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Hefesto (Vulcano romano) – Dios del fuego

 

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

 
 

HEFESTO (VULCANO ROMANO)

DIOS DEL FUEGO

Hijo de Zeus y Hera es el dios del Fuego, el dios Herrero.

A veces se dice que Hera le engendró sola, despechada por el nacimiento de Atenea, que Zeus había traído al mundo sin la intervención de una mujer.

Hefesto es un dios cojo y hay varias versiones que explican este defecto.

La Ilíada dice que en una disputa entre Zeus y Hera acerca de Heracles, Hefesto defendió a su madre y Zeus le cogió por un pie y le precipitó fuera del Olimpo.

Hefesto estuvo cayendo un día entero, hasta que al atardecer dio en la tierra en la Isla de Lemnos y quedó cojo para siempre.

La Ilíada también cuenta que era cojo de nacimiento y Hera, que se avergonzaba de él, le arrojó desde lo alto del Olimpo, cayendo en el Océano, donde fue recogido por la titánide Tetis, que le crió durante 9 años en una gruta submarina.

En estos años forjó y fabricó numerosas joyas para ella y le estuvo muy agradecido.

Para vengarse de su madre, Hefesto fabricó en secreto un trono de oro, en el que unas cadenas sujetaban al que se sentase en él, y se lo envió a Hera, quien se sentó imprudentemente y quedó atada sin posibilidad de librarse de sus ataduras.

Sólo Hefesto sabía el secreto para soltarla y se encargó a Dionisos, que gozaba de su confianza, la misión de ir en su busca y para convencerle le embriagó. Hefesto entró en el Olimpo montado en un asno y allí desató a Hera.

Hefesto es el dios de los metales y la metalurgia.

Reinaba sobre los volcanes, que son sus talleres, y en ellos trabaja con los cíclopes, que son sus ayudantes.

A su taller acude Tetis para que forje las armas de Aquiles.

Hefesto es entre los dioses, lo que Dédalo entre los mortales, un genio e inventor para quien ningún milagro técnico resulta imposible.

Es el dios herrero, el dios del Fuego y forja los rayos de Zeus, el tridente de Posidón, las flechas de Artemisa, etc.

Sus atributos son el yunque, el martillo y las tenazas.

Participó en el nacimiento de Pandora, cuyo cuerpo modeló con barro.

En el nacimiento de Atenea, abrió con un hacha la cabeza de Zeus.

Físicamente deforme se le atribuyen mujeres de gran belleza: Cárite, la Gracia por excelencia o Áglae, la más joven de las Gracias, su  esposa Afrodita e incluso intentó una relación fallida con Atenea.

Erictonio es uno de los primeros reyes de Atenas y nació de la pasión de Hefesto por Atenea. La diosa fue al taller de Hefesto a encargarle unas armas y el dios se enamoró de ella.

Atenea le rechazó y huyó, pero Hefesto la persiguió y la alcanzó.

En el forcejeo amoroso se humedeció la pierna de la diosa, que asqueada, se secó esta inmundicia con lana y la arrojó al suelo. La tierra, así fecundada, dio como fruto un niño, que Atenea recogió y llamó Erictonio (lana y suelo).

Atenea introdujo a Erictonio en una cesta y le educó en la Acrópolis, en el recinto sagrado de su templo, Más tarde Cécrope le traspasó el poder. Su nieto fue Erecteo.

Se le atribuyen la invención de la cuadriga y la organización las Panateneas, la festividad de Atenea en la Acrópolis.

 

VELÁZQUEZ. LA FRAGUA DE VULCANO. MUSEO DEL PRADO

1630. Óleo sobre lienzo, 223 x 290 cm.

La Fragua de Vulcano plasma un instante: el impacto de una sorprendente noticia, la infidelidad de Venus con Marte.

Este tema mitológico, Velázquez le complementa con un tema de historia sagrada, La túnica de José, perteneciente al Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial (Patrimonio Nacional).

Ovidio en las Metamorfosis (IV) narra que Apolo, el dios del Sol, fue al taller del herrero del Olimpo, Vulcano, para darle la humillante noticia de que su esposa, Venus, estaba cometiendo adulterio con el dios guerrero Marte.

Velázquez representa ese momento como si se tratara de una instantánea fotográfica, adelantándose 200 años al nacimiento de la fotografía.

La reacción de Vulcano, el marido engañado y de sus ayudantes en la fragua, los cíclopes, a quienes el pintor otorga un segundo ojo y forma humana, son el tema central de la obra.

La escena tiene un tratamiento cercano y realista de la fábula de Ovidio, sin humillar al marido ultrajado, y potenciando el costumbrismo.

Apolo Helios, tocado con corona de laurel y túnica naranja, visita la fragua y le revela al dios el adulterio de su esposa con Marte, lo que provoca sorpresa y diversas reacciones entre los presentes.

Al igual que en “La túnica de José”, Velázquez capta un momento de gran tensión emocional que le permite plasmar diversas actitudes y gestos.

Frente a Los borrachos, su única incursión en el mito clásico antes de viajar a Italia, La fragua plasma a todos los personajes pendientes del mensajero y conecta sus reacciones, haciéndolos actuar entre sí.

Los modelos del natural, repetidos en ambos cuadros, siguen la estatuaria clásica.

Los análisis técnicos han revelado el uso de una base gris distinta a la capa marrón rojiza utilizada hasta entonces por Velázquez. Esta innovación responde al deseo de producir una impresión general más clara, semejante a la que pudo apreciar en los cuadros de Reni o Guercino en su viaje a Italia.

Las radiografías muestran que Velázquez modificó las cabezas de Vulcano y uno de sus ayudantes, intensificando la sorpresa y enfado del esposo.

En esta fábula y su pareja bíblica, los críticos han encontrado un sentido unitario para ambas:

1.   El efecto de los celos y el engaño

2.   La contraposición de Apolo, con el herrero Vulcano y sus ayudantes.

 

La fragua de Vulcano VELÁZQUEZ. 1630. FRAGUA DE VULCANO. MUSEO DEL PRADO

 

Velázquez, durante toda su trayectoria artística, defendió la nobleza de la pintura sobre los oficios mecánicos y manuales.

La pintura requiere una idea, un trabajo intelectual y una reflexión mental, aunque luego se plasme de forma manual con el lienzo y el pincel.

(Texto extractado de Portús, J. en: Fábulas de Velázquez. Mitología e Historia Sagrada en el Siglo de Oro, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 317)

 

LOS CÍCLOPES

Los mitógrafos antiguos distinguían 3 tipos de cíclopes:

1.   Los Uranios, hijos de Urano y Gea (Cielo y Tierra).

2.   Los cíclopes sicilianos, compañeros de Polifemo, que intervienen en la Odisea.

3.   Los cíclopes constructores.

Los cíclopes uranianos pertenecen a la primera generación divina, la de los Gigantes que tienen un solo ojo en medio de la frente y se caracterizan por la fuerza y su habilidad manual.

Son tres: Brontes, Estéropes y Arges, cuyos nombres recuerdan los del Trueno, el Relámpago y el Rayo.

Los cíclopes tienen una larga historia en el Tártaro.

Primero fueron encadenados por Urano allí, después fueron liberados por Crono, para posteriormente volver a ser encadenados en el Tártaro por él, hasta que Zeus, advertido por un oráculo de que sólo conseguiría la victoria con su ayuda los libera definitivamente.

Como recompensa por su ayuda, los cíclopes le entregaron a Zeus el Trueno, el Relámpago y el Rayo.

A Hades le dieron un casco que le hacía invisible y a Posidón un tridente.

Con estas armas los dioses del Olimpo vencieron a los Titanes y los precipitaron al Tártaro.

En la poesía alejandrina los cíclopes forjan las flechas de los hermanos gemelos, Apolo y Artemisa, bajo la supervisión de Vulcano.

El fuego de su fragua da un tinte rojo, al atardecer, a la cima del Etna.

En la Odisea los cíclopes eran considerados seres salvajes y gigantescos. Dotados de un solo ojo y de gran fuerza, que vivían en la costa de los campos Flegreos, cerca de Nápoles, y se dedicaban a criar rebaños de carneros.

Vivían en cavernas, tenían tendencias antropófagas y no conocían el vino.

Se atribuía a los Cíclopes la construcción de los monumentos prehistóricos de Grecia y Sicilia y otros lugares formados por enormes bloques de piedra, cuyo peso desafiaba la fuerza humana.

Los cíclopes eran hermanos de los Hecatonquiros, gigantes de 100 brazos, según Hesiodo.

 

AFRODITA Y ARES

Afrodita se casó con Hefesto, el dios cojo, pero amaba a Ares, dios de la guerra.

Homero cuenta como de madrugada fueron sorprendidos los amantes Afrodita y Ares por el dios Sol, quien acudió a contar la traición a Hefesto.

Hefesto (Vulcano) preparó una trampa que consistía en una red mágica que él sólo podía accionar.

Una noche, en la que los amantes se encontraban en el lecho de Afrodita, Hefesto lanzó la red sobre ellos y llamó a todos los dioses del Olimpo, causando el espectáculo gran regocijo.

Por ruego de Poseidón, Hefesto retiró la red. Afrodita escapó avergonzada a Chipre y Ares se marchó a Tracia.

De los amores de Ares y Afrodita nacieron Eros y Anteros, Deimo y Fobo (el Terror y el Temor) y Harmonía, esposa de Cadmo en Tebas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Pierre Grimal. Diccionario de Mitología Griega y Romana. Paidos.

http://www.museodelprado.es

maitearte.wordpress.com

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Los infiernos en la antigüedad clásica

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Los infiernos en la antigüedad clásica

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Roma 2017 - Villa Borghese - Museo - El rapto de Proserpina - Gian Lorenzo Bernini - Sala IV - Sala de los Emperadores

La cosmovisión griega de la muerte se basó en la existencia de otro mundo de vida ultraterrena en el Hades, denominado así por ser los dominios del dios Hades.

Los griegos pensaban que en el momento de la muerte el alma del difunto (psique) se separaba del cuerpo e iniciaba un viaje hacia el mundo del Más Allá.

Allí las almas se transformaban en sombras espectrales que conservaban la imagen del difunto, pero carecían de materia, iniciando el tránsito hacia su destino final.

 

FUENTES

HOMERO, EL HADES ARISTOCRÁTICO

Homero en el siglo VIII a. C. hace referencia al Hades.

En la Ilíada narró con detalle los rituales funerarios de Patroclo y Héctor, ya que la muerte en la batalla y las honras fúnebres dignas garantizaban la entrada de la psique de los difuntos en el Hades.

En cambio, una muerte indecorosa y la profanación del cadáver condenaban a las almas a errar como sombras.

En los cantos X y XI de la Odisea, Circe aconsejó a Ulises que para encontrar el camino de retorno a Ítaca debía consultar el oráculo del alma Tiresias en la morada de Hades y Perséfone.

Homero sentó las bases del Hades Aristocrático, como reflejo del orden social de la Grecia Arcaica.

Distinguió un espacio oscuro y tenebroso donde vagaban las almas de los muertos, en contraposición a los felices y fértiles Campos Elíseos, destinados a los héroes y personajes relevantes que tuvieron una muerte honrosa.

Desde Homero se inició una visita iniciática al Infierno por parte de un héroe (Heracles, Orfeo y Odiseo). Este viaje al Más Allá completaba la formación de los héroes.

HESIODO

A finales del siglo VIII a.C., Hesíodo en los Trabajos y los Días y en la Teogonía enriqueció el concepto homérico del Hades, localizando el Hades Feliz en la Isla de los Bienaventurados.

HADES DEMOCRÁTICO Y POPULAR

Con el transcurrir de los siglos y el auge de los misterios dedicados a Deméter, Orfeo y Dionisos se generó la idea de un Hades más democrático, con acceso a los espacios privilegiados del inframundo.

Píndaro en el siglo V a.C. habló de que no sólo los héroes alcanzarían la Isla de los Bienaventurados, sino también las almas de los que hubieran sido justos en la vida, según Elvira Barba ya podemos hablar de un Hades popular.

En el siglo IV a.C., Platón en el Gorgias, el Fedón y la República muestra una justicia divina encaminada a la estimación del individuo, frente a las élites sociales.

Platón describe el Hades y su correlación con el mundo terrenal. “El que ha pasado la vida justa debe ir después de muerto a la Isla de los Bienaventurados y residir allí feliz y libre de todo mal. Pero el que ha sido injusto debe ir a la cárcel de la expiación y el castigo, que llaman Tártaro”.

La idea de Hades popular siguió vigente hasta la época imperial romana.

VIRGILIO

En el siglo I a.C., el emperador Augusto encargó a Virgilio una obra que legitimara los orígenes míticos de Roma y del Imperio.

Virgilio, en el libro VI de la Eneida, narró detalladamente el viaje de Eneas y la Sibila Cumas al inframundo para hablar con Anquises, convirtiéndose en un referente directo del Infierno.

Tuvo especial relevancia en el Infierno de Dante en la Divina Comedia, escrita en torno al 1310. En esta obra el propio Dante visitó los círculos del infierno.

EL TÁRTARO

El Tártaro era la región más profunda del Inframundo.

Se concibe como una gran prisión para el suplicio eterno, rodeado por un recinto amurallado y por el Piriflegetonte, río de lava y fuego, donde las Erinias custodiaban las almas de los malvados y de los Titanes.

A finales del siglo IV a.C. tenemos la Tumba del Juicio de Lefkadia, cuya fachada reproducía la entrada al palacio del Hades. En ella se representaba el juicio de un difunto acompañado por Hermes ante los jueces Radamantis y Éaco.

A finales de la Edad Media empezaron a proliferar imágenes globales y parciales del Hades pagano, bajo la influencia moral del cristianismo, dependientes de las versiones de Virgilio, Ovidio y, sobre todo, de Dante.

Entre 1480 y 1495, Botticelli ilustró 2 ediciones de la Divina comedia de Dante por encargo de Pierfrancesco de Médici y comentadas por el humanista Landino.

En 1520 Patinir pintó en óleo “El paso de la Laguna Estigia en el que muestra a Caronte navegando en su barca con un alma y a cada lado del río el Tártaro y los Campos Elíseos.

En el siglo XIX debido al éxito de la Divina Comedia entre los artistas del Romanticismo, se retomó la iconografía del Infierno clásico, siguiendo las descripciones de Dante, plasmadas en los grabados de William Blake en 1824 y Gustave Doré en 1861.

En pintura destaca la Barca de Dante con la que Delacroix obtuvo fama en el salón de 1822 en París. Presenta a Dante a la izquierda, a Virgilio en el centro, ambos de pie, y al barquero Caronte a la derecha, mientras los condenados intentan subirse a la barca.

A finales del siglo XIX los pintores prerrafaelistas y simbolistas crearon una imagen del Hades enigmática y misteriosa, plasmada en la Isla de los muertos de Böcklin, en 1880.

PATINIR. EL PASO DE LA LAGUNA ESTIGIA

1520 – 1524. Óleo sobre tabla, 64 x 103 cm. Museo del Prado.

El autor divide verticalmente el espacio en tres zonas, una a cada lado del ancho río, en el que Caronte navega en su barca con un alma.

Caronte es un genio del mundo infernal. Su misión es pasar las almas a través de los pantanos del Aqueronte, hasta la orilla opuesta del río de los muertos.

Estos deben pagarle un óbolo. De ahí la costumbre de introducir una moneda en la boca del cadáver en el momento de enterrarlo.

Su iconografía es la de un anciano feo y barbado, vestido con harapos y con un sombrero redondo.

