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Constituciones Españolas: de 1812 a 1978

María Teresa García Pardo

Doctora en Historia del Arte

Constituciones Españolas: de 1812 a 1978

 

Constituciones-Españolas

 

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CONSTITUCIONES HISTÓRICAS ESPAÑOLAS

1. Constitución de Cádiz, de 19 de marzo de 1812

   Vigencia: desde 1812 hasta 1814.

   Desde 1820 hasta 1823.

   Desde 1836 hasta 1837

2. Constitución de 18 de junio de 1837

   Vigencia: desde1837 hasta 1845

3. Constitución de 23 de mayo de 1845

   Vigencia: desde 1845 hasta 1868

4. Constitución de 6 de junio de 1869

   Vigencia: desde 1869 hasta 1873

5. Constitución de 30 de junio de 1876

   Vigencia: desde 1876 hasta 1923

6. Constitución de 9 de diciembre de 1931

   Vigencia: desde 1931 hasta 1939

7. Constitución de 6 de diciembre de 1978

   Vigencia: Hasta el momento actual (2019)

Desde el 3 de diciembre de 2018 hasta el 31 de mayo de 2019 se pueden contemplar los ejemplares originales de las constituciones, firmados por los diputados y senadores, que se conservan en el Archivo del Congreso de los Diputados.

La exposición, conmemorativa del 40 aniversario, está situada en la Carrera de San Jerónimo 36, Madrid.

 

EL CONGRESO EN EL TEATRO REAL (1841-1850)

El Congreso de los Diputados es un edificio neoclásico, construido entre 1843 y 1850, por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer.

Su fachada principal está compuesta por un pórtico clásico con seis columnas corintias. Al final de la escalinata se encuentra una puerta de bronce, realizada por José María Sánchez Pescador; a ambos lados de la escalinata están situados los leones, obra de Ponciano Ponzano, fundidos en bronce en la Maestranza de Sevilla en 1866.

Hasta 1850 las Cortes no tuvieron una ubicación estable.

El Congreso de los Diputados y el Teatro Real comparten su historia entre 1841 y 1850.

Durante nueve años, el Salón de Baile del Teatro de Oriente se convirtió en Salón de Sesiones para que los parlamentarios continuaran su trabajo legislativo mientras se realizaban las obras de construcción del nuevo Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Durante la primera mitad del siglo XIX fueron ocupando conventos, iglesias y teatros, debido a la invasión napoleónica y a Fernando VII y su actitud cambiante hacia la Constitución.

El espacio para reunir a los diputados y la acústica necesaria para que todos los presentes pudieran atender a los discursos de los oradores eran los principales motivos por los que se optaba por recintos religiosos o por teatros.

En 1841 el Congreso de los Diputados se traslada desde el ruinoso Convento del Espíritu Santo, sobre el que se construirá el Palacio de las Cortes, al Salón de Baile del Teatro Real.

Allí celebraron sus sesiones durante los nueve años que duran las obras en la Carrera de San Jerónimo.

En 1814, cuando las Cortes se trasladan de Cádiz a Madrid, ocuparon unos meses el Teatro de los Caños del Peral, sobre cuyo solar se colocará en 1818, la primera piedra del Teatro Real.

El Estatuto Real de 1834 diseña un modelo bicameral:

1. El Estamento de Próceres, que se instala en el Convento de Dª María de Aragón, que pasaría a denominarse posteriormente Senado.

2. El de Procuradores, que se establece en el Convento del Espíritu Santo de la Carrera de San Jerónimo.

El edificio fue remodelado por el arquitecto Tiburcio Pérez Cuervo para uso civil, pero en la reconstrucción surgen problemas de humedad y filtraciones de agua en sus cimientos.

La Reina María Cristina de Borbón, acompañada de su hija Isabel II, menor de edad, presta juramento el 18 de julio de 1837 en el Salón de Sesiones, que recuerda el ábside del antiguo Convento.

En verano de 1841, bajo la Constitución de 1837, el Congreso de los Diputados se traslada por la amenaza de ruina del edificio.

El presidente Agustín Argüelles nombra una comisión, formada por los diputados Ignacio López Pinto y Agustín Fernández Gamboa junto con el arquitecto del Congreso Juan Pedro Arregui y Juan José Sánchez Pescador, para que emitan un dictamen sobre el estado del antiguo Convento y la necesidad de buscar una nueva ubicación con el menor gasto posible.

El 8 de junio se decide que el Congreso celebre sus sesiones de forma provisional en el gran Salón de Baile y demás oficinas del Teatro de Oriente. En los nueve años durante los que se prolongaron las obras del nuevo Palacio de la Carrera de san Jerónimo los diputados realizan sus trabajos en el “Salón de Baile”.

 

TEATRO REAL (1818-1850)

DE SALÓN DE BAILE A SALÓN DE SESIONES

El Teatro empezó a construirse tras el derribo, en 1818, del viejo Teatro de los Caños, y en su mismo solar fue terminado en 1850.

Cuando en 1841, llegó de modo provisional la sede de las Cortes, solo estaba acabada la parte que daba a la plaza de Isabel II.

El edificio tiene dos cuerpos. La planta baja estaba adornada con un pórtico de granito con seis columnas y cinco ingresos a través de arcos de medio punto que pueden verse.

La segunda planta, más pobre, tenía cinco balcones, que correspondían a los lunetos de la bóveda del salón de baile.

El Salón de Baile, de planta rectangular con alta bóveda, se habilitó para salón de sesiones, desde la primavera de 1841, hasta 1850, año en el que se concluyó el Teatro de Oriente y el actual Palacio de las Cortes, tal y como se relata en la publicación: Las Cortes Españolas, del escritor y letrado Gaspar Gómez de la Serna (1971).

“Para reforzar la gravedad del lugar, se cubrieron con gasa los espejos y se colocó la mesa del presidente en el testero correspondiente a la fachada de la Plaza de Isabel II”.

En 1943 se mejoró el aspecto del salón y de las oficinas contiguas, aderezándolas más de acuerdo con su destino en vista de la lentitud que llevaban las obras del nuevo Palacio de las Cortes.

La Presidencia se colocó entonces en el testero norte del salón y se mejoraron las instalaciones y mobiliario para la comodidad y el trabajo de los señores diputados”.

En su Historia del Teatro Real, Joaquín Turina indica que “la decoración del mismo es prolija en ricas telas con las que se adornan los paramentos, arañas y candelabros para su iluminación. La adecuación para salón de Cortes fue sin duda transformar su aspecto en un espacio más serio, cubriendo espejos y eliminando algunos elementos del que se denominó Gran Salón de Oriente”.

El letrado de las Cortes Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui recogió estos pormenores en su monografía titulada: En un lugar de las Cortes… El Congreso: trashumancia, nomadismo y destierro hasta lograr sede fija en Madrid en 1850, en la que al repasar las distintas sedes de la institución parlamentaria, dedica un capítulo a este periodo, que denominado “décimo escenario”: el Teatro de los Caños del Peral o de Oriente, hoy Teatro Real, en Madrid.

“…Siendo la edificación mayor de la primera mitad del siglo XIX, el Teatro Real sirvió como Salón de Baile, cuartel de la Guardia Civil y espacio de reunión de los diputados.

La gran cantidad de salas alrededor de la sala teatral así lo permitió, especialmente el salón que mira a la Plaza de la Opera y que sirvió hasta hace poco para los conciertos del Conservatorio…”.

Durante estos nueve años, hubo 13 presidentes y 54 leyes.

El traslado al Teatro de Oriente se efectúa el 22 de junio de 1841 y la legislatura finalizaría el 24 de agosto del mismo año.

Durante las siguientes legislaturas se sucedieron 13 presidentes de la Cámara, desde Agustín Argüelles hasta Luis Mayans, que ejercieron su mandato bajo la Constitución de 1837 y la de 1845.

Aunque las sesiones solemnes, como la jura de la Constitución de la Reina Isabel II, en noviembre de 1843, se celebraban en el Palacio del Senado, durante ese periodo los diputados debatieron y aprobaron en el Salón de Baile del Palacio de Oriente un total de 54 leyes y disposiciones legales, y elaboraron la Constitución de 1845.

En este periodo surge la creación oficial de la Guardia Civil cuando, por Real Decreto aprobado el 28 de marzo de 1844 y publicado días después en la Gaceta de Madrid, se crea un “cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería”.

Durante la estancia del Congreso en el Teatro se aprueba, en marzo de 1846, la Ley Electoral que regula la elección de diputados a Cortes para las elecciones del 6 de diciembre de 1846.

En noviembre de 1849 se aprueba la Ley sobre arreglo de pesas y medidas, que unificaba los criterios en “todos los dominios españoles” y establecía que “la unidad fundamental de este sistema será igual en longitud a la diezmillonésima parte del arco del meridiano quo va del polo Norte al Ecuador, y se llamará metro”.

El 31 de octubre de 1850, con Isabel II como Reina, se inaugura el nuevo palacio de la Carrera de San Jerónimo en la sesión regia de apertura de las Cortes, para la legislatura de 1850 a 1851.

El 19 de noviembre se inauguraría el Teatro Real, coincidiendo con la onomástica de la Reina Isabel II.

 

EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

El Congreso de los Diputados, en la Plaza de las Cortes, ha ido creciendo en los últimos años, a medida que aumentaban las funciones desempeñadas por la Cámara, hasta convertirse, a partir de la constitución 1978, en el centro de la vida política nacional.

Está formado por siete edificios:

1. Edificio de Palacio,

2. Edificio Ampliación I,

3. Edificio Ampliación II,

4. Edificio Ampliación III,

5. Edificio Ampliación IV,

6. Edificio Plaza Cortes 9 y

7. Edificio Institucional,

Tiene una superficie total construida de 88.691,45 m2.

El primer edificio se construyó entre 1843 y 1850 y fue inaugurado el 31 de octubre de 1850 por la Reina Isabel II según el proyecto del arquitecto don Narciso Pascual y Colomer (1801-1870) en estilo Neoclásico.

La documentación sobre la construcción de este edificio se conserva en el Archivo de la Cámara en las series de Obras de Palacio y Gobierno Interior.

De estilo neoclásico, tiene una fachada principal, con un amplio pórtico compuesto de seis grandes columnas corintias que sirven de base a un frontón triangular clásico con un bajorrelieve en el tímpano de Ponciano Ponzano:

· Representa a España abrazando a la Constitución,

· Rodeada de la Fortaleza, la Justicia, las Bellas Artes, la Armonía, el Comercio, la Agricultura, los Ríos y Canales de navegación, el Valor español, las Ciencias y la Abundancia y la Paz.

· Detrás de las columnas hay una gran puerta de bronce para la entrada del Rey y para la entrada del pueblo con ocasión de las Jornadas de Puertas Abiertas.

· Al pie del pórtico y de las seis columnas se accede por una escalinata de granito, en cuyos lados figuran dos grandes leones de bronce, de Ponzano.

En la planta baja del edificio están las estancias más representativas:

· El Salón de Sesiones,

· El Salón de Conferencias o de “Pasos perdidos”,

· Los despachos de Presidencia, la Sala de Ministros y la Biblioteca.

El Salón de Sesiones es de planta semicircular. Mide 110 pies de diámetro y 40 de testero, estando cerrado por una bóveda de 50 metros de altura.

En el testero figura un amplio dosel adornado con el escudo nacional. A ambos lados se hallan las estatuas de los Reyes Católicos, en mármol blanco de Carrara, ejecutadas por José Panuchi (Isabel la Católica) y Andrés Rodríguez (Fernando el Católico).

Más allá de éstas se encuentran dos lienzos:

· a la izquierda, uno de Gisbert, que refleja a la reina María de Molina presentando a su hijo, el infante Don Fernando, a las Cortes de Valladolid,

· a la derecha hay otro, de Casado del Alisal, que recoge el juramento de los primeros Diputados de las Cortes de Cádiz.

Al nivel de la bóveda, hay cuatro cariátides de Sabino Medina que simbolizan:

· las Ciencias,

· el Comercio,

· la Marina y

· la Agricultura.

En los dos ángulos superiores se contemplan dos pinturas triangulares de Carlos Luis de Ribera, una representando al Decálogo y otra al Evangelio.

Delante de la Presidencia, se halla la tribuna de oradores, donde pronuncian sus discursos los Diputados y miembros del Gobierno.

La mayor parte del salón está ocupada por los 580 escaños de los Diputados, en forma semicircular.

En un segundo nivel, y por encima de algunos escaños, figuran las tribunas del Cuerpo Diplomático, Prensa y Tribuna Pública.

La bóveda es de Carlos Luis de Ribera, en la que se representa a Isabel II en su trono con la Constitución, rodeada de personajes históricos españoles:

· El Cid,

· Cristóbal Colón,

· Cervantes, etc.

A ambos lados de esa pintura figuran dos grandes espacios dedicados a las cuatro virtudes cardinales.

Uniendo estos espacios se disponen cuatro cuadros recogiendo la historia de la legislación: legisladores de la época greco-romana, época goda, de la época aragonesa y de la época de la restauración.

La pieza de unión entre el vestíbulo de la puerta principal y el Salón de Sesiones es el Salón de Conferencias, de planta rectangular, conservado con fidelidad: estucos de muros, suelos de mármoles de distintos puntos de la Península, techos pintados en dos cuerpos sucesivos, dos grandes arañas de apliques en dos alturas, etc.

Su techo se cierra con un gran lucernario de vidriera artística.

En el centro se ubica una mesa de estilo imperio, con adornos de bronce y nácar y tablero de ágata, regalo de Isabel II al Palacio.

En los ángulos figuran cuatro bustos de:

· Martínez de la Rosa, por Ponciano Ponzano;

· Argüelles, por Sabino Medina;

· Conde de Toreno, por José Piquer,

· Mendizábal, por José Grajera.

La bóveda de este salón, pintada por Vicente Camarón, está dividida en varios compartimentos.

La estatua de Isabel II está realizada por José Piquer y Duart.

El Vestíbulo principal se halla entre el Salón de Conferencias y el acceso al pórtico de la Carrera de San Jerónimo. Es de forma elíptica, decorado con estucos imitando mármoles de colores y bóveda de casetones.

A la izquierda del Vestíbulo se encuentra el Gabinete de los Ministros, donde se celebran las reuniones de la Mesa del Congreso de los Diputados.

La Biblioteca de la Cámara es obra del arquitecto-conservador del Congreso, Arturo Mélida, de 1889. Consta de tres pisos con estantería general de cedro y caoba. Su sala de lectura tiene el techo decorado con una alegoría del templo de las leyes. La Biblioteca alberga más de 100.000 volúmenes.

La primera planta está ocupada por la Sala de reuniones de la Junta de Portavoces, denominada de Mariana Pineda porque en ella cuelga el cuadro pintado por Juan Antonio Vera y Calvo, y diversas salas y despachos de los miembros de la Mesa y del Jefe de la Oposición.

En sus pasillos figura el cuadro de Dióscoro de la Puebla sobre el “Compromiso de Caspe” y una galería de retratos de Presidentes de las Cortes o del Congreso de los Diputados desde 1810.

En la segunda planta se sitúan las dependencias de la Secretaria General de la Cámara y el Registro del Congreso de los Diputados.

 

CONSTITUCIONES ESPAÑOLAS: 1812 – 1978

Las Constituciones españolas originales se custodian en el Archivo del Congreso de los Diputados.

La página web presenta estudios divulgativos sobre cada una de las constituciones y enlaces a los textos de las mismas en el formato original manuscrito o en ediciones impresas.

Las constituciones españolas de los siglos XIX y XX son:

1. 1812

2. 1834 (Estatuto Real)

3. 1837

4. 1845

5. 1869

6. 1876

7. 1931

8. 1978

CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ DE 1812 – LA PEPA

La Constitución de Cádiz, aprobada el 19 de marzo de 1812, festividad de San José, conocida por eso como la Pepa, es la primera Constitución propiamente española, ya que el Estatuto de Bayona de 1808 no dejó de ser una “Carta otorgada” marcada por el sello napoleónico.

La Constitución se aprobó en el marco de la Guerra de la Independencia (1808 a 1814).

Fue la respuesta del pueblo español a las intenciones invasoras de Napoleón Bonaparte que, aprovechando los problemas dinásticos entre Carlos IV y Fernando VII, aspiraba a constituir en España una monarquía satélite del Imperio, como ya había hecho con Holanda, Alemania e Italia, destronando a los Borbones y coronando a su hermano José Bonaparte.

El levantamiento de los madrileños, el 2 de mayo de 1808, se unió finalmente en una Junta central Suprema, y después en una Regencia de cinco miembros, cuyos cometidos principales fueron la dirección de la guerra y la reconstrucción del Estado.

Había dos tendencias: seguir anclados en el Antiguo Régimen, o realizar una reforma influidos por las doctrinas y ejemplo de Francia.

La Regencia convocó reunión a Cortes en la Real isla de León, actual San Fernando de Cádiz, el día 24 de septiembre de 1810.

La designación de los Diputados se realizó de manera anómala por la situación del país. Su aportación fue la Constitución de 1812.

