó en el año 1459. Tiene 26 x 11 metros y una cúpula de 10.50 m, apoyada en dos semicúpulas. A continuación nos dirigimos hacia la cima de la colina para contemplar una espléndida panorámica de El Cuerno de Oro y de Estambul desde el café de Pierre Loti, lugar en el que residió este escritor francés.

Seguidamente todo el grupo nos trasladamos a disfrutar del espectáculo místico ritual que protagonizan los Derviches y tras la cena hicimos una bella visita panorámica de Estambul.

Asistimos al concierto de música Sufí y Sema (ceremonia de dar vueltas) en un bello enclave arquitectónico. La primera parte se centra en el concierto de música Sufí y, a continuación, los Semazenes (derviches que dan vueltas) empiezan la ceremonia saludándose entre si y doblando cuidadosamente sus mantos antes de comenzar a dar vueltas. Esto simboliza el nacimiento de la humanidad.

Los Semazenes llevan una vestimenta especial que indica la muerte del ego. Cuando entran los derviches al círculo, sus brazos están cruzados sobre el pecho. Esta posición se parece a “uno” que significa la Unidad de Dios. Durante el Sema sus brazos se extienden, la mano derecha se abre hacia arriba y la izquierda mira hacia abajo. Esto significa: “lo que recibimos de Dios al hombre lo damos, no guardamos nada para nosotros”. Durante el primer ciclo del Sema los derviches consideran todos los mundos. Así alcanzan la grandiosidad de Dios. En el segundo ciclo toda la existencia se disuelve dentro de la Unidad Divina. Durante el tercer ciclo alcanzan el nivel de madurez. En el cuarto llegan a la Existencia Divina. Con el sonido solitario de la flauta se acaba la ceremonia leyendo partes del Corán. Así el viaje termina “Si has entrado en el Sema vas a dejar ambos mundos, el mundo del Sema y el de afuera, ambos”.

El día 9 nos aguardaba una dura jornada en autobús y un corto paseo en ferry. Al descender del ferry nos topamos con el caballo de Troya que se erigió para la película de Brad Pitt.

Después de comer visitamos la mítica ciudad de Troya, compuesta por 9 yacimientos arqueológicos superpuestos, que representan los nueve momentos de gloria de una ciudad, cuya historia se extiende desde el 3000 a. C., hasta el año del nacimiento de Jesucristo. Durante mucho tiempo se pensó que Troya era una leyenda, hasta que el arqueólogo Schliemann consiguió encontrarla, mientras buscaba el tesoro del rey Príamo. En el yacimiento se pueden ver restos de las murallas de la ciudad, cimientos de algunas casas y una parte de la avenida por la que ascendió el famoso caballo, ya que el inmenso tesoro de Troya se encuentra actualmente en el Museo Pushkin de Moscú. Finalizamos nuestra visita a la emblemática ciudad, subiendo a una réplica de madera del caballo de Troya que se encuentra a las puertas de la ciudad.

El día 10 nos dirigimos a Pérgamo, que en el año 334 a. C., pasó a formar parte del imperio de Alejandro Magno. A su muerte, la ciudad fue gobernada por su general Lisímaco. Poco después se convirtió en un reino independiente que llegó a dominar toda la región occidental de Anatolia. En el siglo II a. C. Pérgamo pasó a formar parte del Imperio Romano. Desde ese momento y hasta el siglo III d. C., Pérgamo y Alejandría se convirtieron en los principales focos culturales y científicos. La gran biblioteca de Pérgamo llegó a tener 200.000 rollos de pergamino. Pero con la llegada del cristianismo la ciudad perdió importancia cultural. En Pérgamo pudimos contemplar los bellos restos que se conservan de su acrópolis, aunque para admirar los magníficos relieves del Altar de Zeus nos tendremos que desplazar a Berlín, donde se trasladaron en el siglo XIX.

A continuación visitamos el Asclepion, situado al noroeste de Pérgamo. Era el sanatorio dedicado al dios de la medicina, Asclepio. Este hospital fue creado por uno de los fundadores de la medicina moderna, Galeno en el siglo IV a. C. Actualmente quedan restos de la biblioteca, el teatro, las letrinas compartidas, el túnel de la psicoterapia y los restos de los templos de Zeus y Esculapio. Todo ello nos da idea de la complejidad de este gran centro de sanación.