Es tiránico y conduce la barca fúnebre, pero son las almas quienes reman.

Tomando como fuente de inspiración a El Bosco, Patinir reúne en una única composición imágenes bíblicas junto a otras del mundo grecorromano.

El Can Cerbero parece identificar el Infierno representado a la derecha con Hades, asociándolo con la mitología griega, igual que Caronte con su barca.

Cerbero, hijo de Tifón, es el perro de Hades, uno de los monstruos que guardaban el imperio de los muertos.

Vedaba la entrada en él a los vivos y, sobre todo, impedía su salida.

Su imagen presentaba 3 cabezas de perro y una cola formada por una serpiente.

Estaba encadenado ante la puerta del Infierno y atemorizaba a las almas cuando entraban.

Patinir sitúa la escena en el momento en el que Caronte ha llegado al lugar donde se abre un canal a cada lado de la Laguna Estigia, momento de la decisión final, cuando el alma tiene que optar por uno de los dos caminos.

Debe conocer la diferencia entre el camino difícil, señalado por el ángel desde el promontorio, que lleva a la salvación, al Paraíso, y el fácil, con prados y árboles frutales a la orilla, que se estrecha al pasar la curvatura oculta por los árboles y conduce directamente a la condenación, al Infierno.

Patinir representa el alma de perfil, con el rostro y el cuerpo girado hacia el camino fácil, que lleva a la perdición, confirma que ya ha hecho su elección y que esa es la vía que va a seguir.

Patinir se inspira en el Evangelio de San Mateo y refleja en esta obra el pesimismo de esta época turbulenta, en plena Reforma protestante.

Patinir convierte esta obra en un memento mori, en un recordatorio a quien la contemple, de no hacer caso de los falsos paraísos y tentaciones engañosas.

Patinir crea esta pintura de gabinete de ambientes cercanos al humanismo.

Las construcciones fantásticas del Paraíso evocan el Jardín de las Delicias del Bosco.

El tema dominante es el paisaje en una obra autógrafa de Patinir, realizada sin colaboración, en la que Caronte muestra las características propias del pintor.

En lo que concierne a la cronología, es difícil de precisar. Sin duda pertenece al periodo más tardío del pintor, unos años antes de su muerte, que seguramente ocurrió en 1524.

PATINIR. PASO DE LA LAGUNA ESTIGIA. 1520 - 1524

PATINIR. PASO DE LA LAGUNA ESTIGIA. 1520 – 1524. MUSEO DEL PRADO

 

HADES Y PERSÉFONE

Desde el siglo V a.C. la pareja presidió escenas vinculadas a la vida del Más Allá, junto a Orfeo y Heracles que habían descendido al Inframundo.

La pareja solía aparecer sentada en el trono de su palacio o festejando un banquete o ágape funerario.

PSICOPOMPOS, LOS GUIAS DEL MÁS ALLÁ

El viaje de las almas de los difuntos al Hades era acompañado por un guía que les indicaba el camino a seguir, como mediadores entre el mundo de los vivos y de los muertos.

Entre estos psicopompos sobresalieron:

· Hipnos (Sueño)

· Tánato (Muerte)

· Hermes (Mensajero)

· Caronte (Barquero)

1. HIPNO (EL SUEÑO)

Hipno es la personificación del Sueño. Es hijo de la Noche y hermano gemelo de Tánato (La Muerte).

Virgilio le ubica en los Infiernos y Ovidio da una detallada descripción de su palacio encantado donde todo duerme.

Es representado como un ser alado, que recorre la tierra y el mar y aletarga a los demás seres.

Una leyenda dice que enamorado de Endimión, le concedió el don de dormir con los ojos abiertos para que pudiese mirar constantemente los de su amante.

2. TÁNATO (LA MUERTE)

Tánato es el genio alado masculino que representa la Muerte.

En el teatro se le ha introducido como personaje.

Eurípides escribió una obra “Tánato”.

Según Hesíodo, los primeros en interactuar con el difunto eran los gemelos Hipnos y Tánato, hijos de Nyx, diosa griega de la Noche.

Ambos tenían rasgos masculinos y portaban casco y coraza.

Hipnos (Sueño) era afable y Tánato (Muerte) implacable.

Hipnos y Tánato representan la bella muerte, idealizando una vida heroica y garantizando la inmortalidad.

En cambio la muerte horrible y terrorífica es representada con una figura femenina.

Hipnos y Tánato velan por el correcto cumplimiento de las honras fúnebres de los héroes, portando los difuntos hasta sus tumbas, donde son recogidas por Hermes.

La iconografía habitual presenta a Hipnos, imberbe y alado, y a Tánato, con barba y alado, transportando a los fallecidos en la cerámica blanca de los Lecitos.

Este tema se retoma en el siglo XIX por los artistas románticos y prerrafaelistas por su carácter escatológico.

3. HERMES, EL PSICOPOMPOS

Hermes era el guardián de las almas de los difuntos, interviniendo en la psicostasia (peso de las almas), que determina la salvación o condenación eterna.

El papel del psicopompos también consistía en guiar al fallecido al Inframundo, lo que conecta con su faceta de dios viajero.

En el siglo VI a. C., en los vasos áticos de figuras negras, Hermes sostenía la balanza que determinaba el camino a seguir por el alma del difunto.

La representación de Hermes psicopompos destacó en los lécitos blancos de carácter funerario.

El lécito se caracteriza por una forma alargada, un cuello estrecho y una embocadura ancha, que permitía a la vez limitar el flujo del aceite y facilitar su aplicación. Desde fines del siglo VI a. C. hasta el segundo cuarto del siglo V a. C.

En el lécito de Múnich, Hermes aparece sentado en unas rocas y extiende la mano a una mujer difunta a la derecha.

4. CARONTE, EL BARQUERO

Cuando Hermes conducía a las almas hasta la orilla del río Aqueronte, entraba en escena Caronte, el psicopompos más famoso.

Pausanias, a comienzos del siglo V. a.C., le describe como un barquero anciano, que previo pago de un óbolo, ayudaba a las almas de los difuntos a llegar hasta las puertas del Hades, atravesando la peligrosa red fluvial del Inframundo.

Caronte representó una andadura hacia la muerte mucho más democrática porque englobaba a todos los grupos sociales.

Virgilio en la Eneida del siglo I a.C. difundió la iconografía de Caronte: viejo recio, sucio, con ojos llameantes, larga barba blanca y sórdida capa prendida con un nudo, que maneja una negra barca con una pértiga en la que transporta muertos.

En los lécitos blancos del siglo V a.C. se le representa como un hombre barbado, con gorro, portando un remo y rodeado por los espíritus de los difuntos y en ocasiones en presencia de Hermes psicopompos.

LOS JUECES DEL INFIERNO

En la segunda mitad del siglo V. a.C., Platón afianza la idea de que en el Hades existía un tribunal de justicia, que se encargaba de juzgar las almas de los difuntos y decidir su destino final, en función de su conducta en el mundo de los vivos.

El más célebre de estos jueces y cuyo voto era decisivo fue Minos, hijo de Zeus y Europa, y hermano de Radamantis, otro de los jueces infernales.

Zeus vio a Europa cuando estaba jugando con sus compañeras en la playa fenicia de Sidón o de Tiro donde reinaba su padre.

Zeus se enamoró de la bella princesa y se metamorfoseó en un espléndido toro blanco. Europa acarició al animal y se sentó sobre él. En seguida, el toro se dirigió hacia el mar hasta llegar a Creta, mientras Europa se aferraba a sus cuernos para no caerse.

El rapto de Europa fue pintado por Tiziano, actualmente en Boston, pero Rubens le copió durante su estancia en Madrid, en la corte de Felipe IV. Está pintura se encuentra en el Museo del Prado.

Zeus tuvo con Europa tres hijos: Sarpedón, Radamantis y Minos.

Minos fue rey de Creta y un legislador sabio, asesorado directamente por su padre Zeus y civilizó a los cretenses.

En la Antigüedad su papel fue secundario, pero Dante le otorgó un papel relevante en la Divina Comedia, como encargado de asignar un lugar a las almas en los círculos del infierno.

Su prudente hermano Radamantis dictaba sentencia a los muertos procedentes de Oriente.

Finalmente, Éaco, hijo de Zeus y la ninfa Egina juzgaba las almas de los difuntos europeos.

A nivel iconográfico, sólo Minos adquirió protagonismo en la Edad Media gracias a Dante.

Miguel Ángel en 1541 pinta la barca de Caronte con Minos en la zona inferior derecha del Juicio Final de la Capilla Sixtina.

William Blake plasmó a Minos como juez supremo infernal en 1827.

LOS MONSTRUOS Y SERES DEL MÁS ALLÁ

Los fundamentales son:

· Las Moiras o Parcas

· Cerbero

· Las Erinias

1. LAS MOIRAS O PARCAS

En primer lugar destacan las Moiras o Parcas: Cloto, Láquesis y Átropo, hijas de la Noche o de Zeus y Temis.

Las Moiras tejían el destino de los humanos. Cada vida era una hebra de lino que salía de la rueca de Cloto.

Era medida por la vara de Láquesis y cercenada por las tijeras de Átropo cuando llegaba el momento de la muerte.

Su representación tuvo relevancia en el contexto funerario romano, cuando se asimilaron con las Parcas (Nona, Décima y Morta), por lo que resulta frecuente encontrarlas en los sarcófagos romanos.

En la Edad Moderna, formaron parte de las vánitas.

Rubens, en el Palacio de Luxemburgo de París, entre 1623-1625, representó a una Moiras jóvenes y bellas tejiendo el hilo de la vida de María de Médicis, bajo la vigilancia de Zeus.

Otros prototipos iconográficos las representan como 3 ancianas tejedoras, como en las pinturas negras de Goya.

2. CERBERO

El más emblemático de los seres fantásticos fue Cerbero, guardián de las puertas del Hades e hijo de los monstruos Tifón y Equidna.

Homero alude a él como un perro feroz de gran tamaño que había capturado Heracles en el Inframundo por orden de su primo Euristeo (Ilíada, canto VIII. Odisea, canto XI).

Hesíodo en la Teogonía modeló la figura terrible de este perro.

Le describió como un perro de 50 cabezas que no permitía salir del Hades y devoraba a quien intentase franquear sus puertas.

Sófocles, Eurípides y Platón le definen como un perro de 3 cabezas.

La iconografía acentúa la naturaleza monstruosa de Cerbero. Además de ser un perro tricéfalo le añaden una cola de dragón.

3. LAS ERINIAS (LA VENGANZA DE CRÍMENES FAMILIARES)

Las Erinias (Alecto, Meguera y Tisífone) nacieron del contacto de la sangre de Urano con Gea (Tierra), tras ser castrado por Crono.

Eran unas diosas preolímpicas cuya función era torturar a los condenados del Inframundo, especialmente a aquellos que cometieron crímenes familiares, ejecutando la venganza que la víctima no pudo ejercer.

Hesíodo habla de ellas en la Teogonía, pero adquieren gran relevancia en el siglo V a.C. tras el éxito de las Euménides, tragedia de Esquilo, donde vengaron la muerte de Clitemnestra, persiguiendo a su hijo y asesino Orestes para enloquecerlo.

Por influencia de Esquilo, las Erinias tuvieron forma femenina y rasgos horribles como las Gorgonas o las Harpías, con cabelleras de serpientes y portando una antorcha.

Se las representa en un vaso de figuras rojas, del 360 a.C. en el Museo de Nápoles, que muestra a Orestes desenvainando la espada, mientras que a cada lado de él se ubica una Erinia con túnica larga y una serpiente enrollada en cada brazo.

La Erinia de la derecha porta un espejo en el que se refleja un rostro de mujer con corona, que personifica a Clitemnestra, constituyendo un caso único en el que se representa el alma de un difunto en un espejo.

Este mito fue representado por los pintores románticos y simbolistas del siglo XIX por la temática tenebrosa y fantasmal, destacando: Moreau y Klimt.

LOS GRANDES CASTIGADOS

Los seres que desafiaron a Zeus fueron encarcelados en el Tártaro, sufriendo una tortura sine die.

Eran un claro mensaje moralizante para quienes osaban oponerse al poder establecido.

Homero en la Odisea menciona a 3 condenados:

1. Ticio, al que devoraban el hígado 2 buitres.

2. Tántalo, que intentaba ineficazmente alimentarse.

3. Sísifo, que estaba obligado a subir una y otra vez una roca a la cima de una montaña.

Virgilio en Roma añadió otros 2 condenados:

1. Ixión, girar eternamente atado a una rueda.

2. Las Danaides, cargan agua en recipientes sin fondo durante toda la eternidad.

TICIO

Hera, celosa del amor de Zeus y Leto, madre de los gemelos Apolo y Artemisa, desencadenó en Ticio, gigante hijo de Zeus, el deseo de violar a Leto.

Pero Ticio fue fulminado por Zeus y precipitado al Tártaro. Allí dos serpientes o dos águilas, según las versiones, devoran su hígado que vuelve a renacer con las fases de la luna.

La iconografía del martirio de Ticio nos recuerda iconográficamente al tormento que sufrió Prometeo.

Los Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias, publicados en 1610, ejemplifican la idea del castigo eterno con la frase: “No muere para que pueda morir a menudo”.

En el Museo del Prado hay una pintura de Tiziano y otra de Ribera con el tema del padecimiento de Ticio.

La fuente literaria de las Furias son las Metamorfosis de Ovidio (IV, 447-64) y la Eneida de Virgilio (VI, 457-58), que narran el sufrimiento eterno en el Hades de:

· Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por haber violado a Leto;

· Tántalo, condenado a procurarse en vano alimento y bebida por servir a su hijo Pélope de festín a los dioses.

· Sísifo, fundador y rey de Corinto, obligado a cargar con una roca por delatar los amores de Zeus.

· Ixión, que había tratado de seducir a Juno, por lo que fue condenado a dar vueltas sin fin sobre una rueda.

Tiziano sólo había recibido de los Habsburgo encargos de retratos, pero María de Hungría (1505-1558) le encargó las Furias con una clara finalidad política para colgarse en agosto de 1549 en la Gran Sala del palacio de Binche.

La ubicación de los cuadros en alto, entre grandes ventanales, revela un programa iconográfico pensado para mostrar el castigo reservado a quienes se alzan contra el orden establecido.

Ticio y Sísifo de Tiziano y Tántalo de Coxcie ocupaban un lado largo de la sala, enfrentados a una serie de tapices con la victoria de las Virtudes sobre los Vicios (la Avaricia de nuevo representada por Tántalo).

En los testeros colgaban medallones de Adriano y Julio César y, sobre ellos, cuadros de Coxcie con la contienda de Apolo y Marsias y el ulterior desollamiento del sátiro.

Con las Furias, encargadas tras la batalla de Mühlberg, María quiso mostrar en clave mitológica el destino reservado a quienes se rebelan contra el poder legítimo, equiparando el desafío a los dioses con el de los príncipes alemanes al emperador.

En la representación de los temas se utilizan elementos de la iconografía cristiana en la mitología.

Las Furias permanecieron en Binche hasta la destrucción del palacio por tropas francesas en 1554.

En 1558 María de Hungría las legó a Felipe II, que las destinó al Alcázar de Madrid y permanecieron en él hasta el incendio de 1734, cuando ardieron Ixión y Tántalo.

Tras un efímero paso por el Buen Retiro, donde se citan en 1747, se colgaron en la antesala del Palacio Real Nuevo hasta su ingreso en el Museo del Prado en 1828.

TIZIANO. TICIO. MUSEO DEL PRADO

Hacia 1565. Óleo sobre lienzo, 253 x 217 cm.