Cartera de terciopelo rojo - 1812 - Click para agrandar

Cartera de terciopelo rojo con cordones de seda roja y borlas que penden de las esquinas, con cerradura de metal plateado,

probablemente utilizada para transportar la Constitución de Cádiz de 1812 (390 x 330 x 95 mm.) Federico Reparaz

 

La constitución de 1812 enlazaba con las Leyes tradicionales de la Monarquía española pero, incorporaba principios del liberalismo democrático como a soberanía nacional y la separación de poderes.

La soberanía, poder pleno y supremo del Estado, que hasta entonces había correspondido al Rey, pasa ahora a la Nación, representado por los diputados.

La separación de poderes, la más rígida de nuestra historia, siguió el modelo de la constitución francesa de 1791 y la de los Estados Unidos, lo que impidió un régimen parlamentario en España.

La Constitución no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos, como la libertad personal o el derecho de propiedad.

Sin embargo, el texto proclama a España como Estado confesional, no reconociendo la libertad religiosa.

En lo que a los órganos constitucionales se refiere, la Constitución de Cádiz dedicaba atención especial a las Cortes, al Rey y a sus Secretarios de despacho o Ministros.

Las Cortes se organizaban en una Cámara única, por temor a que el clero y la nobleza obstaculizasen la renovación política, social y económica que se pretendía operar.

Los diputados a Cortes eran elegidos mediante sufragio indirecto, siendo necesario para ser candidato poseer una renta anual procedente de bienes propios, con lo cual, el Parlamento quedaba en manos de las clases acomodadas.

En los poderes del Rey hubo modificaciones sustanciales. El monarca ahora lo era por la gracia de Dios y la Constitución.

Su poder se vio limitado, conservando una participación en el Poder legislativo, con una tímida iniciativa y un veto suspensivo así como la titularidad del Poder ejecutivo, aunque sus actos debían ser refrendados por los Secretarios de despacho.

Destacar en la Comisión Constitucional D. Diego Muñoz Torrero, Presidente de la misma, y D. Agustín Argüelles, que redactó el Proyecto de la Constitución y su discurso preliminar.

La Constitución de 1812 tuvo una vigencia efímera. Fernando VII la derogó a su vuelta a España en 1814, implantando el más férreo absolutismo durante seis años.

Tras el pronunciamiento de Riego en 1820, con las tropas que debían viajar a América para detener la emancipación, el Rey se vio obligado a jurar la Constitución de 1812, iniciándose así el Trienio liberal.

Con ello terminó la vigencia de la Constitución de Cádiz, pero no su influjo, que gravitó sobre la política nacional, directamente hasta 1868, e indirectamente, durante el resto del ciclo liberal.

Tuvo gran influencia fuera de España, tanto en América, en las constituciones de las viejas colonias españolas al independizarse, como en Europa, en la que durante años operó como un auténtico mito, influyendo en las ideas constitucionales portuguesas, en el surgimiento del Estado italiano e incluso en la Rusia zarista. 

Descarga de textos en pdf de alta calidad, almacenados en la web del congreso:

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ESTATUTO REAL DE 1834

La intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823 puso fin al Trienio liberal y dio paso a la llamada “Década Ominosa“, en la que Fernando VII recuperó plenos poderes desde 1823 a 1833, entroncando con el despotismo ilustrado de Carlos III.

La reacción antiliberal fue menos fuerte y ello provocó, en el marco de los problemas sucesorios, la división entre los “realistas puros”, descontentos de la moderación del régimen que apoyaron al hermano del Rey, Don Carlos María Isidro y aquellos que respaldaron a Fernando VII y su apertura moderada.

Tras la muerte del rey el 29 de septiembre de 1833, el 3 de octubre de ese año se hizo público su testamento, en el que nombraba a su viuda, María Cristina de Borbón, Gobernadora del Reino durante la minoría de edad de su hija Isabel II, instituyéndose un Consejo de Gobierno que habría de asesorarla y que se encargaría de realizar la transición liberal.

La reforma, dirigida en primer término por Cea Bermúdez y después por Martínez de la Rosa, no restablecería la Constitución de 1812, pero sí abriría el paso a nuevo texto, el Estatuto Real de 1834.

El Estatuto Real fue una carta otorgada flexible, breve e incompleta. De tan sólo 50 artículos, que regulaban la organización de las Cortes, sus funciones y sus relaciones con el Rey.

No recogía ningún título dedicado a la Monarquía ni a sus Ministros y, sobre todo, no contenía una declaración de derechos fundamentales del ciudadano.

Los pilares del Estatuto Real fueron, en primer lugar, una soberanía compartida de las Cortes con el Rey. Se desechó, por tanto, la soberanía nacional.

La separación de poderes, recogida implícitamente, se articuló de manera flexible, permitiendo la colaboración e interacción entre los tres poderes y con ello el nacimiento por primera vez en España del régimen parlamentario.

El Estatuto reconoció formalmente la existencia del Consejo de Ministros y la compatibilidad entre el cargo de ministro y el de parlamentario.

El segundo principio fue su carácter moderado y conciliador.

El Estatuto pretendió conjugar el orden y la libertad, la tradición con las ideas nuevas, y buscó, sin éxito, la conciliación de todos los españoles, divididos en extremos ideológicos.

Cabe subrayar la potestad del Monarca de disolver las Cortes en caso de conflicto entre los Ministros y el Parlamento.

El Estatuto Real fue el primer texto en hablar de Cortes Generales, fijando definitivamente el bicameralismo en el constitucionalismo español del siglo XIX.

El artículo segundo establecía que: “Las Cortes Generales se compondrán de dos Estamentos: el de Próceres del Reino y el de Procuradores del Reino”.

En el Estamento de Próceres se reunía la aristocracia social, eclesiástica, de sangre, administrativa, intelectual y económica.

Estaba compuesto por dos clases de miembros: los de pleno derecho y los de nombramiento real, entre las categorías citadas.

El Estamento de Procuradores era la Cámara electiva, de signo conservador, pues para ser Procurador se necesitaba una renta propia anual de doce mil reales.

El texto no contenía ningún precepto referido al sistema electoral. El Decreto de 24 de mayo de 1836 estableció por primera vez en España la elección directa, introduciéndose además el sufragio censitario.

El Estatuto Real significó el fin definitivo del Antiguo Régimen en España e introdujo las instituciones y mecanismos parlamentarios que existían en los Estados europeos políticamente más avanzados de aquel tiempo.

El régimen político que el Estatuto intentó establecer no llegó a estabilizarse a causa de la Guerra Carlista y la división de los liberales.

Los progresistas nunca perdonaron al Estatuto que dejara de lado el reconocimiento de la soberanía nacional, teniendo siempre como modelo el recuerdo de la Constitución de 1812.

En 1837, cuando los progresistas accedieron al poder, entendieron que aquel viejo edificio no era el adecuado para acoger a la cámara, por lo que en las Cortes constituyentes de aquel año decidieron la construcción de uno nuevo sobre el solar del antiguo convento.

El 21 de marzo de 1842 comenzó la demolición de la iglesia y el 10 de octubre de 1843 la reina Isabel II puso la primera piedra del nuevo palacio del Congreso de los Diputados.

El Congreso fue realizado por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer e inaugurado solemnemente el 31 de octubre de 1850.

 

Estatuto Real de 1834 - Click para agrandar

Estatuto Real de 1834. Federico Reparaz

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CONVENTO DEL ESPÍRITU SANTO, DEMOLIDO EN 1842

En su ubicación, actualmente se encuentra el Congreso de los Diputados

El convento del Espíritu Santo, adscrito a la Congregación de Clérigos Regulares Menores, creada en Nápoles en 1588, se ubicó en la Carrera de San Jerónimo de Madrid, donde hoy se levanta el Palacio de las Cortes.

Fundado en 1594, por el denominado Caballero de Gracia, se trasladó a su ubicación definitiva en 1599, hasta que fue demolido en 1842, tras ser desamortizado.

Fue fundado en 1594 bajo la advocación de San José sobre una casa que para tal efecto les dejó Jacobo Trenci, apodado el Caballero de Gracia.

Según León Pinelo, allí estuvieron los religiosos hasta que tras surgir algunas diferencias con Jacobo Trenci, se trasladaron bajo el amparo de Magdalena de Guzmán, II marquesa del Valle de Oaxaca por su matrimonio con Martín Cortés Zúñiga, a unas casas en la carrera de San Jerónimo que compró al marqués de Tabara.

El traslado se efectuó el 20 de enero de 1599, tomando el patronato del convento dicha marquesa, quien caerá en desgracia y será desterrada de la Corte tras ser acusada de conspirar contra el duque de Lerma desde la cámara de la reina Margarita de Austria, donde ejercía también de aya de la infanta Ana desde 1601.

En cuanto a su arquitectura, era una iglesia de planta de cruz latina, con crucero y cúpula sobre pechinas, las cuales, estaban decoradas con pinturas de Luis Velázquez.

En el exterior, la fachada principal costaba de un cuerpo central flanqueado por dos torres. En lo alto del cuerpo central, destacaba un medallón de mármol que representaba a Cristo resucitado.

El convento quedó vacío tras un violento incendio ocurrido en 1823, mientras oía misa el duque de Angulema, el militar francés que al frente de los cien mil hijos de San Luis acabó con el trienio liberal.

Convento Espiritu Santo. Actual situción del Congreso - Click para agrandar

Convento del Espíritu Santo, sede del Estamento de Procuradores, situado en el lugar que hoy ocupa el Congreso de los Diputados

 Así estuvo durante más de una década hasta que en 1834 la Reina Regente María Cristina ordenó que se habilitara la iglesia del convento para acoger la reunión de las Cortes Generales.

 

CABALLERO DE GRACIA (1517- 1619)

1517:    24 de Febrero; Nace en Módena Jacobo Gratii.

1524:    Al morir sus padres, queda bajo la tutoría de sus tíos.

1534:    Descubre el fraude de que ha sido objeto en su infancia y va a Florencia donde trabajó durante cuatro años. Un accidente con un florete, le obligó a huir de Florencia. Se instala en Bolonia.

1541-46:  Gastagna y él se doctoran en derecho en la Universidad de Bolonia. Gratii trabaja para Castagna.

1548:    Estancia en Roma. Trabajan para el Cardenal Veralli, tío de Castagna. Conocimiento de San Felipe Neri y de su espiritualidad.

1552:    Misión diplomática en Francia junto a Veralli quien, al enfermar, encomienda el trabajo a su sobrino, Castagna, y a su Secretario Jacobo Gratii, nombrado como tal a partir de 1553.

1553:    Día 4 de abril: Juan Bautista Castagna es consagrado arzobispo de Rossano (Calabria), ciudad donde reside el tiempo que le dejan los encargos de gobierno y diplomacia que recibe continuamente de la Santa Sede.

1555:    Vive en Ferno (Italia), donde Castagna es gobernador.

1559:    Castagna es nombrado gobernador de Perusa y Umbría. Jacobo esta con él.

1562-63: Asisten a la tercera y última sesión del Concilio de Trento (Italia).

1566-72:  Jacobo Gratii es Secretario del Nuncio en España (Mons, Castagna). Hace frecuentes viajes a Roma y Venecia; se está negociando la alianza para la batalla de Lepanto.

Recibe el Hábito de la Orden de Cristo portuguesa, por favor especial del rey Sebastián y a petición de su madre, la princesa Juana, fundadora de las Descalzas Reales de Madrid.

1573-75:   Jacobo de Gracia es el secretario de Juan Bautista Castagna en Venecia. Esta embajada era, con la de España, una de las más importantes del momento, seguidas por el Imperio y Francia.

1575:    En Navidades es enviado por Gregorio XIII a Madrid en misión diplomática. Son frecuentes sus viajes y estancia en la capital española durante este periodo de 1575 a 1580.

1578:    Alquiler de la casa de la calle Florida, en Madrid donde se queda ya a vivir.

1581-82:  Hace funciones de Nuncio ante Felipe II. Fundación del Hospital de los Italianos en Madrid.

1582:    Gregorio XIII concede a Juan Bautista Castagna la púrpura cardenalicia con el título de San Marcelo.

Fundación de un Colegio para niños pobres: Ntra. Sra. de Loreto. Actualmente, situado al final de la calle O´Donnell.

(En fecha aún desconocida, es probable el año 87, el Caballero de Gracia recibe la ordenación sacerdotal, en torno a los 70 años)

1588:    En mayo, compra de la casa y tierras alquiladas diez años antes en la calle de la Florida, que pasó a ser llamada hasta el día de hoy calle del Caballero de Gracia.

Durante estos años, el Caballero de Gracia gesta la obra: la Real, Antigua y Venerable Congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento.

Hay un único dato: “Doña Catalina Ponce de León ya difunta indigna del Santísimo Sacramento, rueguen a Dios por ella, año 1595″ (en el I Libro de Acuerdos, que se conserva en el Oratorio).

Entre otras figuras que han estado al frente de la Congregación, recordemos a San Simón de Rojas, Lope de Vega, Nicolás Antonio, Agustín Barbosa, Cardenal Lorenzo y figuras como Alonso Ramón, Tirso de Molina, Agustín Moreto, y entre los Congregantes, desde Felipe III a Alfonso XIII, con la excepción de Isabel II y Alfonso XII.

1590:    15 de septiembre: Juan Bautista Castagna es elegido Papa, tomando el nombre de Urbano VII. Muere doce días más tarde, el 27 de septiembre.

1594:    Funda en su propia casa el Convento de los Clérigos Regulares Menores, de San Francisco Caracciolo, con obligación de permitir a los miembros de la Congregación Eucarística ejercer sus deberes de piedad en la Capilla de la Virgen de Gracia, en la iglesia que les entregaba.

1604:    Fundación en su propia casa y jardín del Convento de Franciscanas de la Purísima Concepción, pronto llamadas Franciscanas del Caballero de Gracia, ahora en Blasco de Garay.

Las hizo herederas universales de su Iglesia, casa y obras de arte que hubiera en el momento de su muerte.

1619:    13 de Mayo: muere el Caballero atendido por los Congregantes y, especialmente, por los sacerdotes Fray Domingo Daza, o de Aza, y San Simón de Rojas.

1644:    Traslado del cuerpo, incorrupto, del Caballero de Gracia.

 

ORATORIO DE CABALLERO DE GRACIA – VILLANUEVA

El Oratorio del Caballero de Gracia es obra de Juan de Villanueva, su estilo neoclásico recuerda una pequeña basílica romana.

En su interior, destaca la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, obra del siglo XVII, considerada como una de las mejores tallas del Señor en la Cruz que hay en Madrid.

El Oratorio pertenece a la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia, fundada por Jacobo Gratii, a finales del siglo XVI.

El fin principal de la Asociación es difundir la devoción a la Eucaristía, además de a María Inmaculada y a San José, Patrono del Oratorio.

El Oratorio está encomendado a sacerdotes del Opus Dei.

 

CONSTITUCIÓN DE 1837

La Constitución de 1837 fue fruto de la crisis del Estatuto Real, y sobrevivió dificultosamente hasta su derogación definitiva por la Constitución de 1845.

El enfrentamiento entre moderados y progresistas condujo al Motín de los Sargentos de la Granja en agosto de 1836, que forzó a la Regente María Cristina a restaurar la Constitución gaditana de 1812 y a que se constituyese un nuevo gobierno de corte progresista, poniendo fin a la breve existencia del Estatuto Real, cuyo epitafio escribió Larra: ” vivió y murió en un minuto“.

La promulgación de la Constitución de 1812 admitía las modificaciones que el paso del tiempo pudiese hacer necesarias.

A tal efecto, unas nuevas Cortes, elegidas en octubre de 1837, iniciaron los preparativos de la reforma constitucional.

El primer paso fue la creación de una comisión presidida por Argüelles, cuyo prestigio personal en las Cortes de Cádiz sirvió para silenciar a quienes se atrevieron a cuestionar la profundidad de las reformas.

Argüelles y el joven secretario de la comisión, Salustiano Olózaga, entre otros, alumbraron un proyecto que las Cortes aprobaron por amplia mayoría.

La Constitución de 1837 fue obra de los progresistas y era un texto conciliador, que aceptaba postulados del partido moderado, como:

· la existencia de una Cámara Alta

· que los miembros del Ejecutivo perteneciesen al Parlamento

· la división de poderes que establecía la Constitución de Cádiz.

En su génesis, los principios de la Constitución de 1837 se inspiraron en los de la Constitución de 1812, tanto en la parte dogmática como en la orgánica.

La Constitución de Cádiz proclamó el principio de la soberanía nacional en su artículo tercero.

La Constitución de 1837 trasladó esta declaración al Preámbulo, situándolo deliberadamente fuera del articulado constitucional.

Este peculiar emplazamiento tenía una justificación que Olózaga explicó años más tarde observando que el principio de la soberanía nacional no debía convertirse en un precepto que invitase constantemente a modificar la Constitución.

La Constitución articuló el principio de separación de poderes de forma flexible, permitiendo así la colaboración entre el Gobierno y las Cortes.