De camino al hotel Charisma pudimos contemplar una bella puesta de sol y desde la habitación disponíamos de unas espléndidas vistas al mar. Esta panorámica, y el agradable baño en el jacuzzy de la bonita y confortable habitación, hicieron que nos relajáramos para afrontar la etapa final del viaje.

En la mañana del día 11 visitamos la impresionante ciudad de Éfeso, que albergaba el Templo de Artemisa, considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. En la actualidad Éfeso es un grandioso museo arqueológico al aire libre. Fue fundada en el siglo XI a. C., por los jonios. En el siglo VI a. C., fue invadida por los persas y este dominio se mantuvo hasta la llegada de Alejandro Magno. A su muerte pasó a manos de su general Lisímaco y con los romanos se convirtió en uno de los grandes centros culturales y económicos. Pero la gloria de la ciudad se incrementó con el cristianismo. Allí acudió San Pablo en varias ocasiones para combatir el culto a la Diosa Artemisa. Además San Juan eligió esta ciudad para escribir su Evangelio, mientras que, como había prometido a Jesús, cuidaba de la Virgen María quien vivió aquí hasta su muerte. La decadencia de la ciudad llegó con los godos a principios del siglo III d. C. En la actualidad Éfeso conserva restos del odeón, la biblioteca, la fuente de Adriano, etc.

Después de comer visitamos Pamukkale, que significa castillo de algodón y es un impresionante paisaje blanco y casi fantasmagórico creado por aguas termales, cargadas de carbonato cálcico, que concrecionan en unas bellas cascadas con aspecto de algodón. Fue una experiencia muy especial caminar por las templadas aguas de este hermoso paisaje.

El yacimiento arqueológico de Hierápolis se encuentra al lado opuesto de las cascadas calcáreas y posee la piscina más singular del planeta. En ella se puede nadar entre restos de auténticas columnas romanas que se encuentran en el interior de la piscina. Hierápolis conserva en perfecto estado el Teatro y las Termas romanas, actualmente convertidas en museo, donde se pueden contemplar sarcófagos y sorprendentes capiteles en los que se puede ver la cabeza de un león atacando a un buey. Finalmente, salimos del yacimiento de Hierápolis por la zona de su inmensa necrópolis, considerada una de las más ricas y mejor conservadas de Asia Menor.

Al finalizar el día llegamos al hotel Colossae Termal, donde pudimos disfrutar de la piscina con el agua más caliente que nunca habíamos sentido en nuestra piel. Para dos compañeras de viaje esa noche pasó en un suspiro, ya que a la 1 a.m. (12 de la noche en Madrid), recibieron un mensaje en el móvil que confundieron con la alarma del despertador. Rápidamente las dos se levantaron pensando que eran las 7 a.m., ya que una tenía puesto el reloj al revés y a la otra se le había parado. Lo más gracioso fue el comentario que ambas hicieron: “que buena noche he pasado, he dormido de un tirón”. Se ducharon, se vistieron y cuando se disponían a sacar la maleta al pasillo para dirigirse a desayunar, se empezaron a percatar de que no había ningún ruido en el hotel porque todo el mundo estaba durmiendo. Así que vuelta a la cama hasta las 7.

El día 12 salimos hacia Bursa para contemplar su hermosa Mezquita Verde y un edificio del siglo XVII, actualmente convertido en una bonita tienda, en la que nos impactó ver que hasta en las jaulas de los pájaros tenían el amuleto contra “el mal de ojo”, tema omnipresente en toda Turquía.

Esa noche nos volvimos a alojar en el hotel de Estambul y, a pesar del frío, no pudimos resistir la tentación de dar nuestro último paseo nocturno por las inmediaciones de Santa Sofía y la Mezquita Azul.

El lunes, 13 de abril, dispusimos de toda la mañana para visitar los lugares más emblemáticos de Estambul, para hacer las últimas compras y para tomarnos un delicioso kebab. Volvimos al hotel a las 14:30 para dirigirnos al aeropuerto. Nuestro viaje de regreso fue agradable y tranquilo. Sobre las 21 horas nos despedimos en Barajas de los amigos y compañeros del grupo, sabiendo que a muchos de ellos no los volveremos a ver hasta que nuestra querida amiga, María Jesús, organice otro fantástico viaje cultural para los asiduos del “Grupo Arte”.

Maite

 

 

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