En las Metamorfosis de Ovidio se narra el sufrimiento del gigante Ticio, condenado por intentar violar a Leto.

El castigo es el mismo que en Prometeo. Su hígado, que se regeneraba una y otra vez, fuera eternamente devorado por dos águilas o buitres.

La obra que posee el Museo del Prado es una réplica tardía del original pintado por Tiziano para María de Hungría para la gran sala del palacio de Binche en Bruselas en 1548 una de las Furias o Condenados que realizó el artista.

Por encargo de María de Hungría, Tiziano realizó una pintura sobre Ticio, concebida como advertencia para quienes osasen desafiar el poder imperial, en un momento de confrontación con los príncipes protestantes.

Las obras están concebidas para contemplarse en alto, con figuras desnudas de monumentales anatomías.

En el modo de representar los episodios se advierte la iconografía cristiana trasladada a la mitología.

Tiziano recurrió a fuegos, mientras el carácter negativo de los personajes se sugiere acompañándolos de serpientes, elementos ignorados por Ovidio.

Las Furias son inconcebibles sin el paso de Tiziano por Roma, ya que sólo tras 1546 se percibe en su obra la estatuaria clásica y el arte de Miguel Ángel.

La impronta de Miguel Ángel se percibe en que Tiziano mostró un águila devorando el hígado de Ticio, cuando las fuentes antiguas aluden a un buitre. Pero Tiziano llegó mediante el color a resultados muy distintos.

TIZIANO. TICIO. 1565

TIZIANO. TICIO. 1565. MUSEO DEL PRADO

TIZIANO. SÍSIFO. MUSEO DEL PRADO

1548 – 1549. Óleo sobre lienzo, 237 x 216 cm.

El gran pecado de Sísifo, hijo de Eolo y fundador de Corinto, fue contarle al dios-río Asopo que su hija Egina fue raptada por Zeus.

Zeus encolerizado envió a Tánatos, dios de la Muerte, para que le llevara al Tártaro, pero Sísifo le encadenó allí, provocando que los seres humanos dejasen de morirse, teniendo que intervenir Zeus.

Sísifo volvió al Tártaro anciano y obligado por Hermes. Zeus le impuso un castigo ejemplar. Empujar una roca hasta la cima de una montaña escarpada, y cuando estaba a punto de conseguirlo, la piedra caía por la pendiente y tenía que volver a empezar la acción.

Para visualizar el Hades, Tiziano recurrió a la idea cristiana del fuego y en el caso de Sísifo también a dos enormes monstruos cuyas fauces abiertas remiten directamente a imágenes del Juicio Final.

El carácter negativo de los personajes se sugiere acompañándolos de serpientes, elementos ignorados por Ovidio y presentes también en el grabado de Tántalo.

En Sísifo la sensación de dinamismo no se plasma en la torsión del cuerpo, sino a las vibrantes lenguas de fuego y lava, plasmadas en densas pinceladas de rojo y amarillo.

El movimiento es el cambio de lugar o de posición de un cuerpo en el espacio.

El dinamismo es la actividad, la energía y la transformación.

TIZIANO. SÍSIFO. 1548-1549

TIZIANO. SÍSIFO. 1548-1549. MUSEO DEL PRADO

TÁNTALO

Tántalo, rey de Lidia e hijo de Zeus y la oceánide Pluto, fue muy estimado por los dioses e invitado a sus banquetes en el Olimpo.

Pero estas atenciones le volvieron soberbio y se atrevió a robar el néctar y la ambrosía de las deidades que otorgaban la inmortalidad.

Tántalo mató a su hijo, Pélope, para poner a prueba a los dioses. Le coció en un caldero y le sirvió en el banquete. Pero Zeus se dio cuenta del engaño y buscó un castigo terrible para Tántalo.

COPIA DE RIBERA. TÁNTALO. SIGLO XVII.

COPIA DE RIBERA. TÁNTALO. SIGLO XVII. MUSEO DEL PRADO

 

Le sumergieron en un estanque con el agua hasta el cuello, sufriendo hambre y sed eternamente.

Cuando quería beber, el agua huía de él y cuando quería comer las frutas del árbol sobre su cabeza se alejaban.

Este mito tuvo éxito durante el Renacimiento y el Barroco. Fue representado por Tiziano, Ribera, etc.

RIBERA. IXIÓN. 1632. MUSEO DEL PRADO

1632. Óleo sobre lienzo, 220 x 301 cm.

Ixión intentó suplantar a Júpiter en el lecho de Juno, pero Zeus formó una nube con la imagen de su esposa Hera e Ixión se unió a ella sin percatarse del engaño, engendrando a Centauro.

Ixión es el progenitor de la raza de los centauros.

Zeus le castigó a girar eternamente atado a una rueda de fuego fabricada por Hefesto para expiar sus culpas.

En la Edad Media el mito de Ixión se asoció con uno de los Pecados Capitales, La Lujuria.

Ribera plasma una imagen de Ixión boca abajo, acentuando la tensión dramática mediante la luz, la monumentalidad de las figuras, las forzadas anatomías y la expresividad gestual.

Ixión es la única Furia de Tiziano de la que no queda testimonio visual y tampoco fue tratada por pintores anteriores.

El Ixión de Ribera es fruto del talento del pintor. Su tratamiento del cuerpo humano sometido a condiciones extremas y la capacidad de transmitir al espectador el horror de la escena son muy impactantes.

En primer plano, Ribera pinta el cuerpo del gigante, que parece desplomarse sobre el espectador.

En Ixión no es el condenado sino el verdugo, quien transmite con su mirada la crueldad del castigo. Ribera optó por una figura masculina cuyo rasgo distintivo son los cuernos y unas orejas afiladas.

Es una creación del pintor, porque las Furias eran tres figuras femeninas: Alecto, Megera y Tisífone, encargadas de velar por el cumplimiento de los suplicios de los condenados en el Tártaro.

Ninguna fuente clásica o renacentista alude a un personaje de tales características.

Los personajes con orejas de asno representan la ignorancia.

Estos temas mitológicos tenían carácter ejemplarizante para todos aquellos que desacataban la autoridad de los dioses o de los reyes, o que tenían intención de igualarse con ellos o de engañarlos.

Estas pretensiones, tanto en Grecia como en la Europa del siglo XVII, eran consideradas dignas de castigo eterno.

En 1634 el cuadro fue adquirido a la marquesa de Charela, posiblemente para el Palacio del Buen Retiro.

JOSÉ DE RIBERA. IXIÓN. 1632

JOSÉ DE RIBERA. IXIÓN. 1632. MUSEO DEL PRADO

LAS DANAIDES

Las Danaides eran las 50 hijas del rey norte-africano Danao. Después de un conflicto con su hermano gemelo Egipto, el rey huyó con sus hijas a Argos, en Grecia.

Los 50 hijos de Egipto las persiguieron para reclamar a sus hijas como esposas. Danao accedió, pero le dio a cada hija una daga para poder matar a sus esposos durante la noche de bodas.

Todas las hijas hicieron lo que su padre les había dicho, pero Hypermnestra estaba enamorada de su marido, Linceo, y se aseguró de que no sufriese ningún daño.

Horacio narró la terrorífica noche de bodas matando a sus maridos. Sólo una respetó su matrimonio, traicionando a su padre desleal.

Hypermnestra fue encerrada por orden de su padre hasta la celebración de un juicio, pero Afrodita intervino para liberarla.

El resto de Danaides se purificaron en un ritual ordenado por Zeus con Hermes y Atenea y volvieron a casarse con hombres de Argos.

Tras su muerte, las Danaides fueron castigadas por su horrible crimen, ya que fueron enviadas al Tártaro para cargar agua en recipientes sin fondo durante toda la eternidad.

Este tema se representó en el siglo IV a. C en cerámica y solía acompañar a la pareja de hades y Perséfone y fue retomado en 1885 por Rodin y en 1925 Singer Sargent hizo una composición que guarda el Museum of Fine Arts de Boston.

WATERHOUSE. LAS DANAIDES. 1905. ART GALLERY ABERDEEN, SCOTLAND

WATERHOUSE. LAS DANAIDES. 1905. ART GALLERY ABERDEEN, ESCOCIA

 

CONCLUSIONES

El Inframundo clásico, regido por Hades y Perséfone, fijó unos motivos iconográficos que se actualizaron en el Occidente medieval y pasaron a formar parte de la tradición cristiana del Infierno.

BIBLIOGRAFÍA

Imágenes de la tradición Clásica y Cristiana. UNED. 2018

Pierre Grimal. Mitología Griega y Romana. Paidos.

museodelprado.es

maitearte.wordpress.com

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Berenguela de Castilla (1180 – 1246)

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

BERENGUELA DE CASTILLA

(1180 – 1246)

La reina Berenguela de Castilla (Museo del Prado)

 

INVASIÓN MUSULMANA, 711

La invasión musulmana en la península Ibérica se inició en el año 711, cuando las tropas árabes y bereberes derrotaron al ejército visigodo del rey don Rodrigo, víctima de la traición de sus allegados, entre los que destacaba el arzobispo de Sevilla.

Don Rodrigo resultó derrotado en la batalla a orillas del río Guadalete, en Cádiz, a finales de julio del año 711, precedida de diversos escarceos durante varios días y muriendo en ella o inmediatamente después el propio rey Rodrigo y los nobles que permanecieron junto al rey.

Entre el 711 y el 722, se consuma lo que la historiografía española denomina la pérdida de España, pero también la reacción que se inició en Asturias contra los conquistadores, capitaneada por el noble visigodo D. Pelayo, que obtuvo una gran victoria en la batalla de Covadonga, en el año 722.

El historiador D. Claudio Sánchez Albornoz explica la pérdida de España por la discordia crónica entre los visigodos, que permitió con facilidad la invasión. Todo ello se explica y queda reflejado en su importante obra “El reino de Asturias, con el antetítulo Orígenes de la nación española”.

El apoyo de los judíos de Toledo y Granada fue decisivo para el éxito de las campañas islámicas en la península, vengándose así de la prolongada e injusta persecución a que les habían sometido los reyes y concilios de los visigodos, y generando el posterior antisemitismo.

El sistema de pactos concebido por los invasores musulmanes, en el que se garantizaban ciertos derechos a los vencidos, contribuyó a minar el espíritu de resistencia y a dulcificar la situación.

Según D. Claudio Sánchez Albornoz había pactos de dos clases:

1. El que se concertó con Teodomiro en Murcia con una autonomía política considerable y

2. El otorgado a Mérida, que imponía el respeto a las vidas y los bienes, aunque confiscaba las propiedades de la Iglesia y las de los huidos al norte.

 

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, 1212 (JAÉN)

En el siglo XIII, nos encontramos con una Península Ibérica dividida y enfrentada en cinco reinos cristianos:

1. Castilla, con Alfonso VIII a la cabeza;

2. León, con Alfonso IX;

3. Portugal, con Alfonso II;

4. Aragón, con Pedro II;

5. Navarra, con Sancho VII.

Estos reinos, en continúa disputa por los territorios, descuidaron la Reconquista, ya que no consiguieron unirse hasta el siglo XIII.

Frente a estos reinos cristianos, desunidos y enfrentados, se encontraba el Imperio Almohade, con su califa Yusuf Al-Mansur a la cabeza, sucedido por su hijo Mohamed Al-Nasir en 1199.

Los almohades se dirigieron al Algarve, y después a Sevilla, ciudad que se erigió como capital del Imperio en Al-Ándalus. Los almohades arrinconaron a los reinos cristianos, sometiendo a los andalusíes, apartando las costumbres relajadas de los almorávides e imponiendo el Islam.

El Imperio Almohade ocupaba al principio del siglo XIII la mitad meridional de la Península Ibérica y el norte de África hasta Trípoli (Libia).

La derrota en Alarcos (1195) de Alfonso VIII de Castilla frente al califa almohade Yusuf Al-Mansur fue decisiva. Alfonso VIII no quiso esperar refuerzos que otros reinos cristianos y los jinetes arqueros musulmanes masacraron a la caballería castellana, teniendo que retroceder hasta Toledo.

Los musulmanes tras la victoria de Alarcos decidieron pasar al ataque. Sin embargo, la repentina muerte del califa Yusuf Al-Mansur (1199) y la proclamación de su hijo retrasaron los planes ofensivos.

Alfonso VIII buscó el apoyo del Papa Inocencio III, quien puso en marcha una bula de cruzada que garantizó la protección de Castilla, la cual no podría ser atacada por ninguno de sus reinos vecinos bajo pena de excomunión.

La amenaza musulmana y la bula de cruzada lograron cierta unidad entre los reinos cristianos de Aragón, Castilla y Navarra.

España en 1212 batalla de las Navas de Tolosa

Mapa de la península en Las Navas de Tolosa (1212)

La batalla de las Navas de Tolosa fue el mayor enfrentamiento bélico de la época. El contingente armado cristiano abandonó Toledo en mayo de 1212 y avanzó hacia el sur. Almohades y cristianos se encontraron el 13 de julio de 1212, separados únicamente por la llanura de las Navas de Tolosa (Jaén).

Alfonso VIII decidió cambiar la estrategia empleada en Alarcos, en esta ocasión el ejército cruzado se dispuso en tres líneas, la primera ocupada por varias milicias castellanas y numerosos caballeros, todos ellos liderados por Diego López de Haro, señor de Vizcaya.

La segunda albergaba a más milicianos, a los aragoneses, a los navarros, a los portugueses y a las órdenes militares y la tercera, en retaguardia, fue el lugar escogido para los tres monarcas cristianos, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra.

Los cruzados estuvieron a punto de ser vencidos. Pero, Alfonso VIII, no volvería a Castilla otra vez derrotado y se lanzó a la carga, siendo seguido por los monarcas de Aragón y Navarra, produciéndose la famosa carga de los tres reyes.

Con los almohades derrotados, los cristianos tomaron el campamento musulmán y la tienda roja del califa. Quien había estado toda la batalla encerrado leyendo el Corán.

En la batalla de las Navas de Tolosa fue fundamental el cambio de estrategia. Se decidió que Sancho VII de Navarra no entraría con su caballería en la primera cabalgada, lo que fue decisivo ya que cuando los almohades empezaron a envolver a la caballería cristina, Sancho VII entró en juego con sus tropas, junto a Alfonso VIII y Pedro II, arrasando las defensas almohades y decantando la batalla del lado cristiano. Sin embargo, a pesar de la contundente victoria cristiana las bajas fueron numerosas para ambos bandos.

Consecuencia inmediata de la victoria fue la toma de Úbeda y Baeza. La victoria habría sido mucho más efectiva si no se hubiera desencadenado una hambruna que ralentizó la Reconquista y se prolongó hasta 1225. Por primera vez desde el año 711 la frontera castellana se restableció en la línea de Sierra Morena.

El poder musulmán comenzó su declive y la Reconquista tomó un impulso que produjo en los siguientes cuarenta años el avance de los reinos cristianos, que conquistaron casi todos los territorios del sur bajo poder musulmán.

Castilla, que aportó 2 tercios de las tropas y fue impulsora de la empresa bélica, fue la mayor beneficiada con la victoria. Sus fronteras se fortalecieron y se posicionó como el reino peninsular predominante, impulsando la conquista del sur peninsular.

Este proyecto alcanzó su máximo esplendor tras la unión de los reinos de Castilla y León bajo el reinado de Fernando III el Santo, quien logró tomar: Córdoba en 1236, Murcia en 1243, Jaén en 1245 y Sevilla en 1248.