Constitución de 1837 - Click para agrandar

Constitución de la Monarquía Española, 1837. Original manuscrito. 44 p.; 37 cm. Caja de piel. Federico Reparaz

 

La Constitución de 1837 incorporó, por vez primera en nuestra historia constitucional, una declaración sistemática de derechos.

Entre los derechos que se recogieron figuran los siguientes:

· la libertad personal,

· la inviolabilidad del domicilio,

· la libertad de expresión,

· las garantías penales y procesales,

· la igualdad el acceso a los cargos públicos

· las garantías del derecho de propiedad.

El rasgo más sobresaliente era la autonomía de las Cortes frente al Rey, en su composición y en su organización y funcionamiento.

El régimen que instauró la Constitución de 1837 fue el de una Monarquía constitucional.

Por un lado, reforzaba los poderes del Rey, ratificando las facultades, que ya preveía el Estatuto Real, de convocatoria y disolución de las Cámara, así como el derecho de veto.

Pero, a la vez, subrayaba el carácter limitado de la Monarquía, que necesitaba el refrendo ministerial para sus decisiones, aunque era el monarca quien nombraba a los ministros del Gobierno.

Las Cortes se componían de dos cuerpos colegisladores:

· el Congreso de los Diputados y

· el Senado, denominaciones que se han mantenido hasta hoy.

El texto de 1837 se situaba de nuevo en la línea de las constituciones europeas de la época, como eran la francesa de 1830 y la belga de 1831.

SUFRAGIO

El término sufragio proviene del vocablo latino “Suffragium” (voto).

Es el derecho a ejercer el voto para elegir cargos públicos.

El sufragio puede ser restringido y universal.

El Restringido se limita a un sector de la población, siendo excluido el resto, por diferentes motivos: sexo, riqueza, etc.

Un ejemplo de sufragio restringido lo constituye el censitario, que impide el ejercicio del voto a aquellos cuyas rentas no superen una mínima cuantía.

Durante parte del siglo XIX y hasta la extensión de los derechos a toda la población, sólo los más ricos, tuvieron ventajas políticas en el seno del sistema capitalista de clases.

Otro ejemplo de restricción al voto lo constituyó la condición de ser mujer. Tras la Primera Guerra Mundial, el movimiento sufragista luchó por abolir esa limitación.

En el Reino unido las mujeres lo consiguieron en 1920, en tanto que en España la mujer alcanzó sus derechos electorales en 1931.

Universal: la única limitación que existe para ejercer el voto es la edad mínima.

Todo integrante de la sociedad, sea hombre o mujer, rico o desfavorecido, analfabeto o instruido, tiene derecho a elegir sus representantes y a ser escogido como tal, si así lo solicita.

En 1837 el Congreso de los Diputados se elegía mediante un sistema de voto censitario.

El Senado tenía una composición mixta:

· senadores designados por el Rey

· senadores a título propio, que eran los hijos del Rey y del heredero inmediato a la Corona desde que cumplían los veinticinco años.

La Constitución de 1837 fue un texto conciliador, sin embargo, el período de vigencia de esta Constitución se caracterizó por la inestabilidad política que se mantuvo tanto en la regencia de María Cristina, como luego en la regencia de Espartero y en la mayoría de edad de Isabel II.

Esta inestabilidad se reflejó en la sucesión vertiginosa de Gobiernos (más de once en los primeros cuatro años, de la regencia de María Cristina) y en la continua tensión entre las dos principales fuerzas políticas, cada una con sus correspondientes apoyos militares.

La Constitución de 1837 fue una gran ocasión perdida por el pueblo español para superar sus diferencias.

Con ello se posponía la paz entre las dos Españas: “la España antigua“, dice Pérez Galdós, “representada por el inepto hermano de Fernando VII, y la España moderna, simbolizada en una niña y una viuda joven, hermosa y dulce, que había sabido ablandar con su ternura el corazón del monstruo a quien la ligó el destino”.

La Reina jura la Constitución de 1837 en el convento Espiritu Santo, el 18 de junio de 1837

La Reina Gobernadora María Cristina de Borbón jura la Constitución de 1837, en sesión solemne celebrada en el Congreso (Convento del Espíritu Santo), Museo Romántico, Madrid.

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CONSTITUCIÓN DE 1845

La andadura del régimen constitucional de 1845 se inició tras una de las épocas más difíciles de la historia de España: desde la Guerra de la Independencia, la impronta que dejó el régimen gaditano había provocado reacciones de todo tipo, tanto absolutistas como liberales, que contribuyeron a crear un clima de desasosiego, que se arrastraría hasta 1840.

Busto de Juan Alvarez Mendizabal

Busto de Juan Álvarez de Mendizábal. Salón de Conferencias, planta baja, Palacio del Congreso de los Diputados

 

La Guerra Carlista, el cambio que se produjo en el régimen de la propiedad con la desamortización de Mendizábal y la inestabilidad de la regencia de María Cristina, dominaron el período entre 1837 y 1840.

Constitución 1845 - Click para agrandar

Constitución de 1845. Original manuscrito. 31 cm. Carpeta de piel. Federico Reparaz

 

El esfuerzo de los moderados por conciliar tradición y revolución fue la Constitución de 1845.

Una vez más se confirmó en nuestro constitucionalismo decimonónico, la regla de que el cambio del grupo en el poder determina el cambio de Constitución.

En el texto de 1845 ya no aparece, como en las Constituciones de 1812 y 1837, la formula revolucionaria de la soberanía de la nación, sino que se revierte a la fórmula tradicional histórica de la soberanía compartida por las Cortes y el Rey.

Sobre esta base, se articulaba el dominio de la Corona sobre las demás instituciones a través de la prerrogativa fundamental de poder nombrar al Jefe de Gobierno y disolución de las Cortes.

El Senado fue otro de los temas más debatidos y objeto de sucesivas reformas. No pudiendo ser ya hereditario se optó por la fórmula francesa de un Senado de nombramiento real, vitalicio y reservado a personalidades dotadas de una determinada renta.

La Constitución de 1845 fue la de vida más larga del periodo (24 años, salvo el paréntesis del Bienio Progresista), aunque padeció intentos de adecuación por los moderados a las circunstancias:

· en 1848 con Narváez,

· en 1852 con el proyecto de constitución de Bravo Murillo,

· en 1856 con el Acta Adicional de O’Donnell,

· en 1857 con la Ley Constitucional de Reforma de Narváez y

· en 1864 con la derogación de Mon.

La Constitución de 1845 fue una Constitución nueva, dirigida a realzar la posición de la Corona y a consolidar a una burguesía moderada que buscaba el justo medio entre el radicalismo revolucionario y el conservadurismo del Antiguo Régimen.

 

DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZÁBAL (1836-1837)

La desamortización de Juan Álvarez Mendizábal junto con la de Pascual Madoz constituyen las dos desamortizaciones liberales más importantes.

El gobierno del conde de Toreno aprobó la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica del 25 de julio de 1835 por la que se suprimían todos los conventos en los que no hubiera al menos doce religiosos profesos.​

Tras la dimisión del conde de Toreno, Mendizábal pasó a ser presidente del Consejo de Ministros en septiembre de 1835.

El 11 de octubre de 1835 se decretó la supresión de todos los monasterios de órdenes monacales y militares.

El 19 de febrero de 1836 se decretó la venta de los bienes inmuebles de esos monasterios y el 8 de marzo de 1836 se amplió la supresión a todos los monasterios y congregaciones de varones.

Como la división de los lotes se encomendó a comisiones municipales, que configuraron grandes lotes inasequibles a los pequeños propietarios pero pagables, por las oligarquías muy adineradas que podían comprar lotes grandes y pequeños.

Los pequeños labradores no pudieron pujar y las tierras fueron compradas por nobles y burgueses, de forma que no pudo crearse una clase media en España que sacase al país de su situación. 

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CONSTITUCIÓN DE 1869

La revolución en Europa de 1848 también se reflejó en España.

El descontento hacia el régimen de Isabel II, sobre todo, en los dos últimos gobiernos de Narváez y González Bravo, desembocó en insurrección y represión.

El pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz desencadenó el destronamiento de Isabel II.

En esta etapa hay gran dinamismo político:

· el cambio a la monarquía de Amadeo I de Saboya en 1870,

· La I República,

· las constituciones de 1869 y de 1873, esta última nonata,

· una guerra colonial en Cuba,

· dos guerras civiles y una incesante mudanza de juntas.

La revolución de 1868, conocida como “la Gloriosa“, fue acogida con gran entusiasmo porque reclamaba el sufragio universal, bandera del liberalismo democrático: no era un derecho más, sino la “conquista más preciada de la Revolución“.

Se asiste así a una experiencia hasta entonces insólita en España: la convocatoria de unas Cortes Constituyentes, reunidas por sufragio universal, como se hizo notar en el Preámbulo de la Constitución.

Este ideal democrático enlazaba con la tradición liberal, anclada en la soberanía nacional de los textos de 1812, 1837 y 1856 y en el contexto europeo de la época

Caja de la Constitución de 1869

Caja de plata para guardar la Constitución de 1869. Orfebrería. Plata. Constituciones.

Despacho del Presidente, planta baja del Palacio del Congreso de Diputados. Federico Reparaz

 

Constitución 1869 - Click para agrandar

Constitución de la Monarquía Española, 1869. Federico Reparaz

Constitución de 1869 primera - Click para agrandar

Ejemplar original manuscrito de la  Constitución de 1869, encuadernado en
piel marrón con adornos de terciopelo rojo. Federico Reparaz.

Constitución de 1869_segunda - Click para agrandar

Edición original manuscrita de la Constitución de 1869, con una rica caligrafía y ornamentada, encuadernada en terciopelo morado. Federico Reparaz.

 

La Revolución del 1868, quedó consignada en el texto constitucional:

· soberanía nacional,

· sufragio universal,

· concepción de la Monarquía como poder constituido

· declaración de derechos.

Para plasmar en el texto estos principios, los constituyentes se inspiraron en diversos textos extranjeros:

· en la Constitución belga de 1831, por ser la más democrática

· en la Constitución norteamericana de 1787, por su concepción de los derechos individuales como derechos naturales.

Lo fundamental de la Constitución era su declaración de derechos.

El Título I (casi la tercera parte de los artículos), Carta Magna del liberalismo español hasta la Segunda República, siempre proyectará su sombra a lo largo de la historia española, en cuestiones fundamentales como:

· el juicio por jurado,

· el derecho de asociación,

· la libertad de enseñanza

· la libertad de cultos (auténtica novedad en nuestro constitucionalismo).

La Constitución de 1876, la de más prolongada vigencia de nuestra historia constitucional, contiene importantes aspectos legados por la Constitución democrática de 1869.

Además, la obra legislativa de la Revolución (Leyes Municipal y Provincial de 1870, Ley Orgánica del Poder Judicial, Ley del Registro Civil, Ley del Matrimonio Civil, reforma de la Ley Hipotecaria) no sería derogada por la Restauración, que en unas ocasiones se limitaría a limar sus contenidos democráticos, mientras que en otras los dejará vía libre hasta llegar casi hasta nuestros días.

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CONSTITUCIÓN DE 1876

El 29 de diciembre de 1874 el General Martínez Campos proclamó a Alfonso de Borbón, hijo de la Reina exiliada Isabel II, como Rey de España.

Se abría un período histórico conocido como la Restauración, que fue la etapa política más estable del liberalismo español del siglo XIX, y cuyo artífice fue Antonio Cánovas del Castillo.

Cánovas tomó las riendas del Partido Alfonsino y redactó en 1874 para don Alfonso el Manifiesto de Sandhurst, verdadera declaración de intenciones del futuro Rey.

Proclamado Alfonso XII, y nombrado Cánovas presidente del Consejo de Ministros, éste último redactó la Constitución que permitiría la instauración de una paz flexible y duradera que habría de subsistir hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.

La Constitución de 1876 es un texto breve y abierto de 89 artículos, que permite mantener la alternancia de partidos.

El texto vuelve a adoptar la soberanía del Rey con las Cortes, verdadera “Constitución interna”, a juicio de Cánovas.

Otro principio fundamental, no escrito, era el de la doble confianza, que exige en toda Monarquía constitucional que el Gobierno cuente con la confianza tanto regia como parlamentaria.

La Constitución posibilitaba:

· el derecho de asociación

· la tolerancia religiosa en la práctica privada de las religiones

· reconocimiento del catolicismo como la religión del Estado

· la libertad de imprenta

· la libertad de enseñanza.

Jura de la regente María Cristina de Habsburgo (Francisco Jover, Joaquín Sorolla) - Click para agrandar

Sesión en el Congreso de 30 de diciembre de 1885. Obra de Francisco Jover y Joaquín Sorolla, 1890-1897. Senado, Madrid.

Jura de la Constitución de 1876 por la Reina regente M. Cristina de Habsburgo, acompañada por las Infantas Mercedes y Teresa.

La Constitución es sostenida por Cánovas (Presidente del Gobierno), y el texto del juramento por el conde de Toreno (Presidente del Congreso).

La Constitución establecía un sistema bicameral diferenciado en cuanto al acceso a la condición de parlamentario.

El Congreso de los Diputados tenía un origen electivo abierto.

El Senado guardaría hasta el final una composición tripartita:

· senadores por derecho propio,

· senadores vitalicios nombrados por la Corona,

· senadores elegidos por las corporaciones del estado y mayores contribuyentes.

El 25 de diciembre de 1878 vio la luz una Ley electoral, que restableció por última vez en España un sufragio restringido basado en la riqueza y la instrucción.

Durante la Regencia de Dª María Cristina, la llegada al Gobierno de Sagasta permitió el restablecimiento del sufragio universal por Ley de 26 de junio de 1890 para los hombres mayores de 25 años y en pleno uso de sus derechos civiles.

La Constitución prescribía que las Cortes debían reunirse todos los años, pero no establecía un plazo mínimo en la duración de las sesiones anuales.

El Rey podía disolver simultánea o separadamente la parte electiva del Senado y el Congreso de los Diputados, pero en este caso, debía convocar y reunir al Cuerpo o Cuerpos disueltos dentro del plazo de tres meses.

Las competencias legislativas se articulaban en un derecho de iniciativa de los dos cuerpos colegisladores compartido con el Rey.

La función de control del Gobierno se basó en el principio de la doble confianza política y la fiscalización del comportamiento penal de los Ministros, que podían ser acusados por el Congreso y juzgados por el Senado.

El Título VI de la Constitución se denominaba “Del Rey y de sus Ministros” y declaraba al Rey inviolable.

Sus facultades eran ejercidas por Ministros responsables.

La Constitución canovista sólo menciona la compatibilidad del cargo de Ministro con el de miembro de las Cortes. El tiempo afianzó progresivamente al Ejecutivo como centro del poder político.

La vida de la Constitución transcurrió en tres etapas:

1. De 1875 a 1885 llamada la de Alfonso XII, el Pacificador, y que culminó con el Pacto del Pardo que contempla la alternancia en el poder de conservadores y liberales.

2. De 1885 a 1902, bajo la Regencia de doña María Cristina, marcada por la oligarquía, el caciquismo, el problema regional y, sobre todo, por la pérdida de las colonias en 1898, que permitió resonaran todas las voces.

3. La de Alfonso XIII, de 1902 a 1923, en la que el sistema político se mantiene pero se revisa.

Es la época de los problemas sociales y la progresiva caída de los cuatro bastiones de la Restauración:

1. En 1912, el asesinato de Canalejas rompe el turno de partidos

2. En 1917, la Asamblea de Parlamentarios evidencia la crisis de las Cortes

3. En 1923, el golpe de Estado de Primo de Rivera involucra al ejército y suspende la Constitución

4. En 1931, tras el fracaso de la Dictadura, sucumbe la Monarquía. 

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CONSTITUCIÓN DE 1931

El 9 de diciembre de 1931, el Presidente de las Cortes, Julián Besteiro, promulgó la Constitución de la Segunda República.

La República y la Constitución fueron la consecuencia inevitable de la dictadura agotada de Primo de Rivera.

La Constitución de 1931 se enmarca en el constitucionalismo europeo del período de entreguerras.

Es evidente la impronta de la Constitución alemana de Weimar en el diseño del sistema parlamentario y la de la Constitución de Austria de la época en lo que atañe a la formación de la justicia constitucional.

Constitución 1931 - Click para agrandar

Constitución española 1931. Pº Rº Adolfo de Sanjuán Montes. Manuscrito. 34 cm. Federico Reparaz

Constitución 1931, detalle de cierre - Click para agrandar

Detalle del broche de cierre de la encuadernación de la Constitución de 1931

Portada de la Constitución de 1931, Congreso de los Diputados - Click para alargar

Portada de la Constitución de 1931 (ejemplar del Congreso de Diputados)

Refleja otras influencias como la mejicana, ya que constitucionaliza los llamados derechos sociales y económicos.

Contempla unas Cortes unicamerales que chocaban con el modelo de Estado descentralizado, que la propia Constitución establecía. Un Estado de estructura federal tiene su representación en una Cámara Alta o Senado.

La Constitución de 1931 es un texto de extensión media, consta de 125 artículos, agrupados en nueve títulos, más uno preliminar.