A lo largo del siglo XIII la presencia musulmana en la Península fue difuminándose. Erigiéndose como único bastión musulmán el reino Nazarí de Granada, vasallo del rey de Castilla, cuya conquista no planteaba prisa, ya que pagaba importantes tributos de oro a la Corona. En 1492, durante el reinado de los Reyes Católicos, se conquistó Granada, poniendo fin a la Reconquista.

Herencia cultural, gastronómica y lingüística árabe

La conquista no solo tuvo consecuencias políticas y económicas, sino que existió un fuerte impacto cultural y lingüístico. Diversas tecnologías fueron traídas a la península por los musulmanes, además parte del pensamiento griego que había sido asimilado por los musulmanes en Mesopotamia (de pensadores y traductores árabes cristianos) y llegó a la península y de aquí paso a Europa.

Adoptaron el arco de herradura visigodo en la arquitectura musulmana, como queda de manifiesto en la Mezquita de Córdoba o en la Alhambra de Granada.

En el ámbito lingüístico se introdujeron muchos términos árabes. Se calcula que en el español, el componente léxico árabe es el componente más numeroso tras el léxico de origen latino, usadas todavía en español moderno: almohada, algarabía, acequia, aljibe, algodón, alcohol, algoritmo, álgebra, etc. que tiene su origen en esta etapa y que se han ido consolidando hasta nuestros días.

También es notable la influencia árabe en la toponimia y en los apellidos: Aznar, Alcázar, Alcolea, Alcántara, Alcocebre, Benicásim, Benalmádena, etc.

Un efecto inesperado de la invasión del reino visigodo fue la huida de gran número de eruditos, nobles, religiosos y obispos visigodos. Con ellos se llevaron buen número de libros clásicos, romanos y griegos, que estaban en la antigua Hispania y que habían sido conservados o copiados por los visigodos.

Con ellos se llevaron obras visigodas, como las Etimologías del San Isidoro, obispo de Sevilla, obra monumental que recopilaba buena parte del saber de entonces, y que fue para esa época y los primeros siglos de la Edad Media La Enciclopedia en la Ilustración. Por ello, algunos autores destacan el importante papel de los emigrados visigodos en el renacimiento carolingio del siglo VIII.

Los árabes influyeron en nuestra gastronomía de distintas maneras: introdujeron nuevas técnicas en la agricultura; nuevos productos y cosechas hasta entonces inexistentes en la península; introdujeron un nuevo ceremonial de mesa y novedosas recetas mezclando distintos ingredientes, recetas que continúan formando parte de nuestra gastronomía.

Con la llegada de los árabes, empieza la “revolución agrícola. Los productos e ingredientes introducidos más importantes fueron: el arroz, azafrán, azúcar, frutas cítricas (naranjas y limones), frutos secos.

Fue un gran impacto el que causaron en la gastronomía, cambiando desde los ingredientes hasta el ceremonial de la mesa con la introducción de un orden en el servicio: primero los entrantes, luego los platos fuertes y para finalizar los postres.

 

Frutas y verduras

Se produjeron nuevas introducciones: la alcachofa, el espárrago y la berenjena, las naranjas (de origen Chino), los dátiles y los cocos. En la España romana, estos alimentos eran consumidos como un plato principal, no formaban parte de los guisos o de un plato con varios ingredientes.

Los árabes inculcaron la mezcla de los diferentes ingredientes, como puede ser el caso de las ensaladas de lechuga a las que añadieron hierbas, aceite de oliva y aceitunas.

También introdujeron el método de secado de frutas como los higos, ciruelos, albaricoques y uvas. Integraron el uso de las frutas en varias recetas que todavía hoy perduran en nuestra cultura gastronómica, como son los sorbetes y los zumos.

 

La miel y el Islam

El Corán afirma sobre la miel que es una “curación para la humanidad”. Es el oro líquido.

La miel ofrece extraordinarias propiedades antisépticas, antioxidantes y estimulantes del sistema inmunológico para la salud. No solo combate la infección y ayuda a la cicatrización de tejidos, sino que también ayuda a reducir la inflamación y a menudo es utilizada para tratar problemas estomacales, como la indigestión, úlceras y gastroenteritis.

Investigadores de todo el mundo están investigando sobre los beneficios de la miel y otros elementos de curación producidos en la colmena, como el propóleo, la jalea real y el polen de abejas.

Los beneficios de la miel dependen de su calidad. La miel pura proviene directamente del panal. Esta miel sin procesar tiende a cristalizarse y al baño María regresa a su estado líquido.

Cuando la miel es procesada mantiene una vida útil más larga, pero las vitaminas y minerales que benefician al sistema inmunitario son destruidos en su mayor parte durante el proceso. Por lo tanto, no es tan nutritiva como la miel cruda.

La miel ámbar y oscura posee las mejores propiedades medicinales. Además de carbohidratos, la miel contiene proteínas (incluyendo enzimas) y aminoácidos, y es rica en vitaminas: B6, tiamina, niacina, riboflavina, ácido pantoténico y aminoácidos.

Los minerales incluyen calcio, cobre, hierro, magnesio, manganeso, fósforo, potasio, sodio y zinc. El contenido de 18 aminoácidos presentes en la miel es único y varía según la fuente floral.

También posee polifenoles que actúan como antioxidantes y limpian el cuerpo de radicales libres y de compuestos reactivos que ayudan en enfermedades como el cáncer y las enfermedades del corazón.

La miel contiene una gama similar de antioxidantes a la encontrada en vegetales verdes, como el brócoli y las espinacas, y en frutas como las manzanas, naranjas y fresas.

La miel pura se utiliza para ayudar a aliviar la tos nocturna y mejorar el sueño.

En relación al cuidado de heridas, la Revista Estadounidense de Dermatología, dice que la miel aplicada de forma tópica a una herida puede promover su curación tan bien o mejor que las pomadas convencionales. Sus propiedades antinflamatorias reducen la inflamación y el dolor, mientras que sus propiedades antibacterianas previenen la infección.

La glucosa contenida en la miel se absorbe rápidamente por el organismo, dando un impulso energético inmediato, mientras que su contenido de fructosa es absorbido más lentamente, proporcionando energía sostenida.

La miel mantiene los niveles de azúcar en la sangre y es una fuente de carbohidratos suave en comparación con otros carbohidratos.

Conclusión:

1. La miel ha sido utilizada durante miles de años para calmar la tos de los niños,

2. ayuda a aliviar problemas de colesterol y de digestión

3. ayuda en la curación de heridas.

Los árabes poseen una de las grandes reposterías del mundo y utilizaban la miel en muchos de los platos desde el medievo, especialmente en los postres, dotándoles de una suavidad que se fue imponiendo con el paso de los siglos hasta que se popularizó el azúcar.

La miel y los frutos secos son característicos de la repostería árabe. Introdujeron frutos secos partidos, enteros o machacados en panes dulces y postres. Avellanas, pistachos, piñones, nueces y almendras formaban parte de sus principales dulces.

 

Las especias

Con ellos llegaron especias como la canela, el azafrán, el sésamo, el jengibre, el anís y la nuez moscada, entre muchas más. No sólo fue una aportación a la gastronomía sino también a la economía, ya que con la llegada de los árabes se promovió la exportación al resto de Europa, enriqueciendo y dando color a los platos europeos.

 

Los cereales

Los árabes mejoraron el cultivo de los cereales e introdujeron otros nuevos como el arroz. Era la base de la elaboración pucheros y dulces. Uno de los postres de la alta cocina árabe más apreciados era el arroz cocido con leche, manteca y azúcar; más conocido como “arroz con leche”, un postre que forma parte del extenso recetario de nuestra cocina. Existen estudios que apuntan a que el origen de la famosa paella se remonta a esta época.

 

Repostería y dulces

Además del arroz con leche, la gran mayoría de recetas que incluyen como ingrediente la almendra y los dulces hechos con azúcar fino, tienen su origen en esta época.

Los dulces principalmente se consumían fritos y horneados. Entre los fritos encontramos los famosos buñuelos y las almojábanas (tortas de queso fritas). Con respecto a los horneados destacan los bollos o pasteles maimones.

No nos podemos olvidar de los dulces más típicos de la navidad que no faltan en ninguna mesa española: los turrones y los mazapanes, el origen de ambos se remonta a la época Islámica.

 

BERENGUELA DE CASTILLA (1180 – 1246)

Reina de León (1197-1204) y Reina de Castilla (1217-1246)

Esposa de Alfonso IX de León y madre de Fernando III. El Santo

Se desconocen el lugar y la fecha exacta de su nacimiento, aunque parece que debió de ser en los primeros meses del año 1180, probablemente en Burgos, siendo la primogénita de los reyes de Castilla, Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra, y como tal reconocida como heredera del reino, hasta el día que nació su hermano varón Sancho, el 5 de abril de 1181, que adquirió como varón la condición de infante heredero.

El fallecimiento del infante, el mismo verano de 1181, hizo recobrar a la infanta Berenguela su rango de heredera, y como tal fue reconocida y jurada hasta el día en que volviera a nacer otro hermano varón.

La infanta Berenguela, cuando apenas contaba ocho años de edad, fue prometida en matrimonio al príncipe alemán Conrado, duque de Rotenburch, por el tratado suscrito el 23 de abril de 1188 en Seligenstadt por los padres de los esposos, Alfonso VIII de Castilla y Federico I de Alemania.

Según este tratado, Berenguela era la heredera del reino de Castilla, siempre subordinada a la posibilidad del nacimiento de un hermano varón, que la precedería en sus derechos al trono. Conrado y Berenguela fueron jurados en la curia de Carrión en junio de 1188 como herederos, si los reyes al morir careciesen de descendencia masculina.

Con este acuerdo matrimonial, el emperador Federico I había buscado un trono para su tercer hijo, Conrado; por eso, cuando el 29 de noviembre de 1189 nacía en Castilla el infante Fernando, el príncipe alemán, desestimó el compromiso contraído, ya que el derecho sucesorio de Berenguela se postergaba al del infante Fernando. Este compromiso, ante el incumplimiento por parte del príncipe Conrado, fue anulado por el legado pontificio, el cardenal Gregorio de Sant Angelo, que ejerció su legación entre los años 1192 y 1194.

Cuando doña Berenguela se liberó del compromiso, su padre, Alfonso VIII, acordó su matrimonio con el rey de León, Alfonso IX para finalizar la guerra entre ambos monarcas cristianos.

Alfonso VIII, preveía las dificultades que iban a encontrar por razón de parentesco ambos contrayentes. Alfonso VIII y Alfonso IX eran primos carnales, nietos los dos de Alfonso VII. Pero el enlace era la mejor alternativa para instaurar una sólida paz entre Castilla y León.

El matrimonio se celebró en la iglesia de Santa María de Valladolid en el otoño de 1197 con el apoyo de los prelados de los reinos de Castilla y de León, con la esperanza de la futura dispensa pontificia del impedimento de consanguinidad, dada la importancia de la unión para asentar la paz entre príncipes cristianos.

El papa Celestino III no autorizó el enlace, aunque no mostró ninguna oposición al mismo, pero falleció el 8 de enero de 1198, antes de haberse pronunciado sobre la viabilidad del matrimonio, sucediéndole Inocencio III, muy opuesto a los matrimonios entre consanguíneos.

Inocencio III mostró su oposición al matrimonio y una negativa resuelta a la concesión de cualquier dispensa, ordenando el 16 de abril de 1198 a su legado el cardenal Rainiero, que motivara a los reyes de Castilla y de León a deshacer esa unión ilícita y, si se negaren, que procediera a la excomunión de ambos monarcas y a decretar el interdicto (juicio sumarísimo) sobre ambos reinos, hasta que los mandatos pontificios fueran obedecidos.

La excomunión es la expulsión, permanente o temporal, de una persona de una confesión religiosa. Durante el período de la excomunión, el afectado sigue formando parte de la comunidad, pero debe cumplir sentencia. En los casos más severos, pierde la facultad de concurrir al culto normalmente y de tomar parte en las ceremonias religiosas. Las diversas iglesias cristianas cuentan con normas para la excomunión o el trato con los excomulgados

El 21 de abril de 1198, cinco días después, una carta del Papa concedía al legado facultades para proceder a levantar las penas anteriores si los interesados prestaban garantías suficientes de acatar la decisión pontificia.

Las órdenes de Inocencio III fueron ejecutadas por el legado pontificio, que decretó la excomunión e impuso el interdicto sobre el reino leonés, no en el reino castellano, ya que Alfonso VIII se declaró dispuesto a recibir a su hija, si le fuere devuelta.

Los reyes de Castilla y de León intentaron mejorar la situación con generosas dádivas en favor de la Iglesia. También enviaron a Roma una comisión para informar al Papa y tratar de alcanzar la dispensa del impedimento. Esa comisión estuvo compuesta por los obispos de Toledo, Zamora y Palencia, en señal de la concordia con que procedían ambos monarcas.

El Papa no cedió y el 25 de mayo de 1199 ordenaba al arzobispo de Compostela y a los obispos del reino de León observar la sentencia impuesta sobre dicho reino. Autorizaba la celebración de los sacramentos y oficios eclesiásticos, pero mantenía la prohibición de sepultura para todos los fieles, excepto los clérigos, la excomunión del rey, de la reina y de sus principales consejeros, así como el más riguroso interdicto en los lugares donde moraren.

A los reyes de Castilla les exigía que prestasen juramento de que contribuirían a la disolución del matrimonio; si no lo hicieren, también incurrirían en la pena de excomunión y en interdicto los lugares donde morasen. En cuanto a los lugares dados a Berenguela como dote, que según el pacto matrimonial debían seguir siendo suyos, aun en el caso de disolverse el matrimonio, el Papa declaró la nulidad de tal donación.

Las medidas fueron tremendas, pero la situación siguió inalterable en 1199, 1200, 1201 y 1202, hasta que el 5 de mayo de 1203 Inocencio III se dirigió directamente al rey de Castilla, Alfonso VIII. El Papa le dice que ha engañado y ha atrapado de tal forma al rey de León que éste, aunque quisiera, no podía romper el matrimonio con Berenguela, pues en ese caso perdería la mayor parte y las mejores fortalezas de su reino, que seguirían gobernadas y retenidas en manos de Alfonso VIII.

Inocencio III declaró a los hijos de esa unión incestuosa privados de cualquier derecho de sucesión en los bienes paternos, aunque el rey de Castilla había logrado que a esa descendencia se le jurara como propio casi todo el reino leonés. Inocencio III considera que Alfonso VIII tiene aprisionado al reino leonés, disponiendo de él como del suyo propio, y le ordena que ponga fin a esos lazos y llame de una vez a su hija, so pena de proceder contra él.

Con esta carta Inocencio III, tras cuatro años, había dado con la clave de la solución, la voluntad de Alfonso VIII. El rey de Castilla con los pactos firmados y los castillos dados como dote a Berenguela tenía atrapado a Alfonso IX.

Tras la carta papal, llegó la solución. Se reunieron en Valladolid los obispos de Castilla, durante los meses de abril y mayo de 1204, y se dirigieron por medio del obispo de Burgos al Papa solicitando levantase la pena de excomunión a Berenguela, previa promesa de abandonar la corte leonesa. El Papa, para terminar con este problema iniciado seis años y medio antes, comisionó el 22 de mayo de 1204 a los obispos de Toledo, Burgos y Zamora para que absolviesen a Berenguela, previo alejamiento del esposo, promesa de no volver a vivir con él y de cumplir los mandatos apostólicos.

Cinco fueron los hijos nacidos durante los seis años y medio que duró el matrimonio entre Alfonso IX y Berenguela:

1. Leonor, llamada como su abuela, murió de niña el 12 -11- 1201 y fue enterrada en San Isidoro de León;

2. Constanza, profesaría como religiosa cisterciense en el monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, donde murió en 1242;

3. Fernando, el primer varón, nació en Peleas de Arriba (Zamora), el 24 de junio de 1201 probablemente;

4. Alfonso, sería el futuro Alfonso de Molina;

5. Berenguela, sería futura reina de Jerusalén, por su matrimonio celebrado en Toledo en 1224 con Juan de Brienne, rey de Jerusalén.

Berenguela regresó a Burgos junto a sus padres, consagrada a la educación de sus hijos. Cuando Berenguela llegó a Burgos, acababa de nacer, el 14 de abril de 1204, el último de los hijos de Alfonso VIII y Leonor, el infante Enrique. Con este nacimiento, Berenguela pasaba a ocupar el tercer lugar en el orden sucesorio, tras sus dos hermanos varones, Fernando y Enrique.

El 14 de octubre de 1211 fallecía en Madrid el infante Fernando, a punto cumplir veintidós años; su cadáver fue llevado a las Huelgas Reales de Burgos. Sólo separaba a doña Berenguela del trono de Castilla su hermano Enrique, de siete años de edad.

La noche del 5 al 6 de octubre de 1214 moría en el camino de Burgos a Plasencia, en aldea de Arévalo, el vencedor de la batalla de las Navas, el rey Alfonso VIII de Castilla. Le acompañaban su esposa, la reina Leonor, su hija Berenguela, sus hijos Enrique y Leonor, y los hijos de Berenguela, Fernando y Alfonso. Sus restos mortales fueron trasladados a Burgos, donde recibieron sepultura en el panteón de las Huelgas Reales de Burgos. Unos días después, el 31 de ese mismo mes de octubre, falleció su esposa Leonor.

Acabadas las exequias de Alfonso VIII, fue proclamado rey de Castilla su hijo Enrique, de once años de edad. Al morir sus padres, casi al mismo tiempo, Berenguela se convirtió en tutora del pequeño rey y en la regente y gobernadora del reino.

Berenguela obró con gran prudencia, pero las intrigas de algunos nobles, especialmente, los condes Fernando, Álvaro y Gonzalo, hijos del conde Nuño Pérez de Lara, el último tutor de Alfonso VIII, consiguieron que el ayo designado por Berenguela para guardar al nuevo rey entregara al joven monarca a Álvaro Núñez de Lara.

Con el rey en su poder, Álvaro consiguió que Berenguela le entregase la regencia del reino pero con algunas limitaciones, pues le hizo jurar que sin su consejo no consentiría lo siguiente:

· No daría ni arrebataría ninguna tierra o gobierno a nadie,

· No haría la guerra a los reinos vecinos,

· No impondría ningún tributo en ninguna parte del reino.

· Este traspaso de poderes tuvo lugar en la primavera de 1215.

Pronto Álvaro comenzó a atropellar a los nobles que no eran sus partidarios. Éstos se quejaron a Berenguela, lo que provocó represalias de Álvaro contra la reina, que buscó refugió en el castillo de Autillo, que era del mayordomo real Gonzalo Rodríguez, mientras enviaba a su hijo Fernando junto a su padre a León.

En abril de 1217 Álvaro inició el ataque armado contra los partidarios de Berenguela en Tierra de Campos, llegando incluso a sitiarla en su residencia de Autillo de Campos, mientras dejaba al rey Enrique en Palencia en el palacio episcopal. Aquí, durante un juego infantil, una teja alcanzó al niño rey en la cabeza, que gravemente herido falleció a los pocos días.

Berenguela, al conocer la noticia, hizo venir a su hijo desde Toro. Con sus partidarios se dirigieron a Palencia, abandonada por Álvaro; luego por Dueñas fue a instalarse en Valladolid, desde donde dirigió todas las negociaciones que conducirían a que los concejos la reconocieran como legítima heredera y reina de Castilla, con el ruego de que entregase el reino a su hijo. Esta proclamación de Berenguela y de su hijo Fernando como reina y rey de Castilla tuvo lugar en la plaza del mercado de Valladolid entre el 2 y el 3 de julio de 1217.

Casi treinta años duró esta alianza entre madre e hijo. Fernando será el rey de Castilla y gobernará con plenos poderes, pero el consejo prudente de su madre estará presente en todas las decisiones de Fernando III. Los diplomas se expiden siempre a nombre de Fernando, pero éste consignará en todos ellos que lo hace “con el beneplácito de la reina doña Berenguela”. Entre madre e hijo siempre hubo diálogo y prudencia.

En 1224, Fernando inicia sus conquistas por Andalucía y su madre se queda en Castilla, casi siempre en Burgos, gobernando el reino con prudencia y apoyando las campañas de su hijo. Aconsejó a Fernando en la elección de sus dos esposas y en dialogar con los nobles, consiguiendo el perdón y reconciliación de los hombres alzados. Berenguela contribuyó con su prudencia a que Fernando III sucediera de forma pacífica a su padre en el reino de León.

Berenguela murió el 8 de noviembre de 1246, con merecida fama de mujer y de gobernante prudente y discreta. Sus restos mortales fueron depositados en las Huelgas de Burgos junto a sus padres.

Castillo de Doña Berenguela, Bolaños de Calatrava (Ciudad Real)

Su actual Torre del Homenaje es lo que conservamos de la originaria construcción árabe. Fue conquistado por los cristianos. Perdido tras la batalla de Alarcos y vuelto a recuperar en 1212 definitivamente.

La reina Berenguela lo donó a la Orden de Calatrava, para que defendiera su campo de los continuos ataques musulmanes. La Orden se mantuvo allí hasta 1544, momento en que lo abandonó.

De planta rectangular, estuvo rodeado de un foso que actualmente está recuperado en dos de las cuatro murallas. Tiene dos torres, la del Homenaje y la Torre Prieta, con muros rematados por almenas.

La Torre Prieta es una mole de piedra de forma rectangular, sin almenas, y en la que apenas pueden apreciarse vanos o elementos decorativos. Está compuesta por tres pisos y sus dimensiones son mayores que las de la Torre del Homenaje.

Uno de los aspectos significativos del edificio es su escudo, en el que pueden apreciarse dos partes bien diferenciadas: un castillo de oro, en el que aparece representada la vecindad y una espada que atraviesa el pan, que representa el impuesto que se pagaba a la orden de la que dependía su defensa.

Castillo de Doña Berenguela. Bolaños

Castillo de Doña Berenguela. Bolaños de Calatrava

 


 

Foto de Portada: Dª Berenguela, Reina de Castilla

1850. Óleo sobre lienzo, 224 x 140 cm.

Museo del Prado. No expuesto

En 1847, José de Madrazo, como director del Real Museo, recibió el encargo de Isabel II de realizar una genealogía iconográfica de todos sus antepasados reales.

El proyecto tenía un evidente sentido político de legitimación de los derechos de la Soberana, en un período caracterizado por una incesante lucha contra el poder femenino. Se implicó en la ejecución del encargo a un considerable número de artistas contemporáneos, tanto reconocidos como noveles, pero casi todos asociados al círculo protector de José de Madrazo.

En mayo de 1850 se encarga la pintura a Francisco Prats y Velasco, “haga el retrato de la Reyna de Castilla Doña Berenguela… Pagado”.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

R. Jiménez de Rada, “De rebus Hispaniae”, y L. de Tuy, “Chronicon mundi”, en A. Schott (ed.), Hispania Illustrata, Frankfurt, 1608, t. II, págs. 25-194 y t. III, págs. 1-116, respect.;

A. Lupián Zapata, Epítome de la vida y muerte de la reina doña Berenguela […], Madrid, Nogués, 1665; M. de Manuel Rodríguez, Memorias para la vida del Santo Rey don Fernando III, Madrid, 1800;

G. Martínez Díez, Fernando III (1217-1252), Burgos, La Olmeda, 1993 (col. Reyes de España).

Real Academia de la Historia

museodelprado.es

http://www.verema.com (Gastronomía)

http://www.turismocastillalamancha.es (Castillo de doña Berenguela)

Imágenes tomadas de Wikipedia

 

 

 

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ALFONSO X “EL SABIO” (1221-1284) Rey de Castilla y León

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

ALFONSO X “EL SABIO” (1221-1284)

Rey de Castilla y León

Alfonso X el Sabio (José Alcoverro) - Biblioteca Nacional

Alfonso X. EL Sabio (1221 – 1284)

(Toledo, 23.XI.1221 – Sevilla, 4.IV.1284. Rey de Castilla y León)

Alfonso X “el Sabio” era hijo del monarca castellano-leonés Fernando III y de su esposa, la princesa alemana Beatriz de Suabia. Alfonso X fue rey de Castilla y de León desde la muerte de su padre en 1252 hasta 1284, año de su muerte.

Su infancia la pasó en tierras gallegas y recibió una sólida formación intelectual, punto de partida de su proyecto cultural. La muerte de su madre, en 1235, dejó una profunda huella en el joven Alfonso. El príncipe combinó la diplomacia con las armas y logró la incorporación del reino taifa de Murcia a la Corona de Castilla. En el año 1245 Cartagena, Lorca y Mula se rindieron definitivamente a los cristianos.

En el año 1249 Alfonso X se casó en Valladolid con Violante de Aragón, hija del rey de Aragón Jaime I “El Conquistador”.

Ya en el Trono, Alfonso X, prosiguiendo la labor de su padre en tierras de Andalucía incorporó a sus dominios la zona suroccidental del Guadalquivir. Tomó la ciudad portuaria de Cádiz, en el año 1262, y la ocupación del antiguo Reino de Niebla, coincidente con buena parte de la actual provincia de Huelva.

En el año 1260, Alfonso X puso en marcha una cruzada hacia las tierras del norte de África. En 1264, tuvo lugar tanto en la Andalucía Bética como en el Reino de Murcia una sublevación de la población mudéjar. Una vez sofocada aquella revuelta, el monarca decretó la expulsión de los mudéjares de las tierras de la Andalucía Bética, en particular de aquellos lugares en donde habían ofrecido una dura resistencia, como fue el caso de la villa de Jerez.

Mudéjar es un término que significa “doméstico”, y se utiliza para designar a los musulmanes que permanecieron viviendo en territorio reconquistado por los cristianos, aunque en barrios llamados morerías y aljamas bajo control cristiano. Solían ser campesinos o artesanos de origen humilde. Al principio se les permitió seguir practicando el islam, utilizar su lengua y mantener sus costumbres.

Alfonso X propició la Repoblación, fundamentalmente en el valle del Guadalquivir y en el reino de Murcia. Un ejemplo emblemático es la repoblación de la ciudad de Sevilla. Los mudéjares se vieron obligados a salir de Sevilla, debido a la larga resistencia que habían ofrecido. Sus espacios fueron ocupados por los repobladores, procedentes del norte de la Meseta y del valle del Tajo. En el repartimiento de Sevilla se distinguen los “donadíos” de los “heredamientos”.

Los “donadíos” eran premios a los más poderosos y se dividían en mayores y menores. Los mayores eran otorgados a gentes de la familia real, a grandes nobles, a las órdenes militares y a la Iglesia, y los menores, por lo general eran concesiones efectuadas a oficiales de la corte regia.

Un ejemplo ilustrativo de donadío mayor fue el que otorgó Alfonso X a su tío Alfonso de Molina, quien recibió la aldea de Corcubina, que contaba con 30.000 pies de olivar, 120 almarrales de viñas, higueras suficientes para recoger al año 1.000 seras de higos, 150 casas, 12 molinos de aceite y ocho huertas. Por lo demás Alfonso de Molina también fue beneficiado con 30 yugadas de tierra de labor en el lugar sevillano de Torres.

Los “heredamientos” iban dirigidos a los auténticos repobladores de Sevilla y su término. Pero hubo grandes diferencias entre las donaciones otorgadas a los caballeros de linajes, a los caballeros populares y a los simples peones.

Los repartimientos se efectuaron en otros muchos lugares de la Andalucía Bética como: Carmona, Écija, Jerez de la Frontera o El Puerto de Santa María. En tierras murcianas el rey de Aragón, Jaime I, cuando aplastó la revuelta mudéjar, realizó importantes concesiones a caballeros de sus reinos. De Murcia no fueron expulsados los mudéjares.

En el reinado de Alfonso X también hubo una gran actividad repobladora en el norte de la Península Ibérica, donde se crearon en el Norte las villas de Orduña, Tolosa, Segura y Mondragón y en Asturias, Cangas de Tineo, Grado, Lena.

Alfonso X aspiró al título de emperador germánico. Como hijo de una princesa alemana, perteneciente a la familia de los Staufen, presentó su candidatura al título imperial germánico después de que se lo suplicara una embajada que vino a tierras hispanas, en el año 1256, desde la ciudad italiana de Pisa.

Los emisarios pisanos le consideraron a Alfonso X “el más distinguido de todos los reyes que viven”, así como “el más cristiano y más fiel”, a la vez que le indicaban “que descendéis de la sangre de los duques de Suabia, una Casa a la que pertenece el Imperio con derecho y dignidad por decisión de los príncipes y por entrega de los Papas de la Iglesia”.

Alfonso X fue elegido emperador el día 1 de abril del año 1257, “Rey de Romanos y emperador electo”. Pero al mismo tiempo tuvo lugar, de manera sorprendente, la elección imperial de otro candidato al título: el inglés Ricardo de Cornualles.

Alfonso X había sido elegido emperador “por la mayor y más importante parte de los príncipes de Alemania”. A partir de aquel momento se inició una gran disputa entre los dos electos por el Trono imperial germánico.

Alfonso X pidió subsidios extraordinarios para sus aspiraciones imperiales, en las continuas reuniones de Cortes que se celebraron en los reinos de Castilla y León. Pero no encontró apoyo en los pontífices, si siquiera a raíz de la muerte de su rival, el inglés Ricardo de Cornualles, suceso que aconteció en el año 1272. Aquella dura pugna acabó en el año 1273, fecha en la que accedió al título imperial germánico Rodolfo de Habsburgo. El fracaso de Alfonso X en su aspiración al título imperial perjudicó otras facetas en el terreno político y en el económico.

Tampoco tuvo éxito Alfonso X en su intento de incorporar a la Corona de Castilla el territorio del Algarve, al sur de Portugal, el cual finalizó por ser incluido en el vecino reino lusitano.

El reinado de Alfonso X fue fundamental en el ámbito económico. Se pusieron en marcha numerosas ferias y se instituyó, en el año 1273, el “Honrado Concejo de la Mesta”, aunque con anterioridad habían existido Mestas de carácter local o regional.

Es posible, de todos modos, que la institución de la Mesta surgiera no por iniciativa real, sino por solicitud de los propios ganaderos. Se trataba de una institución, proyectada sobre el conjunto de los reinos de Castilla y León, que controlaba la actividad ganadera, en particular la ganadería ovina, la cual efectuaba grandes recorridos, desde el norte hasta el sur de la Península Ibérica, a través de las denominadas cañadas.

De todos modos la vida económica en época de Alfonso X conoció notables reveses plasmados en el alza de los precios y en las devaluaciones monetarias.

Alfonso X pretendía unificar a sus reinos en el ámbito legislativo. Su objetivo fue crear leyes. Elaboró, el Fuero Real, el cual quería introducir el monarca Alfonso X en todas las ciudades y villas de sus reinos, el Espéculo, libro que serviría en adelante de base para la actuación de los jueces, y, sobre todo, las denominadas Siete Partidas, que constituía una imponente compilación doctrinal.