El artículo primero de la Constitución define España como “una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”.

Afirmar que “la República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y las regiones“.

Nuestra historia constitucional recoge en este texto, por primera vez, un Estado distinto del unitario que había existido desde la Constitución de Cádiz hasta la Restauración canovista. Lo que se pretendió en 1931 fue superar los conceptos tanto unitarios como federales.

Los principios políticos que inspiran la Constitución de 1931 son:

· la democracia,

· el regionalismo,

· el laicismo y

· la economía social.

El carácter democrático de la Constitución se refleja en la proclamación de la soberanía popular, que se consagra en el sufragio universal, así como en las formas de democracia directa y en las instituciones representativas.

Los principios democráticos se plasman también en una amplia declaración de derechos y en la división e interrelación de los poderes del Estado.

Junto a los derechos políticos y civiles clásicos de las constituciones liberales del siglo XIX, se recogen los derechos sociales y económicos y, lo que es igualmente importante, un sistema de garantías de todos los derechos que culmina en el Tribunal de Garantías Constitucionales.

Clara Campoamor fue la impulsora del voto femenino.

Este elemento democrático tiene su expresión en la composición de las Cortes, que se eligen por sufragio universal igual, libre, directo y secreto.

La Constitución republicana reconoce por primera vez el voto de la mujer en condiciones de igualdad con el hombre.

Entre las facultades de las Cortes se encuentran:

· la potestad legislativa,

· el control del Gobierno a través de la moción de censura

· el nombramiento del Presidente de la República, que se realiza junto a compromisarios elegidos por los ciudadanos.

En lo que a la distribución de los poderes se refiere, los constituyentes de 1931 fortalecieron al Parlamento frente al Ejecutivo y a la Jefatura del Estado.

El Presidente de la República tiene atribuciones muy relevantes:

· nombrar al Jefe del Gobierno,

· facultad de disolución del Parlamento,

· importantes competencias en la aprobación de las leyes.

· si los proyectos de ley no son urgentes, pueden ser devueltos a la Cámara para una nueva deliberación.

La cuestión religiosa había venido siendo un problema disgregador en toda nuestra historia constitucional.

El artículo tercero de la Constitución afirma que “el Estado no tiene religión oficial“, en contraposición con las constituciones anteriores que habían proclamado la unidad religiosa.

El artículo 27 establece la libertad de conciencia y de culto.

El artículo 26 suprimía todo apoyo económico estatal a la Iglesia Católica y a las órdenes religiosas, que pasaban a tener la condición de asociaciones, prohibiéndoseles el ejercicio de la enseñanza.

El artículo 44 declara que la riqueza está subordinada a los intereses de la economía nacional, constitucionalizando el Estado que podía expropiar en base a un supremo interés social.

El artículo 45 garantiza que el patrimonio artístico nacional quede bajo la tutela del Estado.

El artículo 46 regula la protección del trabajo en un amplio abanico de prestaciones sociales y el artículo 47 se refiere a la política agraria.

La Constitución de 1931 ha sido una de las más polémicas de nuestra historia. Para unos fue “la más terminante y rigurosa expresión del realismo español” y para otros representó “un modelo teórico y doctrinal” que no tomó suficientemente en cuenta a la sociedad de su época.

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CONSTITUCIÓN DE 1978 – CONSTITUCIÓN DEL CONSENSO

Don Juan Carlos de Borbón inició su reinado dentro del sistema de las Leyes Fundamentales del anterior régimen, las cuales incluían la posibilidad de su modificación.

Esto permitió que el establecimiento de un nuevo sistema democrático se hiciese sin traumas; valiéndose de los instrumentos de la legalidad anterior, como eran las Cortes Españolas.

El 18 de noviembre de 1976, aprobaron la Ley para la Reforma Política, que culminó en la Constitución de 1978.

El 15 de junio de 1977 las elecciones para constituir las Cortes que habrían de elaborar y aprobar la Constitución hoy vigente.

Formadas las nuevas Cortes por las dos Cámaras, Congreso y Senado, previstas en la Ley para la Reforma Política, se eligió la Comisión Constituyente del Congreso, que, a su vez, designó la Ponencia integrada por los diputados señores:

· Gabriel Cisneros (UCD),

· Manuel Fraga (AP),

· Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (UCD),

· Gregorio Peces-Barba (Socialistas del Congreso),

· José Pedro Pérez Llorca (VCD),

· Miguel Roca Junyent (Minoría Catalana) y

· Jordi Solé Tura (Grupo Comunista).

Constitución de 1978 - Click para alargar

Constitución de 1978

Constitución de 1978 - Click para agrandar

Constitución de 1978. Reforma. Existen dos reformas: una en 1992 y otra en 2011

 

La Ponencia redactó dos proyectos, el segundo después de recibir 3100 enmiendas.

Discutido el texto por la Comisión y el Pleno del Congreso, por los mismos organismos del Senado y por la Comisión Mixta encargada de resolver las discrepancias entre ambas Cámaras, fue definitivamente aprobado por éstas y por abrumadora mayoría en el referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978.

Sanción regia de la Constitución de 1978 por el Rey D. Juan Carlos I. Con la sanción terminaban su andadura las Cortes previstas por la Ley para la Reforma Política de 1976.

El texto constitucional que se acaba de aprobar mantiene aspectos esenciales como su carácter bicameral.

La Constitución de 1978 proclama como principio originario la soberanía del pueblo español, constituido en un Estado social y democrático de derecho.

A ese principio corresponde la declaración de derechos y libertades, así como al pluralismo “ninguna confesión tendrá carácter estatal“, aunque “los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Dos cuestiones clave son la libertad de enseñanza y la libertad de empresa. Ambos principios son proclamados explícitamente, pero con patente apertura a criterios muy diversos en su aplicación.

La Monarquía es parlamentaria y entendida como forma de Estado más que como forma de Gobierno.

La Corona se sitúa en la esfera de la influencia y el prestigio más que en la de los poderes políticos específicos.

El protagonismo político corresponde al Gobierno, juntamente con las Cortes Generales, formadas por el Congreso y el Senado, en los que el pueblo aparece representado por los partidos políticos.

Por primera vez figuran en una constitución española los partidos políticos. (Las anteriores, de 1876 y 1931, los ignoraban, aunque fuesen una realidad de primer orden).

Detalle de la Constitución de 1978 - Click para alargar

Detalle de la Constitución de 1978

La gran novedad de la Constitución de 1978 es el reconocimiento pleno de las Comunidades Autónomas a las que se refiere ya en su artículo segundo, según el cual la Constitución se fundamenta en “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran”.

A diferencia de lo que sucedió con la Segunda República, en la que sólo llegaron a aprobarse varios Estatutos de Autonomía, en las últimas décadas se ha generalizado el proceso de descentralización política y administrativa iniciado en 1978, existiendo en la actualidad diecisiete Comunidades Autónomas plenamente consolidadas.

El Congreso de los Diputados tiene la primacía como órgano legislativo y político.

La función del Senado es ser la Cámara de representación territorial o de las Autonomías.

La Constitución de 1978 ha sido aceptada por todos y elaborada por todos, fruto de un espíritu de concordia y realismo, gracias al cual, en todos los puntos debatidos, incluso en los más delicados, se pudo llegar a resultados positivos.

Durante el debate constitucional fue descrita como la constitución del consenso; una vez promulgada hubo quien la presentó como hecho único en la historia de España, como demostración de que “no hay dos Españas irreconciliables en permanente confrontación”.

El “milagro de la transición” y el “milagro de la Constitución”.

La primera reforma constitucional (1992) consiste en añadir, en el artículo 13.2, la expresión “y pasivo” referida al ejercicio del derecho de sufragio de los extranjeros en elecciones municipales.

La segunda reforma constitucional (2011) consiste en sustituir íntegramente el artículo 135.

El Congreso de los Diputados inició la publicación del Portal de la Constitución con ocasión del 25 aniversario de la misma. 

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Bibliografía:

www.congreso.es

 

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84 Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores

MARÍA TERESA GARCÍA PARDO, DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE

84 Salón de Otoño de la Asociación de Pintores y Escultores

Casa de Vacas del Parque de El Retiro

27 de octubre a 26 de noviembre de 2017

Paseando por El Retiro, por esos lugares donde es bueno entrar a ver que exponen, he vuelto a tener una grata sorpresa artística. Una exposición muy agradable que os recomiendo y de la que os pongo unas fotos para hacernos una idea de lo que se puede ver.

La AEPE es la Asociación Española de Pintores y Escultores, fue fundada en 1910 y está declarada de Utilidad Pública con carácter de Benéfica y Honores de Corporación Oficial.

www.apintoresyescultores.es  –  http://www.apintoresyescultores.es/84-salon-de-otono/

La muestra está compuesta por obras de escultura y pintura, siendo algunas de ellas de gran belleza.

Paisajes, paisaje urbano, abstracto, entre otros estilos, están presentes en estas magníficas obras.

Iria Groba Martín” Jugada”

MEDALLA DE ESCULTURA MATEO INURRIA

Iria Groba Martín

”Jugada”

Modelado en cera

25 x 45 x 44

Rodrigo Romero Pérez “Las parcas”

PREMIO DE ESCULTURA SANTIAGO DE SANTIAGO

Rodrigo Romero Pérez

“Las parcas”

Resina acrílica

61 x 70 x 50

Paloma Casado ”El desván”

Paloma Casado

”El desván”

Óleo / lienzo

110 x 160

Magdalena España “Embalse de Lozoya”

Magdalena España

“Embalse de Lozoya”

Acuarela / papel

100 x 100

Marcos Chica Díaz ”La ingenuidad de Caperucita Rosa”

Marcos Chica Díaz

”La ingenuidad de Caperucita Rosa”

Óleo / lienzo

81 x 100

Eva González Morán “Tú”

Eva González Morán

“Tú”

Acuarela y bolígrafo de gel / papel

95 x 87

Tino Canicoba “Un mal despertar”  Tino Canicoba “Un mal despertar”

Tino Canicoba

“Un mal despertar”

Talla en madera

108 x 70 x 55

Alex Pozo “Edipo y la Esfinge”

Alex Pozo

“Edipo y la Esfinge”

Óleo / lienzo

130 x 195

Teiji Ishizuka “El pájaro azul”

Teiji Ishizuka

“El pájaro azul”

Óleo / lienzo

162 x 130

Sintigo – Luis Miguel García González “Gritos de silencio”

Sintigo – Luis Miguel García González

“Gritos de silencio”

Acrílico (aerógrafo y pincel) / cartón

139 x 118

Alfonso Calle García “La florista de Cuzco”

PREMIO AGRUPACIÓN ESPAÑOLA DE ACUARELISTAS

Alfonso Calle García

“La florista de Cuzco”

Acuarela / papel

130 x 90

Adriana Exeni "Serie caballitos: caballito de circo"

Adriana Exeni

“Serie caballitos: caballito de circo”

Bronce a la cera perdida con pátinas mixtas

48 x 11 x 30

Mariana Álvarez Enrique "La madre"

PREMIO SALA BALUARTE

Mariana Álvarez Enrique

“La madre”

Mixta / tabla

120 x 120

Lola Catalá "Azul de Otoño"
Lola Catalá "Azul de Otoño"

MEDALLA DE ESCULTURA MIGUEL BLAY Y FABREGAS

Lola Catalá

“Azul de Otoño”

Bronce

92 x 33 x 30

Teddy Cobeña Loor “No veo el amor”    Teddy Cobeña Loor “No veo el amor”

Teddy Cobeña Loor “No veo el amor”

MEDALLA DE ESCULTURA CARMEN ALCOVERRO Y LÓPEZ

Teddy Cobeña Loor

“No veo el amor”

Bronce a la cera perdida

72 x 42 x 20

Coderech y Malavia Escultores “El tejido del tiempo”

MEDALLA DE ESCULTURA MARIANO BENLLIURE Y GIL

Coderech y Malavia Escultores

“El tejido del tiempo”

Bronce patinado

115 x 28 x 50

Miao Du “Pájaro azul”

MEDALLA DE PINTURA EDUARDO CHICHARRO

Miao Du

“Pájaro azul”

Óleo / tabla

146 x 146

 Jorge Cerdá Gironés "Portón de la acequia"

MEDALLA DE PINTURA JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA

Jorge Cerdá Gironés

“Portón de la acequia”

Óleo / lienzo

146 x 97

Juan Fernández González "Reflejos en Amsterdam"

MEDALLA DE PINTURA JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA

Juan Fernández González

“Reflejos en Amsterdam”

Acrílico y óleo / lienzo

97 x 130

Tino Canicoba "Triste final”

Tino Canicoba

“Triste final”

Talla en madera

142 x 32 x 23

Antonio Téllez de Peralta "Madrid desde Cibeles"

Antonio Téllez de Peralta

“Madrid desde Cibeles”

Óleo / lienzo

145 x 185

Felipe San Pedro "¡Ma che bella!"

Felipe San Pedro

“¡Ma che bella!”

Óleo / tabla

100 x 100

Mónica Sevillano Gil "Perro arrinconado"

Mónica Sevillano Gil

“Perro arrinconado”

Óleo / lienzo

150 x 130

Ana Muñoz "Paz"

Ana Muñoz

“Paz”

Acrílico / tabla

109 x 150

Antonio Téllez de Peralta "Autorretrato de bolas"

Antonio Téllez de Peralta

“Autorretrato de bolas”

Modelado con 4077 bolas de acero

34 x 30 x 24

Marta Villarín González "Esencia masculina"

Marta Villarín González

“Esencia masculina”

Acrílico / lienzo

162 x 130

Joaquín Besoy "Luz de otoño"

Joaquín Besoy

“Luz de otoño”

Óleo / lienzo

130 x 162

Lola Santos "Sueño"

Lola Santos

“Sueño”

Bronce

73 x 40 x 20

Coro López-Izquierdo Botín "La taberna pompeyana"

Coro López-Izquierdo Botín

“La taberna pompeyana”

Óleo y collage / lienzo

96 x 192

Leocadio Melchor "Retrato de Camilo J. Cela en su ambiente"

Leocadio Melchor

“Retrato de Camilo J. Cela en su ambiente”

Óleo y collage / lienzo

115 x 93

Manolo Romero "Diálogo con la naturaleza"

Manolo Romero

“Diálogo con la naturaleza”

Óleo / lienzo

130 x 185


Pertegaz en El Canal de Isabel II

MARÍA TERESA GARCÍA PARDO, DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE

PERTEGAZ EN EL CANAL DE ISABEL II

Sala de Exposiciones Canal de Isabel II. C/ Santa Engracia, 125

 

SALA DE EXPOSICIONES DE EL CANAL DE ISABEL II

El edificio fue construido entre los años 1907 y 1911 por el ingeniero Diego Martín Montalvo y el arquitecto Ramón de Aguinaga.

De estilo ecléctico, es una obra monumental de carácter industrial que destaca por su bella estructura exterior de ladrillo, su planta circular, sus contrafuertes en talud y su cubierta metálica rebajada.

En 1986 el edificio fue restaurado y acondicionado como sala de exposiciones, por los arquitectos Javier Alau y Antonio Lopera.

La sala de exposiciones Canal de Isabel II, está ubicada en un antiguo depósito de agua del Canal, se ha constituido como un espacio de referencia nacional e internacional en el mundo de la fotografía y la imagen, gracias a una línea de programación especializada mantenida desde sus inicios.

 

PERTEGAZ Y LA ELEGANCIA

Manuel Pertegaz, (Olba, Teruel, 1918 – Barcelona, 2014)

De niño su familia se trasladó a Barcelona y trabajó como aprendiz en el taller de una sastrería donde se hizo consciente de su pasión por la moda femenina.

A los 25 tenía ya su propio taller y toda la alta burguesía catalana se ponía en sus manos.

En 1942 puso en marcha su primera casa de alta costura en la Diagonal.

Era creativo, trabajador y constante.

Su primera colección, marcada por la originalidad y la elegancia, le identificaba con los cisnes y con Audrey Hepburn.

Le presentó la condesa de Romanones, con quien inició una gran amistad.

Tras su éxito en Cataluña, decidió abrir sede en Madrid en 1948.

Hizo historia a partir de los años 50, definiendo su estilo como la ausencia del mismo, siendo una esponja de las corrientes de la época.

Era un gran perfeccionista y adaptó las tendencias al gusto de sus clientas.

Elaboraba modelos para el cuerpo y no buscando cuerpos a quienes sentaran bien sus modelos.

Residió siempre en Barcelona, pero Pertegaz logró internacionalizar su marca.

En los años 50 tuvo un gran éxito en Estados Unidos, que precedería sus ventas por medio mundo y sus relaciones con Balenciaga, Dior o Chanel.

En 1954 sus prendas ocuparon escaparates de la Quinta Avenida.

La revista Vogue se hizo eco de sus colecciones y acudió a diversas galas en México junto a Valentino y Oscar de la Renta.

A la muerte de Christian Dior, a los 52 años (1905-1957), su firma le propuso coger su testigo, pero él rechazó la oferta para permanecer fiel a su costura y a sus clientas españolas, que le hicieron sus encargos en lugar de recurrir a las firmas francesas.