1. La primera Partida se refiere a las fuentes y al derecho de la Iglesia;

2. la segunda trata de los emperadores y los reyes, Derecho Político;

3. la tercera alude al Derecho Procesal;

4. la cuarta trata de los desposorios y casamientos;

5. la quinta de las compras y ventas;

6. la sexta de cuestiones relacionadas con el Derecho Civil;

7. la séptima del Derecho Penal.

Esos textos se inspiraban, esencialmente, en el Derecho Romano, el cual, era “el único cuerpo de doctrina jurídica realmente desarrollado a la altura de las necesidades sociales del momento”.

Por otra parte, Alfonso X consolidó el poder regio. En las Partidas se afirma que “Vicarios de Dios son los Reyes cada uno en su reyno, puestos sobre las gentes para mantenerlas en justicia e en verdad quanto en lo temporal, bien assí como el Emperador en su Imperio”. Se identificaba en aquel tiempo a los reyes y a los emperadores al afirmar que “rex est imperator in regno suo”.

Alfonso X instituyó cargos nuevos como el de almirante, persona a la que se le encomendaba el gobierno de la actividad marinera, y los de los adelantados, que tenían atribuciones judiciales aunque también podían desempeñar funciones de carácter militar.

Alfonso X fortaleció la institución de las Cortes, generalizada para los reinos de Castilla y de León. Convocó Cortes con gran frecuencia, por lo general para solicitar recursos económicos, imprescindibles para mantener su aspiración al imperio.

Pero la faceta más conocida del reinado de Alfonso X está vinculada con el mundo de la cultura. El historiador Robert Sabatino ha afirmado que el principal legado transmitido a la posteridad por Alfonso X fue “su patronato y su contribución personal a todas las ramas del saber y del arte”.

El monarca castellano-leonés abarcaba campos muy variados, como la astrología o la historia. En el terreno de la astrología, se hicieron durante el reinado de Alfonso X numerosas traducciones: el Libro de la ochava esfera, el Libro de las Armellas y el Libro del astrolabio redondo. Esa disciplina interesaba mucho en aquella época porque se partía de la idea de que los astros ejercían una notable influencia en los seres humanos.

Pero al mismo tiempo se llevó a cabo, durante el reinado de Alfonso X, una obra astronómica original. Fue un libro que publicaron dos expertos judíos, Ishaq ben Sid (o Sayyid) y Yehudé ben Mosé, que habían efectuado importantes observaciones en el firmamento de la ciudad de Toledo, entre los años 1263 y 1272. Los mencionados hebreos redactaron una obra que lleva el siguiente título: Tablas astronómicas alfonsíes.

En el ámbito de la Historia el rey impulsó la redacción de la Grande e General Estoria, que no pasaba del siglo I después de Cristo. Pero el trabajo de índole histórica más importante que se efectuó en tiempos de Alfonso X fue la denominada Primera Crónica General de España. Dicha obra, que percibe el término de España como un elemento unitario, ofrece, siguiendo la línea del famoso escritor visigodo Isidoro de Sevilla, varias “Laudes Hispaniae”.

Alfonso X estudia en la Primera Crónica General de España lo acontecido en la península ibérica hasta el reinado del monarca castellano Alfonso VIII, apoyándose para ello en los más significativos cronistas del pasado, como Lucas de Tuy y Jiménez de Rada, no deja de señalar el importante papel ejercido, aparte de los cristianos, tanto por los musulmanes como por los judíos.

Alude a la intervención de las tres religiones en el desarrollo de la Historia de España: “Ca esta nuestra Estoria de las Espannas general la levamos Nos de todos los reyes dellas et de todos los sus fechos que acaescieron en el tiempo pasado, et de todos los que acaescen en el tiempo present en que agora somos, tan bien de moros como de cristianos, et aún de judíos si acaesciese en qué”.

Su obra poética fundamental fueron “las Cantigas”, escritas en lengua gallega, porque la consideró más apropiada para la lírica.

Hay que destacar el decisivo papel que el Rey Sabio dio a la lengua castellana, en la cual se efectuaban las traducciones que se realizaban en la Escuela de Traductores de Toledo. En castellano se elaboraron las obras originales de aquel tiempo. La lengua castellana “fue literariamente normalizada en el siglo XIII”.

La Escuela de traductores de Toledo designa en la historia desde el siglo XIII, a los distintos procesos de traducción e interpretación de textos clásicos greco-latinos, que habían sido vertidos del árabe o del hebreo a la lengua latina sirviéndose del castellano como lengua intermedia o de las emergentes lenguas vulgares, principalmente al castellano.

La conquista en 1085 de Toledo y la tolerancia de los reyes leoneses y castellanos con musulmanes y judíos facilitaron este comercio cultural que permitió el renacimiento filosófico, teológico de España y luego de todo el Occidente cristiano.

En el reinando de Fernando III, rey de Castilla y de León, se compuso el Libro de los Doce Sabios (1237), resumen de sabiduría política y moral clásica pasada por manos «orientales». En la segunda mitad del siglo XIII el rey Alfonso X (rey de Castilla y de León), institucionalizó en cierta manera en Toledo esta «Escuela de traductores», centrada sobre todo en textos astronómicos, médicos y científicos.

Asimismo impulsó Alfonso X el cultivo de la música, de los juegos, en particular del ajedrez, e incluso de las artes plásticas, plasmadas tanto en el estilo gótico de inspiración francesa como en el arte de procedencia islámica.

El Studium Generale, germen de la universidad de Salamanca, instituido en 1218 por Alfonso IX de León, fue la primera institución educativa europea en obtener el título propiamente de Universidad, por la real cédula de Alfonso X el Sabio fechada el 9 de noviembre de 1252, posteriormente ratificada por la licentia ubique docendi de Alejandro IV en el año 1255.​ El rey Alfonso X fundó, en el año 1254, varias cátedras en la Universidad de Salamanca.

Una faceta muy interesante del reinado de Alfonso X fue la relativa a las relaciones con las minorías musulmanas y judías. Hubo una excelente comunicación entre las gentes de las tres religiones, sobre todo, en lo que se refiere al ámbito de la vida intelectual.

Lo peor que le sucedió en sus últimos años a Alfonso X fue la pugna abierta con su segundo hijo, Sancho que reclamaba el Trono castellano-leonés, frente a los derechos de los hijos y herederos de su hermano mayor, Fernando de la Cerda, que había fallecido unos años atrás.

Sancho IV, futuro monarca castellano-leonés, llegó a convocar unas Cortes en la villa de Valladolid, en el año 1282. En dichas Cortes Sancho reivindicó lo que él consideraba sus legítimos derechos al Trono de los reinos de Castilla y León.

Alfonso X murió en la ciudad de Sevilla en el año 1284. No obstante, antes de su fallecimiento, manifestó su voluntad de perdonar a su hijo Sancho, así como a todos aquellos naturales de sus reinos que le habían ofendido por una u otra vía.

Los restos mortales de Alfonso X fueron depositados en Santa María de Sevilla, cerca de los de su padre, Fernando III, y de los de su madre, Beatriz de Suabia.

OBRAS

El Fuero Real, 1252

Lapidario, 1253

Las Cantigas, 1257-1283

Espéculo

Libro de Astronomía, 1272

Primera Crónica General de España, 1276

Grande e General Estoria, 1280

Libro del axedrez, dados et tablas, 1283.

El reinado de Alfonso X conoció asimismo la publicación, por el franciscano fray Juan Gil de Zamora, de una interesante obra titulada Historia naturalis. En ella destacan las diversas referencias al mundo de la medicina, con alusiones frecuentes a médicos de la época griega, como por ejemplo Galeno, pero también a médicos árabes, entre ellos Avicena.

Galeno nacido en Pérgamo en 131 d.C. y estudió medicina en Corinto y Alejandría. Durante cuatro o cinco años, ejerció con gladiadores y adquirió una experiencia práctica sobre los traumatismos profundos. En Roma fue nombrado por Marco Aurelio cirujano del ejército. Se convirtió, después, en médico personal del emperador Cómodo y gozó del favor imperial hasta el fin de su carrera.

Cree que el mejor médico es también filósofo con formación en lógica y biología teórica. También se alzó contra la codicia de sus colegas, cuya vocación estaba motivada por el afán de lucro.

Su tesis sobre la circulación sanguínea gozaría de gran autoridad. Para él, la sangre se forma en el hígado tras la digestión de los alimentos. Las arterias contienen sangre y no aire como pensaba Erasístrato. La sangre arterial, cargada de espíritus vitales, sufre un movimiento rítmico que corresponde al pulso.

Avicena (980-1037 d.C.) fue médico, filósofo y científico musulmán, de nacionalidad persa por nacimiento.​ Escribió cerca de trescientos libros, con predominio de filosofía y medicina.

Destacan El libro de la curación y El canon de medicina, también conocido como Canon de Avicena. Sus discípulos le llamaban el más grande de los médicos, el Maestro por excelencia.

Tuvo una influencia capital, ya que presentó el pensamiento aristotélico ante los pensadores occidentales de la Edad Media. Sus obras se tradujeron al latín en el siglo XII, reforzando la doctrina aristotélica en Occidente aunque fuertemente influida por el pensamiento platónico.

 

ALFONSO DE LA CERDA. EL DESHEREDADO (1271–1333)

Alfonso era hijo del infante Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X, y de su mujer Blanca de Francia, hija de Luis IX de Francia. Junto con su hermano Fernando se les conoce en la historiografía como “los infantes de la Cerda”.

En noviembre de 1275, Fernando, el primogénito y heredero de Alfonso X, murió en Ciudad Real por lo que se planteaba el problema de la sucesión en el trono castellano. ¿La corona de Castilla debería recaer en el infante Sancho, segundo hijo de Alfonso X, o en Alfonso, hijo mayor del infante muerto?

Desde el punto de vista legal, ambas soluciones eran posibles. Siguiendo las leyes tradicionales, la corona correspondía al infante Sancho, quien para defender sus derechos buscó el apoyo de Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya.

Las Partidas de Alfonso X introdujeron un nuevo sistema sucesorio, llamado de primogenitura y representación, en virtud del cual el nieto, Alfonso, era preferido al tío, Sancho. Pero las Partidas no entrarán en vigor hasta el Ordenamiento de Alcalá de 1348. Poco antes de morir, Fernando de la Cerda nombró tutor de sus hijos al poderoso Juan Núñez de Lara, para que defendiera los derechos al trono de su primogénito.

Alfonso X vaciló en la resolución del problema sucesorio y lo agravó, a punto de provocar un conflicto internacional, ya que Francia y Aragón apoyaban la candidatura de Alfonso de la Cerda.

En las Cortes de Burgos de 1276 salió fortalecida la candidatura de Sancho. En su favor jugó la experiencia política y su capacidad militar, demostrada en la lucha contra los benimerines, así como el fuerte arraigo popular del derecho tradicional y el apoyo que le proporcionaron algunos nobles y concejos.

Durante el reinado de Alfonso XI, nieto de Sancho IV, en concreto en el año 1331, tuvo lugar la definitiva renuncia al Trono castellano-leonés de los infantes de la Cerda, herederos de Fernando, primogénito de Alfonso X el Sabio, quien falleció antes que su padre.


HISTORIA DE LA ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO

Entre los siglos XII y XIII se desarrolló la Escuela de Traductores de Toledo con un grupo de personas que trabajaron juntas y siguieron unos métodos comunes para trasladar a Europa la sabiduría de los antiguos griegos y los árabes.

Las universidades europeas conocían la cultura latina y, aunque se tenía conocimiento de los grandes filósofos griegos, no existían traducciones y se ignoraba el contenido de sus obras.

Los árabes, en su expansión por Bizancio, heredera de la antigua Grecia, tradujeron, estudiaron y conservaron las obras de estos autores. Finalmente las trajeron hasta la Península Ibérica junto con la valiosísima cultura que ellos habían creado.

Toledo fue la primera gran ciudad reconquistada por los cristianos en 1085. En ella existían bibliotecas y sabios, que conocían la cultura que los árabes habían traído de Oriente y de la que ellos mismos habían hecho florecer en la Península Ibérica.

Además en la ciudad había una importante comunidad de doctos hebreos y de intelectuales cristianos europeos. Todos fueron acogidos por el cabildo de su catedral, generando una atmósfera cultural que convierte a Toledo en la mediadora cultural entre Oriente y el Occidente en la época.

La Escuela de Traductores de Toledo tuvo dos periodos separados por una fase de transición. El primero fue el del arzobispo don Raimundo que, en el siglo XII, impulsó la traducción de obras de filosofía y religión del árabe al latín. Gracias a su labor, las universidades europeas iniciaron su despegue cultural.

Se tradujeron libros de Aristóteles comentados por filósofos árabes como Avicena, de autores hispano-judíos como Ibn Gabirol, y se tradujeron el Corán y los Salmos del Antiguo Testamento.

Por otra parte, en esta fase se empieza a recibir la ciencia oriental en Europa, a través de las traducciones de obras que sirvieron de manuales para los universitarios hasta el siglo XVI: el Canon de Avicena y el Arte de Galeno. La astrología, astronomía, y la aritmética se enriquecen igualmente al ser traducidas al latín las obras de Al-Razi, Ptolomeo o Al- Juwarizmi.

En el siglo XIII, con el rey Alfonso X, comienzan las traducciones de tratados de astronomía, física, alquimia y matemáticas. La recepción de un caudal de conocimientos tan enorme fructifica en la composición, a instancias del rey, de obras originales como el Libro de las Tablas Alfonsíes. Se tradujeron tratados de Azarquiel, de Ptolomeo y de Abu Ali al-Haitam, pero también obras recreativas como los Libros del ajedrez, dados y tablas y recopilaciones de cuentos para la literatura occidental como Calila e Dimna y Sendebar.

En esta segunda fase las traducciones ya no se hacen al latín, sino al castellano, desarrollándose el idioma para abordar temas científicos que hasta entonces sólo habían sido tratados en latín.

Los métodos de traducción evolucionaron con el tiempo. En un primer momento, un judío o cristiano conocedor del árabe traducía la obra original al castellano de forma oral ante un experto conocedor del latín que, a continuación, iba redactando en esta lengua lo que escuchaba. Más tarde, en la época de Alfonso X, los libros fueron traducidos por un único traductor conocedor de varias lenguas, cuyo trabajo era revisado al final por un enmendador.

Alfonso X, impulsor de la Escuela de Traductores de Toledo, fue un monarca polifacético interesado por multitud de disciplinas de la época: las ciencias, la historia, el derecho, la literatura, etc. Su labor consistió en dirigir y seleccionar las obras y a los traductores, revisar su trabajo e impulsar la composición de nuevos tratados. Se rodeó de sabios musulmanes y judíos, fue mecenas de eruditos y trovadores y a él se debe, en gran parte, el florecimiento de la cultura en esta época.

Meritoria fue también la tarea una larga lista de traductores como: Gerardo de Cremona, Domingo Gundisalvo, Abraham Alfaquí y otros muchos que, con sus conocimientos lingüísticos y su formación científica, asentaron en Europa las claves de un posterior desarrollo científico e intelectual.


BIBLIOGRAFÍA

M. A. Ladero Quesada, “Aspectos de la política económica de Alfonso X”, Revista de la Facultad de Derecho. Universidad Complutense, (1985);

C. Estepa, “La política imperial de Alfonso X: Esbozo de una posible ideología política alfonsina”, en Homenaje a Marcelo Vigil Pascual, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989.