Al no marcharse a París a consagrarse, como muchas de las estrellas textiles de su generación, y coincidir en el tiempo con grandes nombres como Dior, Ricci y Givenchy, su presencia en las revistas y en los armarios de las celebridades del momento y su popularidad, fue menor. Pero no su talento.

Vistió a Carmen Polo y a la marquesa de Villaverde. Recordaba los pases de modelos en los que desfilaban Teresa Gimpera y Naty Abascal.

De Doña Sofía decía que una vez le hizo un traje azul para un viaje oficial a Francia en los años 70 y que le recomendó llevar medias azules a juego, pero la reina no aceptó.

Narraba anécdotas de sus clientas más ilustres, entre ellas, aseguraba que siempre cobró a Carmen Polo, y que si le hacía rebaja en el precio era porque también se la hacía su compañero Pedro Rodríguez.

Se cuenta que Pertegaz le aconsejó a Carmen Polo que se pusiera perlas para dulcificar su rostro.

En los 70 tuvo que adaptarse a la moda imperante prêt-à-porter, sin desdeñar su especialidad: la alta costura.

Pertegaz heredó la clientela clásica de Balenciaga cuando éste se retiró.

Cristóbal Balenciaga (Guetaria, Guipúzcoa, 1895 – Valencia, 1972), uno de los creadores más importantes de la alta costura, que desempeñó su trabajo principalmente en la ciudad de París.

Pertegaz tuvo que cerrar su taller a finales de los 70, con la llegada del prêt-à-porter, para reabrirlo después con su clientela fiel que se seguía haciendo trajes a medida.

En esa época su musa era la marquesa de Samaranch, su más íntima amiga, a quien vistió desde su boda en 1955.

Fue pionero en lanzar al mercado perfumes y accesorios.

Su legado fue tan exitoso que en las últimas décadas de su vida se sucedieron los homenajes.

En 1997, con 80 años, se atrevió a presentar sus primeros diseños masculinos, aunque antes había lanzado perfumes.

En 1999 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes y otros muchos galardones. Eso le animó a no retirarse nunca, lanzando colecciones de joyas.

El Museo Reina Sofía le brindó una retrospectiva en 2004 en la que sus modelos se dispusieron junto a fotografías que evocaban la época en la que fueron creados.

En el mismo año 2004 le dieron la Aguja de Oro y logró el encargo más importante de su vida: el vestido de novia de la futura Reina Letizia.

El vestido, con cuello corola (tipo chimenea) y bordado en flores de lis, fue un éxito de crítica y público.

Pertegaz siempre agradeció este encargo a la Casa Real y se mostró muy orgulloso de él.

Después siguió en su taller de la Diagonal, prácticamente hasta su muerte.

Manuel Pertegaz se lamentaba de que en todas las entrevistas le preguntaran:

· Por qué rechazó la oferta de la casa Dior en 1957, para suceder al diseñador, dejando vía libre a un jovencísimo Yves Saint Laurent.

· Qué sintió cuando desde Casa Real le propusieron crear el vestido de doña Letizia para su boda con el Príncipe Felipe.

Pertegaz ha dejado una obra exquisita a la altura de otros grandes de la moda como Balenciaga o Dior.

Esta exposición es la continuación natural de una primera exposición dedicada a Jesús del pozo en 2016, realizada por la Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid para resaltar la importancia de la moda como una de las industrias culturales más importantes de nuestro país.

 

La retrospectiva consta de una sala principal que da la bienvenida al visitante con piezas icónicas y representativas de su carrera, una primera y segunda planta donde conviven prendas de alta costura con otras de pret-a-porter en los 70, momento en que versionó con gran habilidad sus creaciones para amoldarse a los nuevos tiempos y a una mujer más universal.

Por último, en la planta tercera se muestra la creatividad del maestro en los trajes de novia, desde el más convencional al más extraordinario.

La muestra es un homenaje a este modisto, uno de los creadores esenciales de la moda española.

Está formada por una amplia selección de piezas cedidas para la ocasión principalmente por Pertegaz Studio, pero también por coleccionistas privados y por instituciones como el Museo del Traje CIPE o el Centro de Documentación y Museo Textil de Terrassa.

Información obtenida de la web Fundación Canal de Isabel II y de otras páginas que hacen referencia a Pertegaz.


LA INFANCIA DESCUBIERTA. MUSEO NACIONAL DEL PRADO

MARÍA TERESA GARCÍA PARDO, DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE

LA INFANCIA DESCUBIERTA. MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Exposición en el Museo del Prado del 18/10/2016 – 22/10/2017.

La información de este artículo está resumida de:  www.museodelprado.es


ROUSSEAU, JEAN-JACQUES

(Ginebra, Suiza, 1712 – Francia, 1778)

Filósofo suizo. Junto con Voltaire y Montesquieu, se le sitúa entre los grandes pensadores de la Ilustración en Francia.

La obra de Jean-Jacques Rousseau y sus ideas políticas y sociales preludiaron la Revolución Francesa, por los conceptos que introdujo en el campo de la educación, se le considera el padre del pedagogía moderna.

Huérfano de madre desde temprana edad, Jean-Jacques Rousseau fue criado por su tía materna y por su padre, un modesto relojero.

Sin haber recibido educación, trabajó como aprendiz con un notario y con un grabador, quien le sometió a mal trato y terminó por abandonar Ginebra.

Su Discurso sobre el ORIGEN DE LA DESIGUALDAD ENTRE LOS HOMBRES, fue escrito para el concurso convocado en 1755 por la Academia de Dijon.

Rousseau creía que los hombres en estado natural son inocentes y felices y son la cultura y la civilización las que imponen la desigualdad, en especial a partir del establecimiento de la propiedad privada, que acarrea la infelicidad.

Partiendo de un estadio asociativo primitivo en torno a la familia y más tarde a la comunidad (inspirada por la solidaridad y repartiéndose el fruto de la caza), se determinó la fractura: la aparición de la agricultura, la minería y la propiedad privada y la acumulación de riquezas en la minoría.

Los abusos propiciaron la necesidad de la instauración de un gobierno y la promulgación de leyes para la protección de la propiedad privada.

Rousseau no abogaba por la abolición de la propiedad privada, a la que consideraba irreversible e inherente a la sociedad, pero apuntaba hacia la mejora de la situación a través de perfeccionar la organización política.

La injusticia social y la infelicidad del hombre, se plasma en El contrato social (1762), con su propuesta de una sociedad fundada sobre un pacto aceptado por los individuos, de los que emana una voluntad general que se expresa en la ley y que concilia la libertad individual con un orden social justo.

La bondad del hombre es la base de una obra destinada a inaugurar la pedagogía moderna: Emilio o De la educación (1762).

La labor educativa no consiste en imponer normas o dirigir aprendizajes, sino en impulsar el desarrollo de las inclinaciones espontáneas del niño, facilitando su contacto con la naturaleza, que es sabia y educativa.

Goethe dijo: “Con Voltaire termina un mundo, con Rousseau comienza otro”. Un mundo que conducía al romanticismo (debido a los sentimentalismo, el auge de los nacionalismos y la revalorización de las oscuras edades medievales) y, por otro, a la Revolución.


RETRATOS DE NIÑOS EN EL ROMANTICISMO ESPAÑOL

El Museo del Prado reúne una selección de 8 obras, fechadas entre 1842 y 1855, que han sido elegidas entre los numerosos retratos infantiles del período isabelino que conserva en sus colecciones, para mostrar dos de los núcleos más importantes del Romanticismo en España: Madrid y Sevilla.

Se presenta por primera vez al público del Museo el apenas conocido retrato de Esquivel incorporado a sus fondos recientemente.

El conjunto de retratos refleja diferentes interpretaciones de la infancia, tema que, durante el Romanticismo, se convirtió en asunto predilecto.

En la Ilustración la infancia se considera un valor en sí misma y no solo como proyecto de futuro. Así alcanzó su máxima expresión con el Romanticismo.

La infancia encarna cualidades como la inocencia, la proximidad a la naturaleza y la sensibilidad no contaminada.

Por estas razones las pinturas de niños se convirtieron en encargos frecuentes de la clientela burguesa.

En este período, los mejores retratos se realizaron en la corte madrileña.

Vicente López en su retrato de Luisa de Prat y Gandiola, luego marquesa de Barbançon reproduce aún el modelo clasicista representando a la niña como mujer a pequeña escala aunque la evocación de la naturaleza como lugar asociado a la niñez resulta moderna, lo mismo que en Rafael Tegeo.

Federico de Madrazo, que alude a los modelos históricos de Velázquez en el retrato de Federico Flórez y Márquez.

Luis Ferrant, que recoge la tradición española del Siglo de Oro en Isabel Aragón Rey, adapta este estilo a las fórmulas académicas del Romanticismo.

Carlos Luis de Ribera y de Joaquín Espalter la representación de sus modelos se realiza al modo burgués europeo, en parques.

Carlos Luis Ribera lo plasma en Retrato de niña en un paisaje y Joaquín Espalter en Manuel y Matilde Álvarez Amorós.

Otro núcleo importante del Romanticismo español fue Sevilla, donde se formaron artistas como Antonio María Esquivel y Valeriano Domínguez Bécquer, influenciados por la tradición de Murillo y sus atmósferas doradas, sobre las que podían destacar las calidades de sus rostros y manos infantiles y su predilección por las actitudes graciosas y fondos naturales.


OBRAS


DOMÍNGUEZ BÉCQUER, VALERIANO

Sevilla, 15-12-1834 – Madrid, 23-9-1870

Hermano del famoso poeta Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), su temprano fallecimiento a los 35 años truncó su prometedora carrera, en las que parecía transitar desde el Romanticismo en el que se formó hacia el realismo plástico.

Dotarlo con una depurada técnica y un gran dominio de los recursos pictóricos, su obra se entremezcla, en cuanto a los presupuestos teóricos a los que obedece, con los originales escritos de su hermano Gustavo.

Nacido en el seno de una dilatada estirpe de pintores costumbristas andaluces entre los que se contaba su padre José y su tío Joaquín Domínguez Bécquer, Valeriano quedó huérfano muy pronto, y comenzó a ganarse la vida en el taller de su familia, pintando con ellos escenas costumbristas.

Tras la separación de su esposa, el artista se trasladó de Sevilla a Madrid junto a su hermano y comenzó a llevar con él una vida de bohemia típicamente romántica, llena de dificultades económicas, pero que le permitió tener cierta independencia artística acorde a sus propias pretensiones plásticas.

En 1864 el ministro de Gobernación, Luis González Bravo (1811-1871), le facilitó una pensión para viajar por las zonas rurales de España para inmortalizar las costumbres que poco a poco estaban desapareciendo, proyecto que continuaría hasta la caída de la monarquía de Isabel II en 1868.

Fue célebre la estancia de los dos hermanos en el Monasterio de Veruela (Zaragoza), en la que Valeriano realizó un buen número de apuntes de las costumbres aragonesas y de algunos otros puntos de Castilla y del País Vasco, a los que se desplazaron desde ese lugar, mientras su hermano aprovechó para componer algunas de sus poesías más famosas.

En el Museo del Prado se conservan “Interior de una casa en Aragón” o “El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria”.

Estas pinturas, con un lenguaje sereno, armónico y clásico, son la esencia de lo popular claramente idealizado y con un lenguaje artístico depurado.

Estas obras, fruto de una primera intención de conservación antropológica, se convertirán en los más importantes cuadros de uno de los géneros clave del Romanticismo español.

Junto a ellas quedan como testimonio de sus viajes por las zonas más rurales de Castilla y Aragón algunos de los dibujos que publicó en la prensa de su tiempo, en cuya ilustración se ocupó profesionalmente.

De Valeriano ha quedado un gran caudal de dibujos, sueltos o en álbumes, sobre todo, apuntes de sus viajes por España.

Es conocido por su producción de escenas pintorescas y costumbristas de las provincias castellanas, aragonesas y vascas.

Especial interés tiene la vertiente satírica y caricaturista que alcanzó uno de sus mejores exponentes en “Los Borbones en Pelota” (Madrid, Biblioteca Nacional), un álbum anti-isabelino firmado con el acróstico S. E. M. que también utilizaron los hermanos Bécquer en otras ocasiones.

Valeriano fue un gran retratista con un lenguaje elegante. El más conocido exponente en el retrato de su propio hermano “Gustavo Adolfo Bécquer” (Sevilla, Museo de Bellas Artes) o en el “Retrato de niña” del Museo del Prado.

Dentro de ese género aparece el retrato de su experiencia costumbrista, creando deliciosas escenas familiares, como el famoso “Interior isabelino” (Museo de Cádiz)

(G. Navarro: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 469).


RETRATO DE NIÑA EN UN PAISAJE. VALERIANO DOMÍNGUEZ BÉCQUER

1852. Óleo sobre lienzo, 112,5 x 77,5 cm. Museo Nacional del Prado

Es un retrato realizado a los 18 años, cuando el pintor se hallaba en pleno proceso formativo en su Sevilla natal bajo la tutela artística de su tío Joaquín.

Joaquín Domínguez Bécquer fue pintor de historia y de cámara de Isabel II y, sin embargo, fue un excelente y renombrado artífice del desarrollo de la pintura costumbrista andaluza, en cuya formación también militó el padre del joven pintor, José Domínguez Bécquer, quien no llegó a ejercer sobre él el natural magisterio paterno por su precoz fallecimiento en 1841.

El estrecho contacto personal y profesional que mantuvo en su vida con su hermano, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, y la azarosa existencia de ambos, llena de desengaños y penurias, unida a sus respectivas y prematuras muertes conforman la estampa de los artistas románticos marcados por el infortunio.

La introspección, plasmada en la mirada fija del modelo en el espectador, es un sugestivo reto de indagación espiritual, como es el caso del emblemático retrato romántico de su hermano Gustavo Adolfo, del museo de Sevilla.

En el retrato muestra un dibujo depurado, destacando en su paleta la intensidad cromática de una indumentaria especialmente descrita que se destaca sobre los fondos claros y diluidos de la naturaleza de un paraje.

Este retrato de niña, de cuerpo entero, aparece con posado estático y sin referencias a los atributos propios de la infancia.

En un paisaje rural aparece esta distinguida niña vestida con un elegante traje de raso verde, adornado de madroños negros, bajo el que asoma una blusa blanca de cuello de ondas bordadas y de amplias mangas rematadas por volantes de encaje que adornan también los pantaloncitos que asoman por debajo de la falda que se sostiene ahuecada con la llamada crinolina, artefacto interior que hizo furor en la moda de los años cincuenta del siglo XIX para marcar el talle y aumentar el volumen de la parte inferior del cuerpo femenino.

En su mano derecha sujeta una pamela de paja adornada con una ancha cinta de raso de color rosáceo, imprescindible en el atuendo de paseo, así como los borceguíes que cubren sus pies.

Como aderezos, una pulsera trenzada en su mano izquierda y aretes que adornan un rostro iluminado con precisión desde la izquierda, destacando su ensortijado cabello sobre el celaje intenso del fondo.

En primer plano, hay una pita reseca que da carácter exótico al retrato, en una soleada tarde estival que rodea una finca de campo, sugerida a través de la arquitectura y el cercado rural del fondo.

Este tipo de encuadre fue un modelo compositivo que se propagó entre los pintores románticos costumbristas nacionales y extranjeros, que identificaron este tipo de vegetación con el ambiente árido y semidesértico de los parajes andaluces, prototipos por su cercanía al mundo oriental, del exotismo de una enaltecida imagen de España.

Los pintores e ilustradores que viajaron por España, utilizaron estas composiciones hasta el último tercio de la centuria, como Ricardo de Madrazo.

(Texto extractado de: Gutiérrez, A., El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2007, p. 122).


Miriñaque o crinolina

La palabra crinolina procede del francés crinoline, la cual a su vez procede del italiano crinolino, de crin y lino.

El miriñaque, también llamado crinolina o armador, fue una forma de falda amplia utilizada por las mujeres a lo largo del siglo XIX que se usaba debajo de la ropa.

El miriñaque era una estructura ligera con aros de metal, que mantenía abiertas las faldas de las damas, sin necesidad de utilizar para ello las múltiples capas de las enaguas que había sido el método utilizado hasta entonces.

Miriñaque o crinolina

El miriñaque fue originalmente una tela rígida de crin y una urdimbre de algodón o de lino que apareció primero alrededor de 1830.

En 1850 la palabra significaba una estructura rígida, en forma de falda con aros de acero diseñada para sostener la falda del vestido femenino

La crinolina se balanceaba hacia los lados con los movimientos de la mujer y la presión sobre una parte de la falda provocaba el movimiento completo.


MADRAZO, FEDERICO, ACADÉMICO DE MÉRITO A LOS 16

Roma, 9.2.1815 – Madrid, 10.6.1894

Hijo del influyente pintor neoclásico José de Madrazo, Federico de Madrazo y Kuntz nació en Roma, donde su padre servía al rey Carlos IV en el exilio.

Fue bautizado en la basílica de San Pedro del Vaticano y apadrinado por el príncipe Federico de Sajonia.