C. de Ayala y F. J. Villalba, “Las Cortes bajo el reinado de Alfonso X”, en Las Cortes de Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1990;

Márquez Villanueva, El concepto cultural alfonsí, Madrid, Mapfre, 1994;

J. O’Callaghan, El Rey Sabio. El reinado de Alfonso X de Castilla, trad. española, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1996;

M. Rodríguez Llopís (coord.), Alfonso X. Aportaciones de un rey castellano a la construcción de Europa, Murcia, Editora Regional de Murcia, 1997;

J. Valdeón, Alfonso X el Sabio. La forja de la España moderna, Madrid, Temas de Hoy, 2003; H. S. Martínez, Alfonso X el Sabio. Una biografía, Madrid, Polifemo, 2003;

C. de Ayala, “Relaciones de Alfonso X con Aragón y Navarra”, en Revista de Estudios Alfonsíes, 4 (2004-2005), págs. 101-146; M. González Jiménez, Alfonso X el Sabio, Barcelona, Ariel, 2004.

Real Academia de la Historia

uclm.es

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Las obras de la Biblioteca y Museo Arqueológico Nacionales, se iniciaron en 1866 por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón y fueron continuadas en 1885 por el cántabro Antonio Ruiz de Salces.

En 1891, la Real Academia de Bellas Artes convocó un concurso público entre escultores españoles, en el que se fijaban los temas y las dimensiones de todas las obras que debían ornamentarlos.

Este concurso, como todos los de la época, solicitaba a los artistas de los bocetos escogidos que realizasen una réplica en yeso a tamaño natural, que se juzgaba al ser observada en su destino antes de ser premiada y tallada de forma definitiva.

José Alcoverro Amorós (1835–1910) fue el artista ganador para la escultura de Alfonso X El Sabio, así como la de San Isidoro con la que hace pareja flanqueando la escalinata de la entrada a la Biblioteca Nacional, y la de Alonso Berruguete que se halla en el Museo Arqueológico.

Este escultor tarraconense, afincado en Madrid, era discípulo de José Piquer y autor de las estatuas del Padre Piquer, en la plaza de las Descalzas, y de Agustín Argüelles, antes situada en la calle de la Princesa, en el barrio que lleva su nombre, y ubicada ahora en pintor Rosales.

Es una estatua sedente del rey, sobre un asiento medieval, con gran monumentalidad y fuerza expresiva, a sugerencia de la Academia, que prefirió esa posición en lugar del pedestal arquitectónico que había propuesto el autor.

Se labró en mármol blanco italiano, respetando las medidas que había dictado la Academia. Por la escultura de Alfonso X, Alcoverro cobró 17.500 pesetas.

La escultura de Argüelles (1902) se trasladó a la Plaza del Marqués de Cerralbo, en el encuentro de la calle Ferraz con el Paseo del Pintor Rosales en 2011.

Ahora la escultura está en las inmediaciones del Templo de Debod. En 1968, el Speos de Abu Simbel fue reubicado en una colina artificial, construida en terrenos próximos situados sobre el nivel del futuro lago Nasser, para evitar que quedaran sumergidos, tras la construcción de la presa de Asuán, por el embalse formado por las aguas del río Nilo.

El gobierno egipcio, en agradecimiento por la colaboración internacional, le regaló a la ciudad de Madrid y fue transportado y reconstruido piedra a piedra y abierto al público en su actual ubicación en 1972. La reconstrucción ha mantenido la orientación de su lugar de origen de este a oeste.

Escultura de Alfonso X, 1892, escalinatas de la Biblioteca Nacional, Madrid

Escultor: ALCOBERRO Y AMORÓS, José

Alfonso X El Sabio

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Pedro III de Aragón

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Pedro III de Aragón. El Grande (1240 – 1285)

Pedro III Rey de Aragón

Pedro III de Aragón. El Grande (1240 – 1285)

Valencia, 7.8.1240 – Villafranca del Penedés, Barcelona, 11.XI.1285.

Rey de Aragón y de Valencia, conde de Barcelona.

Pedro III de Aragón, I de Valencia y II de Cataluña, nació en Valencia en el verano de 1240, siendo el primer hijo varón de Jaime I y de su segunda esposa, Violante de Hungría. Era el segundo en la línea sucesoria, ya que la Corona correspondía a su primogénito Alfonso, hijo del primer matrimonio del rey.

Las malas relaciones de Jaime I con su hijo Alfonso y la ambición de Violante favorecieron a Pedro, a quien en 1241 Jaime I, en el primero de los repartos que desmembraron la Corona de Aragón, le reservó Valencia, Mallorca y los señoríos al norte de los Pirineos.

Tras la muerte de la reina Violante en 1251, la formación del infante Pedro quedó en manos de los nobles, especialmente de los catalanes, que le instruyeron en el manejo de las armas, la caza, las letras y la cultura de trovadores, escribiendo el rey poemas durante toda su vida.

En 1257 Jaime I le nombró procurador general del Principado de Cataluña, adquiriendo un importante peso político, frente a su hermano Alfonso, gobernador de Aragón.

Al fallecer Alfonso sin descendencia, Pedro se convirtió en el heredero y futuro rey de Aragón y Valencia, y conde de Barcelona, quedando para Jaime, el hermano menor, Mallorca, Rosellón, Cerdaña y otros señoríos al norte de los Pirineos.

En Montpellier, en 1262, a los veintidós años, contrajo matrimonio con la princesa siciliana Constanza Staufen, hija del rey Manfredo y nieta del emperador alemán Federico II. Este hecho abrió el Mediterráneo central a la expansión de la Corona de Aragón.

Con Constanza tuvo cuatro hijos y dos hijas:

1. Alfonso, el sucesor;

2. Jaime, que fue rey de Sicilia y luego de Aragón (Jaime II);

3. Fadrique, también rey de Sicilia,

4. Pedro, casado con Guillermina de Moncada, hija de Gastón, vizconde de Verán, que murió sin hijos en 1296,

5. Santa Isabel, reina de Portugal al casarse con don Dionís,

6. Violante, esposa de Roberto, rey de Nápoles.

En la administración hay que señalar el importante papel que la minoría judía desempeñó durante buena parte del reinado de Pedro el Grande, siguiendo la trayectoria de su padre, Jaime I, con el que se había iniciado el auge de los funcionarios judíos.

A pesar de las prohibiciones eclesiásticas dictadas en el IV Concilio de Letrán en 1215, que prohibía que los judíos desempeñaran cargos públicos y de gobierno, Jaime I y Pedro III no dudaron en utilizar a personajes de esta religión para el ejercicio de funciones político-administrativas.

También fueron recaudadores de impuestos, médicos, embajadores y grandes traductores debido a su conocimiento de la lengua árabe. Toda esta “edad del oro” judía se terminó cuanto Pedro III en 1283-1284 se vio obligado a aprobar el Privilegio General de Aragón y el Recognoverunt próceres de Barcelona, donde se contenían disposiciones legislativas que prohibían a los judíos ejercer cargos de gobierno, lo que supuso su separación de las funciones de gobierno en los Estados de la Corona de Aragón.

En el campo de la cultura, Pedro III tuvo fama de ser un excelente trovador y su extraordinaria personalidad ha hecho que pasara a la historia con el calificativo de “Grande”, y de ella se hicieron eco los propios cronistas de la época.

Las gestas del Monarca generaron un ciclo poético que duró hasta el Romanticismo, siendo objeto de multitud de poemas, de alabanza o denigratorios, por parte de los trovadores, mientras que Dante dijo de él: “de todo valor estuvo ceñido su corazón”; apareciendo en la famosa novela de caballerías Curial y Güelfa, y hasta el mismo Shakespeare se hizo eco de sus gestas.

Al morir Jaime I, en 1276, Pedro III subió al trono con más de treinta años y una amplia experiencia política. Conocía bien sus reinos, se había entrevistado con su cuñado, el rey de Castilla Alfonso X, y en París había visitado a Felipe III, viudo de su hermana Isabel, extendiendo su gestión diplomática hacia el Mediodía francés, Castilla y el Mediterráneo, donde cosecharía sus mejores frutos.

Pedro III, tras firmar una tregua de tres meses con los mudéjares sublevados en el Reino de Valencia, a los que estaba combatiendo, se coronó en Zaragoza en noviembre de 1276, aunque no juró los fueros y privilegios tradicionales de la nobleza.

Regresó al Reino de Valencia, sometió diversos castillos y tuvo que rendir a la fuerza el de Montesa, terminando la revuelta de 1277, antes de que granadinos y norteafricanos pudieran socorrer a los mudéjares. En el futuro ya no hubo más levantamientos.

Los problemas para Pedro el Grande estaban en el interior de sus Estados y se derivaban de los continuos choques que había tenido con la nobleza feudal, pues desde joven fue un celoso defensor de la dignidad real frente a la oligarquía aristocrática, deseosa de someter a la Monarquía.

Los nobles catalanes, que en muchos casos eran bandoleros, no querían al infante Pedro, porque era el encargado de reprimir los desmanes de los nobles, y así intervino en la contienda desarrollada en el condado de Urgel; capturó, hacia 1271, al noble catalán Ramón Guillem de Odena y lo hizo ahogar en el mar, mientras que el río Cinca fue el escenario donde pereció ahogado el bastardo real, Fernando Sánchez de Castro, por orden del infante Pedro.

La pacificación del Reino de Valencia provocó el descontento de los catalanes, cuyos privilegios no había jurado. A ello se añadió la cuestión del impuesto del bovaje, pagado sólo en Cataluña, que el rey necesitaba con urgencia para sofocar la revuelta.

El bovaje era un impuesto que gravaba a la población según la riqueza de sus habitantes y se justificaba y utilizaba para financiar la guerra. La consolidación de este impuesto permite comprender cómo los condados catalanes fragmentados se articularon en un Estado feudal a partir de la segunda mitad del siglo Xll.

Su autoritarismo exigió el pago de este impuesto sin respetar la costumbre de solicitarlo en las Cortes, como era preceptivo. Aceptar su pago era reconocer que el rey estaba por encima de la ley y el bovaje pasaba a ser un gravamen ordinario.

Los catalanes se negaron a pagarlo y una parte de la nobleza se rebeló contra el rey (1277-1278). Pedro III reunió a los nobles fieles de Valencia y Cataluña y sitió a los rebeldes en Balaguer que se rindió el 11 de julio de 1280. Los vencidos, presos un año y castigados con fuertes multas, colaboraron en el futuro en las empresas de la Monarquía.

Pero la nobleza aprovechó las dificultades de la Corona para obtener a través de las Cortes parcelas de poder. La paz interior permitió a Pedro el Grande dedicar sus esfuerzos hacia el exterior y preparar la empresa de Sicilia.

Quedaba por resolver la situación jurídica del rey de Mallorca con respecto al rey de Aragón, al que se resistía a prestar homenaje. Jaime II de Mallorca se avino a reconocer que tenía sus estados en feudo del rey de Aragón, prometiendo ayudarle contra cualquier enemigo y que en el condado del Rosellón se guardarían las leyes de Cataluña y no circularía otra moneda que la catalana.

Pedro III reconoció, por su parte, la donación hecha por su padre, Jaime I, a su hermano en 1279. Este Tratado de Perpiñán, fruto del desequilibrio de poder entre la Corona de Aragón y el Reino de Mallorca, mantuvo el control político-económico sobre el Reino de Mallorca y restableció la unidad jurisdiccional de la Corona de Aragón, rota por el testamento de Jaime I.

En su política peninsular, su hermana Violante, reina de Castilla, con su nuera Blanca, viuda de Fernando de la Cerda, y sus nietos Alfonso y Fernando, se refugiaron en Aragón, tras el nombramiento del infante Sancho como sucesor al Trono, donde fueron bien recibidos por Pedro III y los infantes retenidos en el castillo de Játiva como prenda para futuras negociaciones.

En marzo de 1281 Pedro III reconoció a Sancho como heredero de Castilla y se acordó la conquista y el reparto del Reino de Navarra, que no se realizó, mientras que el infante Sancho atacaría a Juan Núñez de Lara, que tenía Albarracín por su mujer Teresa Álvarez, le quitaría la ciudad y se la entregaría al rey de Aragón.

De cara a las alianzas internacionales hay que referirse al matrimonio de la infanta Isabel de Aragón, santa Isabel de Portugal, con el rey Dionís de Portugal en 1281.

Con Inglaterra el 15 de agosto de 1282 se pactó el matrimonio del primogénito Alfonso de Aragón con la princesa Leonor, hija del monarca inglés.

Por lo que respecta a la política exterior, en 1276, Aragón tenía cerradas sus posibilidades de expansión peninsular por el Islam y por el Mediodía de Francia, fruto de la política internacional de Jaime I, que había generado un aislamiento, contra el que Pedro III iba a luchar, de acuerdo con sus planteamientos políticos.

La necesidad de expansión de la casa de Aragón y de la incipiente burguesía mercantil y marinera de sus Estados marcó la política exterior. El matrimonio en 1262 de Pedro III, con Constanza Hohenstaufen, hija de Manfredo, rey de Sicilia. Al morir éste y ser decapitado el heredero Conradino por Carlos de Anjou, conde de Provenza, en 1268, la isla pasó a poder del francés al serle concedida por el Papa en calidad de feudo pontificio. Pero Pedro III heredó los derechos de la familia Hohenstaufen.

Ante el enfrentamiento con los Anjou, Pedro III desplegó su diplomacia para hacer valer sus derechos, exigiendo al rey de Mallorca vasallaje, reteniendo en su poder a los infantes de la Cerda, sobrinos del rey de Francia y legítimos herederos del Trono castellano y negociando las alianzas matrimoniales con Portugal e Inglaterra.

Pedro el Grande a orillas del Mediterráneo combinó la diplomacia y la guerra. Este es el sentido que tienen las embajadas enviadas a Granada y Fez en 1276, buscando establecer buenas relaciones con las potencias musulmanas norteafricanas, para evitar que ayudaran a los mudéjares valencianos.

Pero el ataque a Andalucía del sultán meriní Abū Yūsuf en 1277 rompió la paz y la flota de Pedro III atacó Algeciras. Pedro III anunció que preparaba una expedición contra Túnez y en diciembre de 1281 solicitó del papa Martín IV la bula de cruzada, que le fue negada.

El 31 de marzo estallaron en Palermo unos tumultos, que se extendieron al resto de la isla y que duraron cerca de un mes, episodio que la historiografía conoce como las “Vísperas Sicilianas”. El levantamiento de los sicilianos provocó una gran mortandad de angevinos, que fueron desalojados de la isla, aunque Carlos de Anjou trató en vano de sitiar Mesina por mar.

El Papa se negó por segunda vez a ofrecer los subsidios solicitados por el rey de Aragón, que en agosto de 1282 aceptó la Corona de Sicilia que le ofrecieron los sicilianos. El 30 de agosto desembarcó en Trapani, dirigiéndose a Palermo, donde se coronó, y luego a Mesina, levantando el asedio de Carlos de Anjou, al que venció en la batalla naval de Nicotera.

La conquista de Sicilia se hizo por intereses dinásticos y contó con más apoyo catalán que aragonés, ya que los catalanes eran los más beneficiados por sus actividades comerciales.

Pedro III tuvo que enfrentarse con los Anjou, Francia, el papado y con sus propios Estados, en particular Aragón, que contemplaba la empresa siciliana como algo ajeno a sus intereses.

Sicilia, en manos del rey de Aragón, permitía el control de las principales rutas del Mediterráneo, era la clave de la ruta de Levante, muy potenciada tras el movimiento cruzado.

El comercio catalán recibió un gran impulso, gracias a los privilegios obtenidos de inmediato y a la exportación de cereales, casi en régimen de monopolio.