Se trasladó con su familia a Madrid cuando su padre, José de Madrazo, pasó a ser pintor de cámara de Fernando VII, en 1819.

Formado en la Academia de San Fernando, Federico sería nombrado académico de mérito en 1831, a la temprana edad de dieciséis años.

Por entonces dio comienzo su prematura carrera cortesana con una pintura propagandística encargada por la reina María Cristina, de especial interés iconográfico y simbólico, “La enfermedad de Fernando VII” (Madrid, Patrimonio Nacional), que le reportó fama y reconocimiento desde su primera juventud.

Siguiendo los pasos de su padre, en 1833 emprendió un viaje a París, ciudad en la que volvería a instalarse entre 1837 y 1839.

En esos años estuvo en contacto con lngres (1780-1867) y con otros pintores franceses de éxito, a los que pudo acceder a través de su padre.

Participó en los Salons y recibió el encargo de pintar, para la Galerie des Batailles, en el Palacio de Versalles, el cuadro de historia “Godofredo de Boullon proclamado rey de Jerusalén”.

A continuación realizó otras pinturas históricas, entre las que destaca “El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola”.

En estas obras condensa la influencia del academicismo francés con la búsqueda de referentes formales españoles que complacieran el gusto de la sociedad parisina de tiempos del rey Luis Felipe I (1773-1850).

Poco antes de abandonar París había comenzado a trabajar en una de las pinturas de composición capitales de su carrera, “Las Marías en el Sepulcro” (Sevilla, Reales Alcázares).

Con el proyecto de concluir ese cuadro se instaló en Roma, ciudad en la que terminaría de perfeccionarse como artista, incorporando a su estilo algunos elementos del purismo de raíz nazarena que conoció allí directamente y que afectó a su plástica y a su modo de concebir la formación artística de sus futuros alumnos.

En 1842 Madrazo regresó a Madrid, donde pronto consolidó su carrera cortesana como retratista real y, ayudado de nuevo por los contactos de su padre, alcanzó el puesto de pintor de cámara.

En 1844 pintó el gran retrato de “La reina Isabel II” (Madrid, Academia de San Fernando), con el que asentó definitivamente su puesto como retratista oficial de la Corona.

Como retratista de la reina, Federico disfrutó de una gran demanda entre la burguesía y la aristocracia madrileñas.

Creó sus propios modelos retratísticos originales, que tendrían una gran difusión en el mercado artístico de los años centrales del siglo XIX español.

En los retratos se sintió muy libre, como en el de “Segismundo Moret y Quintana” de 1855, o en una de sus pinturas más emblemáticas, “Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches”.

En esos años maduró su estilo, en el que adquirieron un gran peso los retratos españoles del Siglo de Oro, que marcarían el resto de su carrera.

Madrazo fue director del Museo del Prado, sucediendo en el cargo a Juan Antonio de Ribera, rival de su padre.

Asumió la función de jurado en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y llegó a ocupar un escaño como senador del reino, acumulando numerosísimas condecoraciones y reconocimientos internacionales, que son testimonio de la enorme fama que alcanzó en toda Europa.

Federico de Madrazo fue uno de los mejores retratistas del siglo XIX.

Poseía gran capacidad para idealizar a sus modelos, sin apartarse de la realidad y con gran habilidad artística para describir las texturas de la vestimenta y la ambientación de sus retratos.

Madrazo acuñó un lenguaje artístico de enorme difusión.

Influyó en numerosas generaciones de pintores en España, debido a su dilatada labor como docente.

Por la gran calidad de sus retratos fue el pintor más ilustre de su época.

(G. Navarro, C: El siglo XIX en el Prado, Museo del Prado, 2007, p. 477).


FEDERICO FLÓREZ Y MÁRQUEZ POR FEDERICO DE MADRAZO

1842. Óleo sobre lienzo, 178,5 x 110 cm.

FEDERICO FLÓREZ Y MÁRQUEZ POR FEDERICO DE MADRAZO

El joven, de unos diez años, está retratado en pie, de cuerpo entero.

Tiene cabello rubio y ojos claros, piel blanca y rubor en sus mejillas.

Con gallarda actitud militar, luce su vistoso uniforme de gala de escolapio de color azul-negro, perteneciente al Colegio de Alumnos Nobles de Madrid.

Viste casaca con botonadura plateada, cuello y bocamangas ocres y pantalón con galón de plata, apoyando la mano izquierda en un espadín sujeto al cinto mientras sostiene con la otra el bicornio, que apoya en la rodilla.

Tras su figura se despliega un austero paisaje campestre de profunda lejanía, en la que se vislumbra una casa bajo un cielo plomizo, cubierto de nubarrones.

Esta es la efigie infantil más conocida de Federico de Madrazo, ya que se trata de uno de los primeros y más notables retratos pintados por el artista nada más instalarse definitivamente en Madrid tras su estancia de formación en Roma.

Se dedicó por entero al género del retrato, renunciando a sus anhelos juveniles de convertirse en un gran pintor de historia.

El retrato se ambienta en un paisaje de campiña en grandes franjas de color en zigzag, inusual en la obra de Madrazo lo que, junto al protagonismo de los negros del uniforme y la pose del modelo, muestran la evocación que el artista hace del mundo velazqueño recién regresado a España.

Federico utiliza las mismas claves que los retratos de caza de Velázquez.

Federico, en esta etapa de madurez, tiene influencia de la estética inglesa en la elegancia distante de los modelos posando ante paisajes naturales.

El árbol sigue las pautas del paisaje romántico centroeuropeo, que Madrazo había asimilado durante su estancia romana en torno al círculo nazareno.

La iluminación es efectista, con acusados brillos en las manos y adornos metálicos del uniforme, envuelven al joven en una luz distinta del fondo campestre, demostrando el tratamiento independiente con que el artista resuelve figura y paisaje.

El retrato está envuelto en una atmósfera cenicienta, que infunde a la figura un aire melancólico muy sugerente.

(Texto extractado de Díez, J. L., El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 170-172)

El retrato está envuelto en una atmósfera cenicienta, que infunde a la figura un aire melancólico muy sugerente.

(Texto extractado de Díez, J. L., El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 170-172)


LÓPEZ, VICENTE

Valencia, 19.9.1772 – Madrid, 22.7.1850

Se formó en la Academia de San Carlos de Valencia.

Su ascenso profesional fue rápido debido a sus extraordinarias dotes artísticas como dibujante y colorista.

En 1789 obtuvo, en el concurso general anual de la Academia, una pensión que le permitió trasladarse a Madrid por 3 años para continuar sus estudios.

En 1790 recibió el primer premio de la Academia de San Fernando con su pintura Los Reyes Católicos recibiendo una embajada del rey de Fez (Madrid, Academia de San Fernando).

Entró entonces en contacto con los grandes pintores al servicio de la Corona, especialmente con Mariano Salvador Maella (1739-1819), de quien adquirió su concepción de las grandes composiciones decorativas, así como el dibujo, preciso y analítico, como mejor herramienta de trabajo.

Maella le facilitó el acceso a los Reales Sitios, donde estudió con admiración el fastuoso tardobarroco decorativo italiano en la obra de Luca Giordano y de Corrado Giaquinto, que le influirán decisivamente en toda su carrera.

En 1792 regresó a Valencia donde, debido a su prestigio, recibió pronto importantes encargos, decorativos y religiosos, que le consolidaron como el gran pintor valenciano de ese momento.

En 1802 realizó el gran retrato de Carlos IV y su familia, homenajeados por la Universidad de Valencia (Museo del Prado), en el que desplegaría un lenguaje de tradición barroca, por el que el rey le nombró pintor honorario de cámara en diciembre de ese mismo año.

Durante la ocupación francesa, Vicente López, obligado por su posición en Valencia, ejecutó varios retratos para el mariscal Louis Suchet, al mando de las tropas napoleónicas.

Tras el regreso de Fernando VII a España, realizó varias efigies del monarca que le permitieron retomar el contacto con la Corona, entre las que destaca Fernando VII con el hábito de la orden de Carlos III (Valencia, Ayuntamiento).

Fernando VII nombra a Vicente López en 1815 su primer pintor de cámara, en sustitución de Maella, que había ayudado a López en sus años juveniles.

En su dilatada labor cortesana destacan los retratos realizados a las sucesivas esposas de Fernando VII, en especial el de María Cristina de Borbón, reina de España.

Su culminación como retratista es el espectacular Fernando VII con el hábito de la Orden del Toisón de Oro (Roma, Embajada de España ante la Santa Sede).

En 1818 realizó una gran pintura al temple para el techo del salón principal del Casino de la Reina, la Alegoría de la donación del Casino a la reina Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid (Prado), dependiente de los modelos decorativos de Corrado Giaquinto, a quien tanto admiró.

Vicente López se ocupó de importantes encargos decorativos en el Palacio Real, como los frescos Alegoría de la institución de la orden de Carlos III y La potestad soberana en el ejercicio de sus facultades, de clara función simbólica.

Su llegada a Madrid bajo la protección de Fernando VII, determinó su puesto en algunas instituciones directamente vinculadas con la Corona.

En 1814 fue admitido como miembro de mérito en la Real Academia de San Fernando y en 1816 asumió la dirección de la pintura en esa corporación.

Desde 1823 quedó vinculado al Real Museo de Pinturas como director artístico aunque antes había participado en la selección de los fondos de las colecciones reales que debían integrarlo.

Con la llegada al trono de Isabel II fueron los Madrazo los encargados de la imagen de la Corona, desplazando el protagonismo del pintor valenciano.

López supo adaptar su lenguaje academicista a las modas románticas al final de su carrera, especialmente en sus retratos, entre los que destaca el espléndido de María Francisca de la Gándara, condesa viuda de Calderón.

(G. Navarro, C. en: El Siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 475-476).


LUISA DE PRAT Y GANDIOLA, LUEGO MARQUESA DE BARBANÇON

En torno a 1845. Óleo sobre lienzo, 104 x 84 cm.

LUISA DE PRAT Y GANDIOLA, LUEGO MARQUESA DE BARBANÇON

Luisa de Prat y Gandiola (1837-París, 1888) fue hija de Pedro Juan María de Prat y Zea Bermúdez (1806-1868), conde de Pradère y barçon de Rieux, y de Pilar Trinidad Tomasa Gandiola y Cavero.

Contrajo matrimonio con Daniel Carballo y Codegio.

Vestida con un traje de raso azul, bordeado de encajes, está retratada de cuerpo entero, en el rincón de un bosque, sentada sobre el tronco de un árbol.

Con cabellera rubia y larga, mirando al espectador, sobre sus manos cruzadas cae el agua de un arroyuelo que mana por un canalillo, junto a una especie de gruta artificial.

Descalza de un pie, tras ella se ve su sombrero de capota.

Es un retrato excepcional en toda su producción, por la singularidad de su composición y la actitud de la retratada, muy influido por el retrato romántico inglés, al que López intenta aquí imitar.

La niña presenta actitud soñadora en un espacio campestre y bucólico.

Su apariencia es de adulta prematura. Estos recursos López los toma de la retratística inglesa, quizás por propia inspiración de su cliente.

(Texto extractado de Díez, J. L.: Maestros de la pintura valenciana del siglo XIX en el Museo del Prado, Valencia, 1998).


RIBERA, CARLOS LUIS DE

Roma, 1815 – Madrid, 1891

Primogénito del pintor neoclásico Juan Antonio de Ribera (Madrid, 1779- 1860) se formó en Madrid con su padre y en la Academia de San Fernando.

A principios de los años treinta era un asistente habitual al café El Parnasillo, donde entró en contacto con el medio artístico y literario madrileño.

Aquellas relaciones se materializaron en constantes colaboraciones en la revista El Artista fundada, entre otros, por Federico de Madrazo.

En 1836 marchó a París y permaneció allí durante 9 años. Coincidió allí con Madrazo en 1837.

En 1838 decidieron realizar cada uno el retrato del otro para presentarlos a la exposición anual de pintura de la Academia de San Fernando y regalarlos posteriormente a sus respectivos padres.

El retrato de Madrazo realizado por Ribera se conserva en The Hispanic Society (Nueva York).

Ambos visitaron el Salón y el Museo del Louvre y obtuvieron medallas en la Exposición de 1839.

Diez años después volvieron a retratarse para dos xilografías publicadas en el “Semanario Pintoresco Español” dentro del “Álbum biográfico. Museo Universal de retratos” de Ángel Fernández de los Ríos.

Ambos eran hijos de artistas consagrados y mantuvieron una amistad que no estuvo exenta de rivalidades.

Como sus padres, los dos fueron profesores de la Escuela Superior de Pintura de Madrid, que Ribera llegó a dirigir (Exposición Effigies Amicorum, Museo del Prado, 2015).


RETRATO DE NIÑA EN UN PAISAJE

1847. Óleo sobre lienzo, 116 x 95 cm.

RETRATO DE NIÑA EN UN PAISAJE

La protagonista aparece en un paisaje de importancia destacada.

Carlos Luis Ribera es una de las figuras del Romanticismo en España, como atestigua esta obra, de dibujo preciso y brillante cromatismo.


ESQUIVEL Y SUÁREZ DE URBINA, ANTONIO MARÍA

Sevilla, 8.3.1806 – Madrid, 9.4.1857

Recibió su primera formación en la Academia de Bellas Artes de Sevilla junto a Francisco Gutiérrez y su protector, el dorador Francisco de Ojeda.

Interrumpió el estudio de las Bellas Artes en 1823 ante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, y se alistó en las filas liberales para defender Cádiz.

Terminada la contienda, volvió a Sevilla y comenzó a pintar.

Tras alcanzar cierta fama y prestigio en su ciudad, fue pensionado en 1831 por el cónsul y coleccionista Mr. Williams para proseguir su formación en Madrid, donde al año siguiente concursó en la Academia de San Fernando, siendo nombrado entonces académico de mérito.

En contacto con los intelectuales de esos años, participó en la fundación en 1837 del Liceo Artístico y Literario, donde daría clases de Anatomía, asignatura que impartiría más tarde en la Academia de San Fernando.

En 1839 una enfermedad le privó de la vista, recibiendo el apoyo de sus compañeros y amigos, movilizados generosamente a través del Liceo para ayudar al artista. Se celebraron actos y funciones para recaudar fondos que sostuvieran la precaria situación del pintor.

En 1840 recuperó la vista, pintando el monumental lienzo ‘La caída de Luzbel’, regalado como agradecimiento al Liceo Artístico por su ayuda (hoy en el Museo del Prado).

A partir de este momento se le reconoce oficialmente con la placa del Sitio de Cádiz y la Cruz de Comendador de la Orden de Isabel la Católica.

En 1843 es nombrado Pintor de Cámara y en 1847 académico de San Fernando, siendo además miembro fundador de la Sociedad Protectora de Bellas Artes.

En 1848 escribió el Tratado de anatomía pictórica, cuyo manuscrito se guarda en la Biblioteca del Museo del Prado.

Participó en la primera Exposición Nacional celebrada en 1856.

Murió en Madrid el 9 de abril de 1857. (Díez, J. L., Artistas pintados. Retratos de pintores y escultores del siglo XIX en el Museo del Prado, 1997, pág. 82).


RAIMUNDO ROBERTO Y FERNANDO JOSÉ,

HIJOS DE S.A.R. LA INFANTA DÑA. JOSEFA DE BORBÓN

1855. Óleo sobre lienzo, 146 x 104 cm

RAIMUNDO ROBERTO Y FERNANDO JOSÉ

Esta pintura romántica encarna por sí sola los ideales liberales, de raíz rousseauniana, acerca de la educación libre.

La palabra Libre aparece inscrita en el collar del perro, defendida por el padre de los niños retratados, el escritor y periodista cubano José Güell (1818-1884), quien en su libro Lágrimas del corazón dedica a su hijo Raimundo un poema, algunas de cuyas estrofas podrían haber inspirado esta obra.

“No te importe vivir en la pobreza. /Si puedes aspirar al aire puro.

Y ver la luz del sol y la grandeza /De la noche que llena el cielo oscuro

Y no adornes tu frente con laureles. /Ni que la luz del sol nunca te vea,

Ridículo, vestido de oropeles /Ni del poder llevando la librea.”

Los protagonistas aparecen representados como pastores arcádicos, vestidos solo con pieles y convertidos en la proclama del liberalismo por su acción de poner en libertad a unos jilgueros.

Ejecutado con un claro sentido escultórico, propio de los últimos años de la trayectoria de Esquivel, este retrato fue elegido por el artista para tomar parte en 1856 en la primera de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.


ESPALTER Y RULL, JOAQUÍN

Sitges (Barcelona), 30.11.1809 – Madrid, 3.1.1880

Estudió dibujo y pintura en la Escuela de la Lonja de Barcelona. Continuó su formación en Marsella y en París como alumno del barón Gros. Viajó a Roma y se relacionó con alumnos de la Academia, como Milá y Fontanals y Lorenzale.

En 1843 fue nombrado académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1846, Pintor Honorario de Cámara.

En 1847 fundó la revista ‘El Renacimiento’ con Federico de Madrazo y Eugenio Ochoa.

En 1855 participó en la Exposición Universal de París.

Pintor e ilustrador español que cultivó la pintura histórica, religiosa y el retrato.

En 1833 en Roma se relaciona con los pensionados catalanes afines al nazarenismo y en Florencia conoce la obra de los primitivos italianos.

En 1842, de vuelta en España, realiza en Madrid trabajos de decoración. Destacan la ornamentación del techo del Teatro del Príncipe, los techos de la sala, despacho y gabinete reservado del presidente en el Palacio del Congreso, el techo del salón de baile en el Palacio Gaviria y el gran techo del Paraninfo de la Universidad Central, con efigies de hombres ilustres y figuras alegóricas.

Pinta por encargo del rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, dos cuadros de historia, Primera entrevista de Colón con los indios y El suspiro del moro, este último lo presenta a la Exposición Universal de París de 1855.

Colabora ilustrando publicaciones de la época, como El Quijote (1859) e Historia de la Villa y Corte de Madrid de José Amador de los Ríos y Juan de Dios Rada (1860-1864).

Su pintura se caracteriza por la utilización de un dibujo correcto y académico y la preferencia de temas melancólicos dentro del marco del nazarenismo, aunque sus retratos son de carácter más realista.

Su obra emblemática, La era cristiana, realizada en 1871, es un claro ejemplo de la influencia de Johann Friedrich Overbeck.

(Balbás Ibáñez, S. en E. M. N. P., Madrid, 2006, tomo III, p. 1007)


MANUEL Y MATILDE ÁLVAREZ AMORÓS

1853. Óleo sobre lienzo, 159 x 126 cm.

MANUEL Y MATILDE ÁLVAREZ AMORÓS

Este retrato infantil representa a dos hermanos de corta edad, recostados en el banco de un jardín.

Retratada de cuerpo entero, la niña que parece tener unos 7 años, viste sombrero de capota adornado con flores que le enmarcan el rostro y chaquetón de terciopelo granate con borde de armiño.

Coge por el hombro a su hermano pequeño, de unos 4 años, vestido con un curioso traje de raso, que sostiene en sus manos una pelota, viéndose su sombrero en el banco.

El lienzo es del mejor estilo de Espalter y del retrato infantil catalán.

A la realidad y belleza de los niños se pretende unir una pose amable, con un toque anecdótico en la indumentaria o los juguetes, insistiéndose en el especial carácter decorativo de los fondos, ambientados en vistosos jardines.

Su técnica refinada reproduce las calidades de las telas, la minuciosidad casi naif con que están descritos algunos detalles, como la puntilla de los pantaloncitos de los niños y el tratamiento convencional del jardín umbrío, a modo de mero telón de fondo, dentro de un purismo elegante e ingenuo.

(Texto extractado de Díez, J. L. en: Museo del Prado. Últimas adquisiciones 1982 – 1995. Madrid, 1995. p. 104).


FERRANT Y LLAUSÁS, LUIS

Barcelona, 1806 – Madrid, 28.7.1868

Nace en el seno de una familia de fuerte vinculación artística.

Comienza su formación en Madrid, en 1822, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando con Juan Antonio Ribera, quien le permite asistir el primer año como oyente a los estudios de dibujo, yeso, colorido, composición y natural, decantándose por la pintura de composición de temas históricos y mitológicos.

Finaliza su formación en la Escuela Superior el curso de 1830-1831 trasladándose a Roma junto con su hermano Fernando, compartiendo ambos una beca otorgada por el infante don Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza.

En Italia pinta para su protector escenas históricas y sobre todo temas de carácter religioso.

En 1842 es académico en la Academia de Bellas Artes de Nápoles.

En 1848 es pintor de cámara de la reina María Cristina y profesor ayudante de estudios elementales de la Academia de San Fernando hasta 1857, año en que es ascendido a profesor numerario y en 1861 a supernumerario.

Colabora también en 1848, junto con otros pintores, en el proyecto que dirige José de Madrazo desde la dirección del Museo del Prado, de la «Serie cronológica de los reyes de España», con la representación del rey Sancho IV el Bravo.

Cultiva también el género del retrato, pasando por su estudio gran parte de la aristocracia y la burguesía madrileñas.

Se casó con la viuda de su hermano Fernando dando de esta manera continuidad directa a la saga artística de los Ferrant a través del reconocido pintor Alejandro, sobrino e hijastro suyo, y de su propia hija María, casada con el escultor Ricardo Bellver.

También su sobrino nieto, Ángel Ferrant, continuó la estela artística familiar.

(Gutiérrez Márquez, A. en E. M. N. P., Madrid, 2006, tomo III, p. 1064)


ISABEL ARAGÓN

1854. Óleo sobre lienzo, 79,5 x 65,8 cm.

ISABEL ARAGÓN

Es patente la sensibilidad mostrada por Luis Ferrant en este género, en el que, se adaptó a los gustos de la alta burguesía madrileña de mitad del siglo XIX.

La pintura rememora la solidez de la tradición retratística del barroco español, adaptada a los modelos franceses académicos posteriores a Ingres.

La colocación de la figura en el espacio, definido por un fondo neutro oscuro arcilloso, la distribución de la luz a través de un pétreo sombreado remarcado especialmente a lo largo del brazo izquierdo de la joven, e incluso la misma pose de la modelo, evocan la tradición española y los recursos de Zurbarán.

Todo ello resulta excepcionalidad en la producción de Ferrant, como también la potente iluminación que baña la figura, que en el resto de su obra acostumbran a ser mucho más discretas.

Las carnaciones del rostro es el único testimonio sobre la modelo de unos 12 años, pues su mirada directa no corresponde con la psicología de una niña, como sucede igualmente con otros aspectos de la representación.

Durante buena parte del siglo XIX pocos artistas supieron captar a los niños. Fue bastante común que adoptaran poses y ademanes de adultos.

Isabel Aragón posa con un vestido gris azulado y una camisa de blonda con lazos de color rosado, adornos muy de moda en los años en que se fecha el retrato, pero que se aconsejaba emplear por señoritas de mayor edad.

La mano, de dibujo firme, sostiene un pañuelo blanco de seda bordada que destaca la sutileza de la fresca y clara encarnación de la piel de la joven.

Ferrant describe el recargado atuendo de la dama. Plasma sus valiosas joyas, propias de una mujer de más edad y su elaborado peinado, con moños y trenza a modo de diadema adornado con flores naturales, que era característico de una muchacha adolescente, pero sobrecargado para el gusto del momento.

La coquetería femenina estaba muy extendida en la buena sociedad de mediados de siglo y era muy mal visto en las jovencitas de poca edad, como la modelo de este retrato, que anhelaban ser recibidas en sociedad, pero a las que se exigía, por encima de todo, extrema discreción.

Isabel Aragón Rey se casó con Nicolás Escolar y Sáenz-López, reconocido médico madrileño y pariente del político Práxedes Mateo Sagasta y Escolar (1825-1903), que fue varias veces presidente liberal del gobierno de España.

El matrimonio Escolar Aragón tuvo una hija, Rita, que falleció sin descendencia, y un varón, Carlos (1872-1958), ingeniero y presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas entre 1941 y 1942.

Carlos Escolar tampoco tuvo hijos de su matrimonio y en su testamento legó este retrato de su madre siendo una niña al Museo del Prado.

(Texto extractado de G. Navarro, C. en: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 144).


TEGEO, RAFAEL

Caravaca de la Cruz, Murcia, 1798 – Madrid, 1856

Rafael Texedor Díaz, llamado “Tegeo”, fue un artista complejo en el que se refleja con gran nitidez el eclecticismo académico de los pintores de toda una generación, a caballo entre el Neoclasicismo y el Romanticismo.

Su lenguaje posee un dibujo, nítido y rotundo, consiguiendo la delicadeza y sencillez de sus retratos burgueses, en los que alcanzó la madurez de su arte, siempre caracterizado por su exquisita sensibilidad plástica.

Formado en la Academia de San Fernando de Madrid, allí se convirtió en el discípulo más aventajado del pintor alicantino José Aparicio (1773-1838), y en 1824, siguiendo sus indicaciones, marchó a Roma a completar sus estudios.

En Roma realizó numerosas obras religiosas, lo que le confirió un sólido prestigio que, a su vuelta a Madrid, le franqueó el acceso a la Academia, en la que ingresó en 1828 como miembro de mérito.

En la Academia llegó a ejercer el puesto de director honorario a partir de 1842.

A su ingreso realizó una de sus primeras obras influidas por la escultura manierista florentina que había estudiado en su viaje, “Hércules y Anteo” (Madrid, Academia), de la que el Prado guarda un pequeño boceto.

Sus obras mantendrán sus raíces en el clasicismo del Barroco romano, especialmente las pinturas religiosas.

La mayoría de las pinturas con las que se presentó a las exposiciones de la Academia eran obras inspiradas en la Antigüedad clásica, resueltas de acuerdo a los cánones neoclásicos en los que Tegeo se había formado:

 “Antíloco llevando a Aquiles la noticia del cadáver de Patroclo” (colección particular)

 la “Lucha de lapitas contra centauros” (colección particular).

El éxito de Rafael Tegeo vino determinado por su habilidad con el retrato, en el que destacó brillantemente y que le reportó su más sólido y permanente reconocimiento social.

Fue precisamente su protagonismo como retratista en la Corte isabelina lo que le convirtió, a finales de los años cuarenta, en pintor honorario de cámara.

Tras su nuevo cargo retomó su actividad como pintor de composiciones históricas con fines propagandísticos:

 “Ibrahim-el Djerbi o el Moro Santo, cuando en la tienda de la marquesa de Moya intentó asesinar a los Reyes Católicos” (Madrid, Palacio Real), por el que obtuvo un gran éxito en Madrid y en París.

Su sensibilidad artística le llevó a expresarse en el retrato con mayor audacia y libertad, tanto en sus formatos como por la manera íntima y sencilla de captar la personalidad de los modelos.

También destacó como paisajista y en escenas de género y de costumbres, que reflejaban su compromiso con los ideales románticos más modernos.

Acuñó una tipología de retrato burgués en la que ubica a sus modelos ante un fondo paisajístico, como sucede en “Niña sentada en un paisaje”, que le pone en conexión con retratistas andaluces de la generación romántica, como Antonio María Esquivel, pero con un lenguaje plástico diferente.

(G. Navarro, C. en: El siglo XIX en el Prado, Museo del Prado, 2007, p. 488).|


NIÑA SENTADA EN UN PAISAJE

1842. Óleo sobre lienzo, 111 x 81,5 cm.

NIÑA SENTADA EN UN PAISAJE

Tegeo fue pintor de asuntos mitológicos, religiosos y de escenas de historia.

Alcanzó fama entre la alta burguesía del reinado de Isabel II, como paisajista y pintor de retratos, con un dibujo muy depurado.

Cultivó una modalidad retratística poco usual en España, los retratos civiles de burgueses y aristócratas ante paisajes abiertos de tradición inglesa.

La pintura romántica española, focalizada en la escuela andaluza, estaba influida por el gusto de las familias británicas establecidas en esta región.

Este delicioso retrato, obra maestra del artista murciano en su producción madura, en el que asume las pautas del nuevo Romanticismo, sin renunciar a su formación en el academicismo clasicista del primer tercio del siglo.

Representa a una niña de unos nueve años, de rostro fino y tez muy pálida, sobre la que destacan sus intensos y grandes ojos.

Retratada de cuerpo entero, está sentada en un banco al aire libre, ante un muro.

Se peina con una trenza y luce un vistoso traje de raso a rayas adornado con puntillas, viéndose en el suelo a sus pies su sombrero de capota, de terciopelo.

Sobre el regazo envuelve varias rosas en un pañuelo, cogiendo una de ellas en la mano derecha.

Al fondo se pierde en la lejanía un paisaje boscoso atravesado por un río.

La figura melancólica de la niña luce zarcillos de plata y brillantes.

Los brillos tornasolados de los pliegues de su vestido, especialidad del pintor, envuelven a sus personajes de cierta timidez elegante, en la que reside buena parte del encanto de sus retratos.

La ejecución del bosque y las aguas del río, los juegos de luces y sombras de las ramas de la parte superior o las gradaciones del cielo crepuscular permiten percibir las cualidades de Tegeo como especialista en la pintura de países; faceta de la que sin embargo se conocen hoy contados ejemplos.

(Texto extractado de Díez, J. L.: El Siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 130-132).

 

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Hispanic Sociaty, Exposición en el Museo del Prado de Madrid

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

Exposición en el Museo del Prado de Madrid

del 4 de abril al 10 de septiembre de 2017

MARÍA TERESA GARCÍA PARDO, DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE

Benito Perez Galdos de Joaquin Sorolla

El Museo del Prado, con el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA, ofrece la excepcional oportunidad de disfrutar de más de doscientas obras pertenecientes a Hispanic Society, con sede en Nueva York creada para la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América.

La Hispanic Society posee la más importante colección de arte hispano fuera de nuestro país, con más de 18.000 piezas que abarcan del Paleolítico al siglo XX, y una biblioteca extraordinaria con más de 250.000 manuscritos y 35.000 libros raros, entre los que se incluyen 250 incunables, ediciones de libros hechas desde la invención de la imprenta (1455) hasta el año 1500.

Ninguna otra institución en el mundo, incluyendo España, permite por sí sola un recorrido tan completo por nuestra historia, arte y cultura.

Los tesoros del Museo y Biblioteca de la Hispanic Society, ubicada en la parte alta de Manhattan, en Nueva York, abrió sus puertas en 1904 por el empeño personal de Archer Milton Huntington (1870-1955).

Este coleccionista e hispanista americano quiso crear una institución que, a través de una biblioteca y unas colecciones de arte elegidas de manera erudita, fomentaran la apreciación rigurosa de la cultura española y profundizara en el estudio de la literatura y el arte de España, Portugal y América Latina.

“Tesoros de la Hispanic Society of América. Visiones del mundo hispánico” propone, a través de más de doscientas obras que incluyen pinturas, dibujos y esculturas, piezas arqueológicas y de artes decorativas, además de textiles y mobiliario y manuscritos y documentos de su biblioteca, un fascinante recorrido cronológico y temático por lo más representativo de sus grandes colecciones.

Con esta muestra, que ocupa todas las salas de exposiciones temporales de su ampliación, el Museo del Prado, como ya hiciera con “El Hermitage en el Prado” en 2012 brinda el privilegio de disfrutar de un museo dentro de otro.

La reforma de la sede de la Hispanic Society permite traer a España lo mejor de sus extraordinarias colecciones de arte español y arqueología, así como significativas piezas de arte islámico, colonial y del siglo XIX latinoamericano, junto a documentos y libros manuscritos, que ilustran el espíritu de su fundador.

Muchas de las obras que se presentan no se habían hecho públicas hasta ahora o permanecían inéditas, como los relicarios de santa Marta y santa María Magdalena de Juan de Juni, o el grupo de madera policromada, vidrio y metal titulado las Postrimerías del Hombre, atribuido al ecuatoriano Manuel Chili, y otras, se han recuperado recientemente como el extraordinario Mapa de Tequaltiche, que se creía perdido.

Ningún museo fuera de España puede igualar esta colección.

Es el fruto de la pasión de un coleccionista que puso todos sus recursos y conocimientos al servicio de la idea de crear un museo español en América.

La extraordinaria selección de pintura incluye obras maestras como Retrato de una niña, y Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares de Velázquez, La Piedad de El Greco, El hijo pródigo de Murillo o la emblemática Duquesa de Alba de Goya, expresamente restaurada para la ocasión en el Museo del Prado con la colaboración de Fundación Iberdrola España.

A estas obras se unen otras representativas del modernismo y posimpresionismo español de Zuloaga, Sorolla o Santiago Rusiñol.

La selección de esculturas incluye: la Efigie de Mencía Enríquez de Toledo del Taller de Gil de Siloé, la terracota de Luisa Roldán, el Matrimonio místico de Santa Catalina, o San Martín, una talla policromada de mediados del siglo XV.

La exposición muestra también una importante selección de piezas arqueológicas, entre las que destacan joyas celtibéricas, cuencos campaniformes y un broche de cinturón visigodo. Completa el recorrido una significativa selección de artes decorativas, con piezas de orfebrería renacentista y barroca, cerámica de Manises, Talavera y Alcora, o un delicadísimo Píxide de marfil con monturas de plata dorada. Junto a ellas, curiosas piezas textiles como un Fragmento de la túnica del príncipe Felipe de Castilla y una pieza de seda nazarí.

Los imponentes fondos de la Biblioteca de la Hispanic Society se mostrarán mediante un montaje excepcional que permitirá apreciar en todo su esplendor manuscritos tan relevantes como el Privilegio emitido por Alfonso VII rey de Castilla y León, las excepcionales Biblia sacra iuxta versionem vulgate y Biblia hebrea; cartas únicas como las Instrucciones del Emperador Carlos V a su hijo Felipe, la Carta dirigida a Felipe II de Isabel I, reina de Inglaterra o la Carta manuscrita, firmada “Diego de Silva Velázquez” para Damián Gotiens; y destacados ejemplos cartográficos como el Mapamundi portolan, 15 cartas manuscritas iluminadas, de Battista Agnese o el Mapamundi de Juan Vespucci.