Pero Aragón se encontraba solo en el plano internacional, sin la posible alianza de Castilla, Inglaterra o el emperador de Alemania, todos ellos empeñados en mantener la paz con Francia y el papado.

El 9 de noviembre de 1282 el Papa excomulgaba a Pedro III y en enero de 1283 le desposeía formalmente de su Reino, que sería entregado, como vasallo de la Santa Sede, a quien ésta creyera oportuno. La lucha contra el rey de Aragón adquiría el carácter de cruzada.

Carlos de Anjou propuso resolver la cuestión y abandonó el sur de Italia, dejando en Nápoles a su hijo Carlos de Salerno. El 22 de abril llegó a Mesina Constanza de Suabia, la reina de Aragón, para asumir el gobierno de la isla.

El Parlamento acordó que Sicilia no se incorporara a la Corona de Aragón y el segundogénito, el infante Jaime, fue jurado sucesor y heredero del Reino de Sicilia.

El paso siguiente fue la guerra entre Aragón y Francia, en base a la excomunión papal de Pedro III y la donación de la Corona de Aragón a Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia, que fue investido el 27 de febrero de 1284.

Para estimular al monarca francés, el papa Martín IV dio a la guerra el carácter de cruzada. La situación fue muy grave para el rey de Aragón, ya que era una guerra en la que sus súbditos no veían beneficios y la consideraban una cuestión dinástica y no nacional.

La excomunión del rey, su separación legal del Trono y el enfrentamiento con el rey de Francia provocaron la rebeldía en Aragón, generando una violencia desconocida hasta entonces.

La exaltación de Cataluña, propició el recelo de los aragoneses, que buscaron defender sus privilegios, generando la primera revuelta nacionalista en Aragón: la Unión.

La guerra contra el moro había pasado a un segundo plano frente a la política internacional con los otros estados de la Cristiandad.

Los llamamientos para rechazar el ataque francés fueron desobedecidos y los nobles pidieron al rey sus reivindicaciones, que si no eran atendidas supondrían el abandono de la campaña. Las peticiones eran: mantenimiento de los privilegios, imposibilidad de exigir nuevos impuestos y un cambio en las formas de gobierno del rey que “no se aconsejaba de ellos, como los reyes pasados”.

Los juramentados se comprometían a ayudarse mutuamente si el rey procedía contra ellos. Es lo que se llamó Unión a fuero de Aragón.

Pedro III debía enfrentarse con un amplio movimiento, dirigido por la nobleza feudal, pero que englobaba a muchas villas y ciudades, y que ha sido interpretado como una exaltación de Aragón.

En las Cortes de Aragón, reunidas en Zaragoza en 1283, Pedro III tuvo que conceder el “Privilegio General”, cuyos 31 puntos se resumen en seis apartados:

1. Problemas de la nobleza, buscando los nobles mantener sus honores, regular el servicio militar, etc.

2. Administración central y local: sistema económico en contra del intervencionismo de la Corona y el establecimiento de monopolios;

3. Ataques al sistema fiscal, reclamando exención de impuestos y la imposibilidad de crear otros nuevos.

4. Se impulsan tres instituciones fundamentales: justicia de Aragón, el Consejo del Reino, integrado por representantes de todos los estamentos, y las Cortes.

5. También se incluyó la petición de la extensión del Fuero de Aragón en el Reino de Valencia, olvidando que Jaime I ya había dado sus Furs propios a este reino.

6. El Privilegio General fija legalmente la obligación del monarca de reunirse periódicamente con los aragoneses en Cortes.

Pedro III se les opuso con la ayuda de los valencianos. En las Cortes celebradas en Valencia en 1283 concedió a los valencianos fueros adaptados a su realidad social y económica, potenciando la personalidad jurídica de Valencia frente a los otros reinos, aunque la vigencia de los fueros aragoneses en parte del territorio mantuvo largo tiempo la pugna foral en estas tierras.

En diciembre de 1283 convocó Cortes catalanas en Barcelona para conseguir ayuda militar, que le fue concedida, aunque el rey hubo de conceder que las Cortes se reunirían en Cataluña anualmente y confirmó los Usatges catalanes y abolió el bovaje.

Carlos de Anjou murió el 7 de enero de 1285, viendo cómo fracasaba su obra, mientras que Pedro III se fortalecía con las alianzas de Castilla y de Eduardo I de Inglaterra en Sicilia.

En la intervención armada de Felipe III de Francia pesó mucho la situación del Reino de Navarra, en manos de su hijo, ya que Pedro III se había apoderado en 1284 de la región de Tudela y podía hacer lo mismo con el resto del Reino, por lo que se dispuso a la guerra. Contaba con la ayuda del rey de Mallorca, Jaime II, que entregó al francés las más importantes fortalezas del Rosellón.

Mientras tanto, en marzo de 1285, estalló en Barcelona una grave insurrección popular, que se enmarcaba en los movimientos sociales que por entonces se estaban dando en otras ciudades del Occidente europeo, siendo su protagonista Berenguer Oller.

La historiografía actual considera que la insurrección se debió a problemas sociales internos del pueblo contra el patriciado urbano. Pedro III, que estaba presidiendo Cortes aragonesas en Huesca, se dirigió con rapidez a Barcelona, detuvo a Berenguer Oller y lo hizo ahorcar el 25 de marzo, poniendo fin a la revuelta.

La cruzada contra el rey de Aragón estaba a punto de lanzarse contra Cataluña y para hacerle frente Pedro III esperó en Figueras al francés en abril de 1285. La flota aragonesa que operaba en Sicilia regresó a Cataluña para oponerse a la de Felipe III, quien sitió Gerona el 25 de junio.

Gerona se rindió, pero la mortandad, atribuida a las moscas salidas del sepulcro de san Narciso profanado por los franceses, y las dificultades de aprovisionamiento obligaron a Felipe III a retirarse, falleciendo en Perpiñán.

En octubre de 1285 Cataluña estaba libre. El siguiente paso de Pedro el Grande era confiscar el Reino de Mallorca, feudo de un vasallo traidor, Jaime II, tarea que encargó a su hijo, el infante Alfonso, pero su muerte el 11 de noviembre de ese año en Villafranca del Penedés le impidió ver el triunfo.

El rey manifestó su deseo de morir en el seno de la Iglesia y con el fin de obtener el perdón, ordenó que se devolviera al Papa el Reino de Sicilia, orden que no se cumplió y que no tenía otro objetivo que no morir excomulgado.

Ese año habían fallecido todos los protagonistas de esta primera etapa de la empresa siciliana: el papa Martín IV, Carlos de Anjou, Felipe III y Pedro III. Era el comienzo de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón y el fin de los sueños imperialistas de los Anjou.

Pedro III fue sepultado en el monasterio cisterciense de Santes Creus, por el que había mostrado particular predilección durante su vida, manifestando su deseo de ser enterrado allí. Fue depositado en una tumba provisional, hasta que se realizó el proyecto definitivo, una urna de pórfido, que se supone traída desde Sicilia por Jaime II, donde aún reposan sus restos.


SANTA MARÍA DE SANTES CREUS

El Real Monasterio de Santa María de Santes Creus (Santas Cruces) es una abadía cisterciense erigida a partir del siglo XII, que se encuentra en la provincia de Tarragona. En el siglo XIII, bajo el patrocinio de Pedro III de Aragón que expresó su deseo de ser enterrado en el monasterio, se construyó el panteón real, en el cual a su vez fue sepultado su hijo el rey Jaime II. Parte de la nobleza siguió esta costumbre medieval y escogió este lugar para su descanso eterno, consiguiendo el cenobio el tiempo de máximo esplendor y grandeza gracias a los numerosos donativos recibidos, hasta la decisión de Pedro el Ceremonioso en 1340 de instalar el panteón de la monarquía en el monasterio de Poblet.

En el año 1835, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, la comunidad abandonó el edificio. Fue declarado monumento nacional por real orden de 13 de julio de 1921. Es el único monasterio incluido en la Ruta del Císter en el que no existe vida monástica.

Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus

Fotografía de https://es.wikipedia.org/ Lancastermerrin88. Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus.

Sepulcros de los reyes Pedro III el Grande y de su hijo, Jaime II el Justo, ambos reyes de Aragón.


BIBLIOGRAFÍA

F. Soldevila, Pere el Gran, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans, 1950-1962;

L. González Antón, Las Uniones Aragonesas y las Cortes del reino. 1281-1301, Zaragoza, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Medievales, 1975;

E. Sarasa Sánchez, Las Cortes de Aragón en la Edad Media, Zaragoza, Guara Editorial, 1979;

B. Desclot, Crònica, en Les quatre grans cròniques, pról. y notas de F. Soldevila, Barcelona, Selecta, 1983;

J. M. Lacarra, “La Corona de Aragón. 1213-1336”, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. XIII/II, Madrid, 1990, págs. 93-316;

Real Academia de la Historia

Fotografía de Lancastermerrin88. Mausoleos reales del Monasterio de Santes Creus. En ellos se encuentran sepultados los reyes Pedro III el Grande, y su hijo, Jaime II el Justo, siendo ambos reyes de Aragón.

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Venecia, Ravenna … con visitas sorprendentes

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Venecia, Ravenna …

con visitas sorprendentes

Un viaje a Venecia es el sueño de muchas personas, no en balde es uno de los sitios más famosos y turísticos de Italia. Debido a su particularidad, uno de los temas que más preocupan a los viajeros es el tema del transporte en Venecia: como llegar hasta allí y cómo desplazarse en una ciudad con canales en vez de carreteras.


La ciudad flotante de Venecia, que está situada en el noreste de Italia está construida sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas, separadas por canales y unidas entre sí por 455 puentes. Este conjunto de islas se encuentra situado en la llamada laguna de Venecia, en el norte del mar Adriático.


Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con sus edificios históricos y sus magníficos canales es el objetivo de millones de personas cada año. Planificar un viaje a Venecia puede resultar abrumador por la cantidad de información que hay sobre este destino. Y una de las primeras cosas a tener en cuenta, es cómo llegar hasta Venecia, ya que al estar situada en un archipiélago las opciones de llegar hasta allí son algo diferentes a las del resto de ciudades que normalmente visitas.


Llegar a la Laguna de Venecia a bordo de un barco privado es una experiencia difícil de olvidar…

Dos visitas por las que no deberías perderte este viaje:

  • La entrada de la Basílica de San Marcos, principal Iglesia de Venecia. Es una obra maestra de arte bizantino, que atestigua las relaciones artísticas entre esta capital del Adriático y Constantinopla.
    Nunca hasta ahora habíamos tenido la oportunidad de incluir en este viaje la VISITA NOCTURNA, PRIVADA PARA NUESTRO GRUPO, de este singular monumento.

La Basílica de San Marcos es impresionante por el día, pero verla por la noche es algo completamente distinto. Solo permiten la entrada a una cantidad limitada de grupos pequeños, convirtiéndolo en una experiencia íntima y maravillosa. Nuestra guía irá explicando los muchos secretos de este emblemático lugar de culto y podremos maravillarnos con los impresionantes mosaicos, admirar el altar dorado e incluso hacer una visita exclusiva a la cripta.

¡Esta aventura comienza cuando la de miles de turistas acaba!

 

  • Visita a la Capilla Scrovegni.

La Capilla de los Scrovegni de Padua es una obra maestra absoluta del arte.   Hoy se puede visitar sólo en pequeños grupos y previa reserva.   Construida por deseo de un rico y potente usurero, Enrico Scrovegni, fue decorada con frescos realizados por Giotto en 855 días, entre 1302 y 1305.   Destinada a ser usada como capilla familiar aneja al deslumbrante palacio, construido sobre un anfiteatro romano del año 60 a.C., su interior presenta casi 1000 metros cuadrados de pinturas dedicadas al Antiguo y Nuevo Testamento.

RELACIÓN DE PRECIOS

POR PERSONA

GRUPO 20 A 25 PERSONAS

GRUPO 26 A 30 PERSONAS

HABITACION DOBLE

1.360,00€

1280,00€

SUPL. HABITACION INDIVIDUAL

340,00€

330,00€

 


Estos precios incluyen: 

  • Pasaje de avión de la compañía IBERIA, MADRID-VENECIA-MADRID, en clase turista.
  • Traslado en barco privado Aeropuerto-Hotel en Venecia.
  • Guía local de habla hispana para las visitas en Venecia los días 8 Y 9 de Septiembre.
  • Entradas al Palacio Ducal y Visita nocturna de la Basílica de San Marcos.
  • Entrada a la Galería de la Academia en Venecia.
  • Paseo en barco privado por el Gran Canal de una hora.
  • Estancia de dos noches en el Hotel Gorizia alla Valigia 3* en Venecia centro, en régimen de alojamiento y desayuno buffet, en habitaciones tipo estándar
  • Traslado en barco privado del Hotel al Tronchetto, donde espera el autocar.
  • Traslados en autocar privado: Tronchetto en Venecia-Ravenna-Padua- Venecia.
  • Tasas correspondientes a los permisos de entrada del autocar en Ravenna, Padua y Tronchetto en Venecia, así como dietas del conductor.
  • Estancia de dos noches en el Hotel Centrale Byron de Ravenna, en régimen de alojamiento y desayuno buffet, en habitaciones tipo estándar.
  • Tres almuerzos en restaurantes, con agua y café incluidos.
  • Entradas a San Vital, San Apolinar, Mausoleo de Gala Placidia y San Apolinar en Classe en Rávena
  • Entrada a la Capilla Scrovegni en Padua.
  • Tasa de estancia en Venecia y Ravenna: 4€ por persona y noche
  • Seguro de asistencia en viaje y anulación.
  • Asistencia de la Doctora en Historia del Arte Dña. M. Teresa García Pardo
  • Acompañamiento de personal de la Agencia durante todo el viaje.

 

No están incluidos:

  • Gastos de índole personal
  • En general, ningún otro servicio no indicado en el apartado anterior.

 

NOTA IMPORTANTE:


El presupuesto ha sido confeccionado para un mínimo de 20 personas que viajen conjuntamente, por lo que las reservas se confirmarán por riguroso orden de inscripción.

 


INFORMACION HOTELERA


– HOTEL GORIZIA ALA VALIGIA: http://www.hotelgoriziavenezia.it/es


– HOTEL CENTRALE BYRON: http://www.hotelsravenna.it/byron/ita

INSCRIPCION Y PAGOS:

.- Para la inscripción rogamos envíen un correo electrónico indicando nombre y apellidos de las personas que viajan a: grupos@hilasviajes.es


.- Un primer depósito de 400,00€ por persona el 17 Febrero 2020


.- Un segundo depósito de 300,00€ por persona el 01 Abril 2020


.- Un tercer depósito de 300,00€ por persona el 01 Julio 2020


.- Pago del saldo pendiente el día 25 Agosto 2020


Los pagos correspondientes pueden ser efectuados con tarjeta de crédito o bien mediante transferencia bancaria a la cuenta siguiente:


TITULAR:  HILAS VIAJES


BANCO:  SABADELL


CUENTA IBAN: ES70 0081 0572 3500 0145 3150

 

Organización Técnica:


HILAS VIAJES S.L.


C/ Fernán González, 44


28009 MADRID


Persona de Contacto: Natividad Areces


Teléfono móvil: 670 793 713

 

CONDICIONES DE CANCELACIÓN


Para todos los servicios, las condiciones de anulación son las siguientes:


a) Hasta el 01 de Abril Sin gastos


b) Del 01 de Mayo al 15 de Junio: 20%


c) Del 16 de Junio al 15 de Agosto: 50%


d) A partir del 16 de Agosto: 100%

TODA LA INFORMACIÓN EN EL PDF

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