OBRAS

Archer Milton Huntington. Fundador de la Hispanic Society of America

ARCHER MILTON HUNTINGTON. JOSÉ MARÍA LÓPEZ MEZQUITA

ÓLEO SOBRE LIENZO, 235 X 107 CM. 1926

Archer Milton Huntington, hijo de una de las mayores fortunas de los Estados Unidos de América, cultivó desde su adolescencia un profundo interés por el mundo hispánico.

La educación recibida y las vivencias adquiridas durante sus numerosos viajes a Europa despertaron su interés por el coleccionismo, siempre encaminado a la creación de un museo.

Huntington formó en 40 años una biblioteca y un museo concebidos para alentar el estudio del arte hispánico a través de colecciones importantes tanto por la cantidad y calidad de las piezas como por el amplio período que abarcan.

Paralelamente, desarrolló una importante labor editorial para poner al alcance de los hispanistas libros raros y manuscritos en ediciones facsímiles.

Huntington decidió comprar obras fuera de España para no privar al país de sus tesoros artísticos. Huntington convirtió la Hispanic Society en la depositaria enciclopédica de la cultura plástica y literaria española.

Huntington hizo progresar el hispanismo en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, con el reconocimiento de renombradas universidades americanas.

Participó también activamente en patronatos de numerosos museos españoles y fue elegido miembro de las principales reales academias españolas.

Esta muestra rendirá tributo a Huntington y a la labor realizada por la Hispanic Society Museo y Biblioteca en la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América.

LA EXPOSICIÓN

La primera parte de la exposición (salas A y B) propone un recorrido cronológico y temático por la producción artística en España y América Latina, con piezas arqueológicas de yacimientos de la península: escultura romana, ejemplos de cerámicas, vidrios, muebles, tejidos, metalistería y joyas islámicas y cristianas medievales así como del Siglo de Oro.

La planta superior (sala C) ofrece una amplia selección de la mejor pintura española del siglo XIX y principios del XX y una excepcional galería de la intelectualidad española de la época, con la que Huntington tuvo relación.

Tras la Primera Guerra Mundial Huntington frenó su búsqueda de adquisiciones para la Hispanic, pero mantuvo vínculos con el arte español a través de varios pintores, principalmente Joaquín Sorolla, a quien encargó la famosa serie de las regiones de España para la Hispanic Society.

En la sala D se proyecta un documental que acompaña a la exposición y que, trasladará al visitante al Nueva York de principios del siglo XX y narrará la historia la Hispanic Society a través de la pasión coleccionista de su fundador, el gran filántropo Archer Milton Huntington.

MUSEO ESPAÑOL

En 1908 el hispanista y coleccionista norteamericano Archer Milton Huntington materializó su sueño largamente anhelado de crear un “Museo Español” con la apertura en Nueva York de la Hispanic Society Museum & Library.

En ella plasmó su amor por España y el castellano, lengua en la que llegó a escribir versos, y lo hizo cuando la imagen de este país pasaba por sus horas más bajas en los Estados Unidos, tras la guerra de 1898.

La Hispanic Society presentaba la idea de aproximarse a la historia de España, lo que explica su naturaleza dual como museo y biblioteca, y su afán por erigirse en un centro en la investigación y difusión de la cultura española.

Ninguna otra institución, en España o fuera de ella, proporciona una visión tan completa del mundo hispánico, ya sea por su ambicioso alcance geográfico, al incluir América, Portugal y Filipinas, como por su dilatada cronología, que abarca desde la Edad del Cobre hasta los inicios del siglo XX.

Huntington trabó amistad con los principales intelectuales españoles de los que reunió sus retratos y para él trabajaron artistas de vanguardia como Zuloaga, y sobre todo Sorolla, a quienes promocionó en los Estados Unidos.

LA ANTIGÜEDAD

TORSO DE DIANA CAZADORA. ROMANO. MÁRMOL, 59,5 X 35 CM

PERIODO ANTONINO, 138-150 D.C.

En su afán por proporcionar en América una visión integral de la historia de España, Huntington concibió un museo con una cronología amplísima, que inicia sus colecciones en el segundo milenio antes de Cristo, con uno de los más completos conjuntos cerámicos de la llamada cultura campaniforme.

Prosigue con ricas piezas de metalistería celtíbera, y concluye su recorrido por la Antigüedad con muchas obras romanas.

Algunas de estas piezas se encontraron en excavaciones patrocinadas por el propio Huntington, como las de la antigua ciudad romana de Itálica, de donde posiblemente proceden el exquisito busto de joven y el torso de Diana cazadora; otras fueron adquiridas en el extranjero, como las halladas en el yacimiento del Acebuchal, cerca de Carmona (Sevilla), entre los siglos XIX-XX.

ESPAÑA MEDIEVAL

SEDA DE LA ALHAMBRA. NAZARÍ 237,5 X 152,3 CM. GRANADA, 1400

Las colecciones de arte medieval de la Hispanic Society abarcan las diferentes culturas que se sucedieron en la Península Ibérica entre los siglos V y XV.

El arte hispanomusulmán fue una de las pasiones de Huntington, quien compaginó el estudio del castellano y el árabe y quien creía que la herencia islámica en España era tan relevante como la cristiana.

Esta sección incluye una selección de obras del siglo XV y principios del XVI. Mención aparte merece el conjunto de aldabas con motivos animales y antropomórficos, excelente ejemplo de la metalistería tardomedieval.

BIBLIOTECA

BIBLIA HEBREA. MANUSCRITO ILUMINADO SOBRE VITELA, 28 X 17,8 CM

ESPAÑA Y PORTUGAL, H. 1450-1496.

La fascinación de Huntington por la lengua y literatura españolas explican su empeño por contar con una excelente biblioteca.

La estrategia que siguió fue adquirir bibliotecas particulares, entre las que destaca la del marqués de Jerez de los Caballeros, entonces la mejor de fondo antiguo español tras la Biblioteca Nacional, pero sin renunciar al mercado especializado (el librero alemán Hiersemann le proporcionó miles de obras singulares con anterioridad a la Primera Guerra Mundial).

El resultado es fabuloso: 300.000 volúmenes y 1.500 publicaciones periódicas, incluyendo unos 150.000 manuscritos y libros raros anteriores a 1701, de los cuales 250 son incunables (impresos antes de 1500).

Algunos conjuntos sobresalen por su riqueza y singularidad, como los 16 privilegios rodados de los siglos XIII al XV, la colección de cartas autógrafas de personajes fundamentales de nuestra historia y cultura o las más de 600 ejecutorias de hidalguía.

Las cartas de hidalguía eran obtenidas casi siempre tras un costoso litigio. Tuvieron una especial importancia, pues al dar fe de la hidalguía del solicitante confirmaban su rango social, dándoles la oportunidad de ser militares y les eximían de ciertos pagos y obligaciones. Se decoraban y pasaban de generación en generación.

El libro de horas es único, se realizaba para una determinada persona de la nobleza. Suele contener textos de rezos, salmos, así como abundantes iluminaciones alusivas a la devoción cristiana.

EL SIGLO DE ORO

RETRATO DE NIÑA. VELÁZQUEZ. 1638-44. POSIBLEMENTE NIETA DE VELÁZQUEZ.

ÓLEO SOBRE LIENZO, 51,5 X 41 CM.

Velázquez figuraba ya en los mejores museos del mundo y a ellos se añadirían pronto Murillo, el Greco y Zurbarán.

La Hispanic Society posee excelentes obras de todos ellos, así como de Luis de Morales, Alonso Cano o Valdés Leal, pero destacan sus 3 lienzos de Velázquez, dos de ellos expresamente restaurados para la ocasión con la colaboración de la Fundación Iberdrola España como protector del Programa de Restauración del Museo del Prado.

El panorama se completa con la presencia de artistas extranjeros fundamentales en el devenir de la pintura española como Antonio Moro o Rubens, ya sea a través de pinturas o de cartas.

Antonio Moro pinta al Duque de Alba, mano derecha de los Austrias. Se le regala su padre por su boda. Fondo neutro que resalta la figura.

El Greco se empieza a valorar a finales del XIX. Se compraba como inversión porque le valoran las vanguardias y se vendía rápidamente.

En esculturas se incluyen el San Acisclo de Pedro de Mena o los Desposorios de santa Catalina de la Roldana, hija de Pedro Roldan, que al ser mujer tiene menos encargos y hace piezas más pequeñas para burgueses.

Cierra la sección el gran lienzo de Sebastián Muñoz con la exposición en 1689 con el cadáver de la reina María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II, único en su género y premonitorio del inminente fin de los Augsburgo en España.

CARTOGRAFÍA

MAPAMUNDI. VESPUCCI, JUAN

TINTA Y COLOR EN CUATRO HOJAS DE PERGAMINO 85 CM X 262 CM. SEVILLA, 1526

Se trata de objetos donde conviven la utilidad y el lujo y que son, a un tiempo, obras de arte y compendios de la sabiduría científica de la época, como los portulanos mediterráneos o el Mapamundi de Giovanni Vespucci.

La mirada europea contrasta con la cosmovisión indígena americana, cuya distinta percepción espacio-temporal ilustra el Mapa de Tequaltiche o el Árbol genealógico de Macuilxochitl.

AMÉRICA

LAS CASTAS: DE MESTIZO E INDIA PRODUCE COYOTE

JUAN RODRÍGUEZ JUÁREZ. MÉXICO. 1716-1720.

ÓLEO SOBRE LIENZO, 104 X 146 CM.

Huntington creía que la historia y la cultura española posterior al siglo XV eran indisociables de América.

Las colecciones de arte americano son muy ambiciosas por cronología, técnicas y medios.

Incluyen pinturas, esculturas y artes decorativas, que supieron adaptar las formas europeas a sus materiales y técnicas tradicionales, al tiempo que asimilaban motivos y materias procedentes de Asia.

El siglo XVIII fue testigo en América del reformismo borbónico y la introducción de ideas e instituciones nacidas de la Ilustración, pero también de la progresiva consolidación entre las élites criollas de un fuerte sentimiento de identidad que culminó, en la siguiente centuria, en los movimientos emancipadores.

Esta sección ilustra algunos hitos de esos fenómenos, como las pinturas de castas, y el orgullo ciudadano de unos criollos que, tras la Independencia, se erigirían en dirigentes de las distintas repúblicas.

EL FIN DEL ANTIGUO RÉGIMEN

LA DUQUESA DE ALBA. GOYA. 1796-1797.

ÓLEO SOBRE LIENZO 210,3 CM X 149,3 CM

La invasión napoleónica, las independencias americanas y la muerte de Fernando VII marcaron un punto de no retorno en la Historia de España.

Con estos acontecimientos se puso fin a un “largo siglo XVIII” que había sido testigo del advenimiento de la dinastía borbónica al trono, del reformismo ilustrado de inspiración europea y de los planes de modernización del país, presentes en las piezas de las reales manufacturas de loza y porcelana de Alcora, de porcelana del Buen Retiro o de vidrio de La Granja, pero también de reacciones castizas como el “majismo”, captado por Goya.

ESPAÑA MODERNA

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. SOROLLA. 1916

ÓLEO SOBRE LIENZO, 110 X 74,9 CM

Eligió obras de artistas destacados ya fallecidos, como Federico de Madrazo o Mariano Fortuny, pero las más numerosas fueron las que adquirió a artistas vivos, como Joaquín Sorolla.

Le interesó la aproximación por parte de los pintores a los paisajes y tipos españoles, en unos años de transformación profunda del país, aquel empeño revelaba una búsqueda de lo que se consideraba más auténtico de España.

Era muy importante para el coleccionista que el conjunto diera cuenta de la diversidad entre las diferentes regiones, pensamiento que guió el encargo a Joaquín Sorolla de la Visión de España. Constituyó así un amplio conjunto, profundamente singular, con una significación precisa: la de una colección formada en Nueva York a través de una nueva mirada, llena de admiración hacia una nación de rico pasado histórico y cultural.

Documental. Sala D

La exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico” se complementa con la proyección de un documental en la Sala D, producido por el Museo del Prado y patrocinado por la Fundación BBVA.

La cinta traslada al visitante al Nueva York de principios de siglo, momento y lugar claves para la historia de la Hispanic Society.

Este documental contextualiza el origen de la temprana vocación coleccionista de Archer Milton Huntington y la construcción e inauguración de la sede de la Hispanic Society.

Su colección y el fantástico fondo de su biblioteca; sus relaciones con España a través de Alfonso XII y los grandes intelectuales españoles de la época; su amistad con Sorolla en Nueva York; y la filantropía de este gran mecenas que quiso mantener el anonimato durante toda su vida. Todo ello relatado por su director actual, Mitchel Codding, el presidente del patronato Philippe de Montebello y los conservadores.

El documental de 20 minutos aproximados de duración ha sido rodado entre Nueva York y el Museo del Prado, en inglés con subtítulos en español.

Todas las obras descritas en este documento son fondo de New York, Hispanic Society of America

Información basada en: www.museodelprado.es y diversas visitas a la exposición.

Documentación gráfica basada en las obras de la exposición y localizadas en la red.


El Retrato en las Colecciones Reales

“El Retrato en las Colecciones Reales.

De Juan de Flandes a Antonio López”

En esta entrada escribo sobre la exposición que se celebra en el Palacio Real del 4 diciembre 2014 – 19 abril 2015 con el título: “El Retrato en las Colecciones Reales. De Juan de Flandes a Antonio López”.  Es una descripción de las obras más importantes basada en la información de la web de Patrimonio Nacional y en el trabajo de campo realizado en varias visitas a la citada exposición.

Está relacionada con la entrada de Reyes de España donde he realizado un resumen genealógico de las casas de Austria y Borbón.

 

La exposición que ofrece el Palacio Real de Madrid: “El Retrato en las Colecciones Reales. Desde Juan de Flandes a Antonio López” entre diciembre de 2014 y abril de 2015, ofrece una visión general del retrato de corte en España, tanto en tiempos de la Casa de Austria como de la Casa de Borbón, desde el siglo XV al XXI, trazando un recorrido por la evolución de la imagen de los monarcas en estos 500 años.

Son obras maestras de la pintura y del género del retrato, con los mejores ejemplos conservados en las colecciones de Patrimonio Nacional, que se exponen en doce salas de la planta baja del Palacio Real de Madrid, con el acompañamiento de algunas esculturas, pequeños bronces, varios dibujos y grabados, y un par de tapices-retrato.

La exposición se estructura en dos grandes secciones, Casa de Austria y Casa de Borbón, con diferentes apartados que siguen un orden cronológico por reinados.

La primera sección abre con los inicios de la dinastía de los Habsburgo en España, mostrando como antecedentes retratos fundamentales de sus antepasados, el Retrato del duque de Felipe el Bueno del taller de Roger Van der Weyden (de la Casa de Borgoña) y la imagen más fidedigna de la reina Isabel la Católica de Juan de Flandes (de la Casa de los Trastámara)

A los grandes retratos oficiales de Carlos V de Jakob Seisenegger y de Felipe II en versión pictórica de Antonio Moro y escultórica de Pompeo Leoni, se une una importantísima muestra de retratos familiares por los pintores más famosos de la corte española de los siglos XVI y principios del siglo XVII.

Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Bartolomé González o Rodrigo de Villandrando, así como de otras cortes europeas, como Frans Pourbus el Joven o Marcin Kover.

Ya en pleno siglo XVII, la magnífica miniatura del conde-duque de Olivares de Diego Velázquez, o el grandioso retrato ecuestre de Juan José de Ribera, sin olvidar a los dos grandes retratistas del reinado de Carlos II, con varios ejemplares de Juan Carreño de Miranda y Claudio Coello.

En la segunda sección dedicada a la Casa de Borbón desde el siglo XVIII hasta el presente, se exponen los mejores ejemplos del retrato borbónico en Patrimonio Nacional.

El monumental retrato ecuestre de Felipe V, por Louis-Michel van Loo; el de Carlos III con el hábito de su Orden, por Mariano Salvador Maella, también retratos de Giuseppe Bonito y Anton Raphael Mengs.

La pareja de Carlos IV y María Luisa de Parma, por Francisco de Goya, la espléndida del rey de cazador y la reina con mantilla.

El retrato decimonónico está representado con obras de Vicente López, Federico de Madrazo y, finalmente, retratos de Alfonso XIII por Ramón Casas y Joaquín Sorolla.

D. Carlos I, como El Príncipe de ensueño de Salvador Dalí y el retrato de La familia de Juan Carlos I pintado por Antonio López, que se presenta por primera vez al público con motivo de esta exposición.

Junto a esas obras maestras de la pintura se exhiben, como complemento, algunos pequeños bronces, un par de tapices-retrato y destacadas esculturas, desde un Felipe II por Pompeo Leoni hasta el retrato doble de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, por Mariano Benlliure. Esas piezas entran así en relación con la pretensión de tridimensionalidad de la pintura.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Página web de Patrimonio Nacional

–>>Documento completo en el siguiente pdf:

–>>Entrada relacionada:

Reyes de España